Dopazo: el genoma español no distingue vascos de andaluces
¿Existe un genoma vasco? ¿Y uno andaluz? La respuesta corta es no. El director de la Plataforma de Medicina Computacional de la Fundación Progreso y Salud, Joaquín Dopazo, sostiene que no hay nada, a nivel físico, que diferencie a los españoles de otros europeos, y que las diferencias internas entre regiones son mínimas. La afirmación choca de frente con el relato identitario que lleva décadas vendiendo particularismos genéticos por comunidades. Dopazo tiene 300 artículos científicos y un Premio Nacional de Informática y Salud en 2022. No es un tertuliano.
En 2015 puso en marcha un proyecto para secuenciar los genomas de
267 individuos sanos y dibujar el mapa del ADN español. El resultado: unos
12.000 polimorfismos, variaciones que nos caracterizan frente a individuos de otras latitudes, pero ninguna frontera genética interna. «Si somos más morenos es porque nos da más el sol», explicó en una entrevista. La frase, que suena a boutade, es la que más ha calentado el ambiente.
Qué dice realmente el genoma español
El trabajo de Dopazo va en una dirección incómoda para el folclore:
españoles, portugueses e italianos comparten un fondo genético muy parecido. Europa, dice, es «muy aburrida genéticamente». Y el rastro de la dominación musulmana en nuestro ADN es, textualmente, «muy poco». Es decir, ni el 711 ni la Reconquista dejaron la huella que algunos imaginan.
Donde sí aparecen diferencias es en patologías infrecuentes. En distrofias de la retina, por ejemplo, la causa genética de un español no es la misma que la de un alemán. Eso importa para el diagnóstico, no para el carné de identidad.
El último proyecto de Dopazo analizó datos de
3.006 españoles y concluyó que prácticamente todos portamos algún alelo asociado a un efecto terapéutico distinto en un fármaco concreto. Medicina personalizada, no patriotería.
El pangenoma y por qué importaba la referencia única
Durante dos décadas, el genoma de referencia fue el de una sola persona. Dopazo lo ilustra con una imagen que se usa en clase: es como si un extraterrestre aterriza en España de noche, se topa con un señor bajito, con bigote y mal genio, y vuelve a su planeta convencido de que en la Tierra todos son así. El nuevo pangenoma recoge
47 etnias y para el año siguiente se esperaba una versión con hasta
350.
El problema de la referencia única no era menor: si secuenciabas a alguien alejado de ese patrón europeo, había regiones que no sabías interpretar. «Básicamente, estamos dando un diagnóstico peor a cualquiera que no sea un europeo», admite. Con el pangenoma se puede mapear el genoma correspondiente a cada etnia y hacer un diagnóstico razonable.
¿Pueden las aseguradoras mirar tu ADN?
Sí, técnicamente ya es posible. Dopazo no lo niega: las aseguradoras ya piden análisis para elaborar pólizas. Ahora bien, matiza que el miedo a ese escenario viene importado de un sistema sanitario que no es el español. «Si eres fumador y tienes cáncer de pulmón, nadie va a dejar de tratarte por eso», recuerda. El problema es del modelo estadounidense, donde no hay sanidad pública.
La conversación derivó rápido hacia el terreno identitario. Hay quien sostiene que el dato desmonta el relato de pureza genética que se vende desde ciertos nacionalismos periféricos. Otros replican que la genética no es ideología y que mezclar ambas cosas es hacer política con el ADN. Y una tercera corriente, más técnica, apunta a que las herramientas comerciales de análisis genético —tipo MyHeritage— interpretan mal los marcadores: confunden genes centroeuropeos con ashkenazíes y genes españoles con sefardíes, y atribuyen a Italia porcentajes que en realidad son ibéricos.
El detalle que descoloca: los resultados comerciales
Un caso llamativo que circuló: un análisis arrojaba un
33% de italiano del sur en un español, algo que, según los más críticos, no refleja la realidad de ningún peninsular moderno. Otro usuario mostraba un desglose con
57,2% ibérico,
16,6% sardo,
15,9% irlandés-escocés-galés y
9% judío ashkenazí. El propio sector que maneja estas herramientas admite que los porcentajes por debajo del 5% hay que cogerlos con pinzas.
La ironía final la puso el propio Dopazo sin querer: si el ADN no distingue vascos de andaluces, pero el sol sí, quizá el debate identitario tenga menos de genética y más de bronceado.