Junts dice no a los decretos y deja a Sánchez contra las cuerdas
El rechazo de Junts a los decretos del Gobierno deja al Ejecutivo sin margen para legislar y coloca el adelanto electoral como la salida más probable. Nada garantiza que la votación esté cerrada, y ahí está la primera grieta de todo el relato. Pero la aritmética no engaña: un decreto que no se convalida es un decreto muerto, y
un Gobierno que no legisla tampoco aprueba Presupuestos.
Sin Presupuestos no hay calendario propio, ni marco de ingresos y gastos, ni margen para sostener el relato de estabilidad. La pregunta ya no es si el Ejecutivo aguanta el tirón, sino cuánto tarda en convertir el bloqueo en convocatoria.
¿Por qué Junts ha dicho no a los decretos del Gobierno?
La lectura dominante es que la formación independentista catalana
no ha cedido sus principios. Se esperaba que acabara actuando como el PNV en la moción de censura contra Rajoy —dar el brazo a torcer a cambio de contrapartidas— y no lo ha hecho. Hay quien lo califica directamente de lección de coherencia frente a quienes sí han pactado, incluida Coalición Canaria.
Enfrente está la tesis contraria: que los decretos
no existían hace diez días y no existen ahora, que nada sustancial ha cambiado y que su único destino era alimentar el escaparate. Desde esa óptica, el rechazo no descompone nada porque nunca hubo nada que descomponer. Dos relatos, un mismo resultado: la iniciativa legislativa se ha ido al suelo.
La crisis de la vivienda y los siete votos que sostienen al Gobierno
El otro flanco es la vivienda. El reproche más repetido sostiene que el Ejecutivo llegó a La Moncloa con
siete votos y que arrastra desde entonces una deuda política con quien se los dio. El diagnóstico que circula es que Sánchez está
entre la espada y la vivienda: o hay respuesta, o el desgaste se convierte en el icono de una generación que dejó de esperar.
A eso se suma el balance de gestión que se le achaca: gobernar sin Presupuestos, sin control efectivo en Ceuta y sin una respuesta inmediata al problema de la vivienda. Sobre los desahucios, la acusación que se repite apunta a ocho años de inacción, con una etapa municipal anterior señalada por haberlos permitido. La cifra del descontento es simple: vivienda, vivienda, vivienda.
¿Qué pasa si los decretos vuelven a publicarse?
Existe un escenario casi burocrático que nadie descarta: volver a publicar los mismos textos. Se publican un sábado, se votan el martes, se rechazan, se publican otra vez y vuelta a empezar.
Legislar en bucle, sin Presupuestos y sin mayoría, con el gasto corriendo igual.
Ese bucle no es solo un problema de imagen. Deja al Gobierno dependiendo de la publicación para ejecutar lo que el Congreso le niega, y convierte cada votación en una cuestión de confianza encubierta. Si un socio se descuelga, la caída del texto equivale a la caída del cartel de la estabilidad.
La apuesta más razonable, a estas alturas, es que el adelanto acabe llegando antes de lo que dice el calendario oficial. Pero con reservas: nadie ha cerrado la votación del todo, los decretos pueden volver a la imprenta y un acuerdo de última hora sigue siendo técnicamente posible.
La política española casi nunca termina donde parece.