Bezos, el divorcio más caro: 38.000 millones por 25 años
Un texto atribuido a Jeff Bezos resume su divorcio con una cifra redonda: «Perdí más de 38 mil millones de dólares en efectivo y el 35% de Amazon a manos de mi ex esposa». La cita circula sin fuente verificable, y esa es la primera advertencia que conviene hacer. Lo documentado es el esqueleto:
más de 25 años de matrimonio, una fortuna valorada entonces en unos
76.000 millones de dólares y un reparto clasificado como el segundo divorcio más caro de la historia.
A partir de ahí el caso se llena de capas —el régimen económico, las infidelidades, un hackeo, una novia nueva— y de una pregunta incómoda. ¿Puede uno de los hombres más ricos del planeta firmar el peor contrato de su vida sin leer la letra pequeña?
¿Por qué el divorcio de Bezos es el segundo más caro de la historia?
Porque se casó sin red. En un país donde es posible firmar un contrato prematrimonial o acogerse a la separación de bienes, el fundador de Amazon lo hizo bajo un régimen equivalente a los gananciales españoles. El acuerdo le costó
38.000 millones en efectivo y el 35% de Amazon.
Hay quien sostiene que ahí está el fallo: no en divorciarse, sino en no haber blindado el patrimonio antes. Un hombre con asesores fiscales de primer nivel no podía no saber a qué se exponía. En contra pesa un detalle que se olvida con facilidad. MacKenzie trabajó en Amazon
entre 1994 y 1996, participó de lleno en la fundación de la empresa y era secretaria en el fondo de inversión donde trabajaba Bezos cuando se conocieron. Con ese historial, discutir qué era «suyo» y qué era «de los dos» deja de ser un tecnicismo.
El cálculo que traduce el divorcio a dinero por encuentro
La aritmética que circula es tan simple como demoledora. Un cálculo que se ha repetido hasta el cansancio parte de dos encuentros íntimos a la semana durante 25 años: 1.300 semanas, 2.600 encuentros. Divide los 35.000 millones entre esa cifra y sale a
13,46 millones de dólares por encuentro. La cuenta no la ha auditado nadie, pero explica por qué el caso funciona a la vez como chiste y como advertencia.
Hay otra lectura menos romántica y más contable. El dinero no se reparte por lo que pasó en la intimidad, sino por lo que se firmó al principio. Y lo que se firmó al principio, en este caso, permitía el reparto. Es la diferencia entre una
moralidad y un régimen económico, y casi todo el mundo confunde las dos.
Infidelidad, fotos y un hackeo: lo que no llegó a probarse
Sobre la ruptura hay varias versiones y ninguna sentencia. Según una de ellas, el matrimonio se rompió por las infidelidades de Bezos y por la publicación de conversaciones privadas. Según otra, el detonante fue la negativa a ceder a lo que se describe como un chantaje. Se ha llegado a señalar a medios afines a Trump como origen de las filtraciones y a intereses vinculados al Gobierno saudí, en represalia por los reportajes del
Washington Post sobre Arabia Saudí.
Conviene ser tajante: los rumores y los cotilleos no demuestran nada. El divorcio estadounidense no es culposo y no existe una indemnización por engañar a la pareja. Por alto que suene el relato, el reparto se decide por el régimen patrimonial, no por quién hizo qué.
¿Se puede blindar el patrimonio antes de casarse?
Sí, y depende de dónde. Como apunta un forero, en Cataluña el régimen de separación de bienes está establecido por defecto y es el que elige la práctica totalidad de las parejas, sin que eso implique un concepto distinto de la familia. La separación protege además frente a acreedores: si uno tiene un accidente con responsabilidad civil y el seguro se inhibe, el patrimonio del cónyuge no responde.
Lo que no se puede es cerrar los ojos. Toda la discusión sobre este caso —y su moraleja de barra de bar— cabe en la diferencia entre elegir el régimen y dejar que lo elija el silencio.
El consejo final: no volver a casarse
El texto atribuido a Bezos cierra con un juramento: nunca volverá a casarse. La ironía es que, según lo que se comenta, ya lo ha hecho, con despedida de soltero incluida en Madrid, y que su caso no es único. Se citan los divorcios de Tom Brady o Michael Douglas, y las precauciones de quien, como DiCaprio, directamente no pasa por el altar.
Ninguna de esas historias se resuelve con una regla general. Están los que sostienen que el matrimonio es un mal negocio jurídico para quien tiene algo que perder, y están los que responden que con la cuenta corriente a cero tampoco te salvas. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, que es justo lo que nadie quiere admitir.
El relato más difundido sobre este divorcio es, a día de hoy, el menos verificado de todos. ¿Cuánto le queda por contar a una historia que todo el mundo cree conocer?