Peinado no ordenó detener a Begoña: era un apercibimiento legal
La frase que se atribuyó al juez —una advertencia de que ordenaría la detención de Begoña Gómez si no acudía a declarar— no salió de su boca ni de un auto. Es el apercibimiento impreso que figura en la cédula de citación firmada por la letrada de la Administración de Justicia del
Juzgado de Instrucción Número 41 de Madrid el 17 de junio. El texto avisa de que, «de no hacerlo ni alegar causa justa que se lo impida, podrá convertirse esta citación en orden de detención». Esa fórmula, literal, es la misma que recibe cualquier ciudadano citado. Durante unas horas, sin embargo, circuló como si fuera una amenaza personal del juez Peinado.
Qué dice exactamente la cédula que se difundió como amenaza
No es un auto ni una resolución motivada. Es una
cédula de citación, el papel con el que un juzgado comunica a alguien cuándo y dónde debe presentarse y qué ocurre si no lo hace. Contiene el párrafo de siempre: obligación de comparecer y aviso de que la incomparecencia sin causa justa puede transformar la cita en orden de detención.
Ese apercibimiento es estándar. Lo recibe el testigo, el investigado y quien acude a un juicio de faltas. De ahí que la primera reacción sensata fuera la duda: si el instructor no había dictado nada nuevo, ¿de dónde salía el titular? La respuesta estaba en el propio documento, que se conoció completo después de que la versión inicial corriera más rápido que la letra pequeña.
¿Puede un juez ordenar la detención de Begoña Gómez?
Puede, con matices. La conversión de una citación en orden de detención es una decisión que adopta el instructor mediante resolución y que después ejecuta la policía judicial, no él en persona. Firmar el papel es sencillo; el operativo lo hace otro.
Antes de llegar ahí hay escalones intermedios: prohibición de salida del territorio, retirada del pasaporte, comunicación a fronteras y a las Fuerzas de Seguridad. Son medidas cautelares que el juzgado valora según el riesgo de fuga y que, con lo difundido hasta ahora, no consta que se hayan adoptado.
El viaje al G20 y la causa justificada que alega la defensa
La defensa de Begoña Gómez comunicó al juzgado que le resultaba
imposible atender la citación y que se daba por informada de la nueva querella. El argumento: el desplazamiento al G20 con el presidente del Gobierno.
En su respuesta, el juez recuerda que la jurisprudencia del Constitucional es proclive a aceptar explicaciones de ese tipo para cambiar fechas sin una justificación exhaustiva, aunque señala la escasa justificación formal u oficial de las comunicaciones e invitaciones presentadas. Traducido: la excusa probablemente valdrá, pero el papel estaba mal puesto.
Citada para comunicarle una querella, no para declarar
Aquí estaba la pista que desmontaba el relato. La comparecencia no era para declarar: era para darle traslado de una nueva querella. Mezclar ambas cosas permitió construir la frase redonda del «si no acude a declarar», que suena a fuga y no a trámite.
El desenlace más probable, apuntaba el análisis más prudente, es una diligencia de ordenación: el juzgado acepta o rechaza la excusa y fija nueva fecha. Sin drama, sin esposas y sin titular.
El mensaje retirado y quienes dudaron desde el principio
La supuesta declaración se atribuyó inicialmente a un mensaje difundido por Vito Quiles, que después desapareció de la red. No hay constancia de que el instructor hiciera tal afirmación: lo que hay es un párrafo de plantilla leído fuera de contexto.
Hubo quien desconfió desde el primer minuto, por el emisor y por el formato. Un juez no comunica sus decisiones por redes sociales ni por micrófono, sino por resoluciones. Y un apercibimiento legal no es una amenaza: es el aviso impreso en la cédula de citación.
Las dos lecturas del mismo papel
Para una parte, el episodio confirma que la esposa del presidente se comporta como si la ley no fuera con ella: no se presenta, avisa de que se va de viaje y espera que la fecha se adapte a su agenda. El apercibimiento sería la constatación de que nadie está por encima del juzgado.
Para otra, todo esto es ruido: un procedimiento que se alarga, filtraciones interesadas y una instrucción convertida en espectáculo. La comparación con el juez Marino Barbero, al que según este relato se le reventó desde terminales mediáticas hace más de tres décadas, aparece en cuanto se rasca un poco.
El apercibimiento que se atribuyó al juez Peinado como amenaza es el mismo texto que figura en las cédulas de citación. La diferencia no está en la ley, está en quién la recibe. Y un detalle que apunta un participante del hilo: el instructor tiene 70 años y su condición de emérito se extiende hasta los 72, de modo que la instrucción puede estirarse más de lo que muchos desearían. El lunes, mientras tanto, sigue siendo lunes.