Corrupción: J. M. de Prada: El doctor Sánchez ama a Begoñísima

J. M. de Prada: El doctor Sánchez ama a Begoñísima
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El artículo de Juan Manuel de Prada defiende que el «te quiero» de Pedro Sánchez a Begoña Gómez en un mitin no es un gesto espontáneo, sino una técnica para movilizar a los votantes por la vía emocional y blindarse frente a la crítica. La tesis de fondo: la democracia ha pasado de ser un parlamento de la razón a un teatrillo de emociones baratas.

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El artículo de Juan Manuel de Prada defiende que el «te quiero» de Pedro Sánchez a Begoña Gómez en un mitin no es un gesto espontáneo, sino una técnica para movilizar a los votantes por la vía emocional y blindarse frente a la crítica. La tesis de fondo: la democracia ha pasado de ser un parlamento de la razón a un teatrillo de emociones baratas.

El punto de partida es un gesto concreto: Pedro Sánchez declara públicamente su amor a Begoña Gómez durante un mitin, y la militancia corea el «te quiero». Para Juan Manuel de Prada, eso no es anecdótico. Es la prueba de que las democracias contemporáneas se han convertido en un barrizal emotivista donde el voto se produce tras una llorera y no tras un juicio deliberativo.

Del parlamento de la razón al teatrillo de las emociones

La democracia se concibió, en teoría, como un espacio donde las decisiones se tomaban después de deliberar. La filosofía clásica lo resumía en una sentencia: nada es querido si no es previamente conocido por la razón. El voto era el final de un proceso intelectual. Prada sostiene que ese modelo ha saltado por los aires. Ahora las masas reaccionan por impulsos sentimentales y gregarios, y votan tras un impacto emocional.

El demagogo ya no necesita sofismas taimados para embaucar. Le basta con tocar la fibra sensible con cualquier ñoñería burda. La exposición victimista de los afectos, las heridas personales y los entresijos de la intimidad sustituyen al discurso racional. Y cuanto más teatralizada sea esa exhibición, más «auténtica» le parecerá a un electorado que se guía por la conmoción anímica.

El «te quiero» como línea divisoria moral

El artículo va más allá del gesto y describe su función. El «te quiero» coreado por los seguidores traza una línea divisoria moral: nosotros, los que amamos y resistimos, frente a ellos, los que odian y destruyen. La oposición queda colocada, sin necesidad de argumentos, en el lado del odio. Prada lo relaciona con la «investidura afectiva» que teorizó Ernesto Laclau: el amor exhibido como catalizador de los antagonismos sociales.

Quien domina la puesta en escena de la emoción domina el relato. Y de paso su figura queda blindada frente a cualquier escrutinio racional. El amor a la pareja se convierte así en escudo político y en herramienta de movilización.

Las referencias históricas del artículo

Prada busca precedentes en la historia de los cultos emocionales. Menciona a las bacantes de Eleusis, a los devotos de Mitra y a los alumbrados de Llerena, un movimiento místico del siglo XVI en la localidad extremeña. En todos los casos, la ceremonia orgiástica de la irracionalidad sustituye al juicio. La comparación sirve para subrayar que el fenómeno no es nuevo, aunque ahora se produzca dentro de las instituciones democráticas.

El texto no aporta cifras de encuestas ni datos electorales. Su fuerza está en la descripción del mecanismo: la emoción como atajo que hace innecesario el argumento. Es una tesis opinable, y conviene leerla como tal, no como un hecho demostrado.

Datos clave
  • El artículo de Juan Manuel de Prada se centra en el «te quiero» de Pedro Sánchez a Begoña Gómez coreado en un mitin.
  • Prada sostiene que la democracia ha pasado de parlamento de la razón a teatrillo de emociones baratas.
  • Cita la «investidura afectiva» del teórico Ernesto Laclau como marco del gesto.
  • Menciona a las bacantes de Eleusis, los devotos de Mitra y los alumbrados de Llerena como precedentes de culto emocional.
  • El texto es una columna de opinión y no aporta datos electorales ni encuestas.
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El «te quiero» coreado por los asistentes al mitin adscritos a su espacio político traza una línea divisoria sarracena frente a la oposición: nosotros, los que amamos, frente a ellos, los que odian​


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Juan Manuel de Prada
18/10/2026



La declaración pública de amor del doctor Sánchez a Begoñísima durante un mitin y el efecto euforizante que ha tenido entre los asistentes adscritos a su espacio ideológico vuelve a probarnos que las democracias contemporáneas se han convertido en un terreno emotivista, sólo apto para un debate superficial. Como las bacantes de Eleusis, como los devotos de Mitra, como los alumbrados de Llerena, los asistentes han hecho de su culto democrático una ceremonia de la irracionalidad y el emotivismo; y el demagogo, a falta de ideas persuasivas, ya no tendrá que recurrir a sofismas taimados para embaucar a sus seguidores, sino que le bastará con sugestionarlos y tocarles la «fibra sensible» con cualquier ñoñería burda.

La democracia, que se concibió idealmente como un parlamento de la razón, se ha convertido a la postre en un teatrillo de las emociones más baratas. Naturalmente, detrás de esta metamorfosis se esconde una subversión antropológica: las potencias sensitivas han dejado de estar gobernadas por las potencias intelectivas; y soltando cualquier discurso bañado en almíbar, el demagogo puede excitar las pasiones sensibles del público (lo que ahora llaman «empatía») y, a la vez, activar sus apetitos irascibles hacia el enemigo exterior (la ultraderecha, los jueces franquistas, la fachosfera, etcétera). Los asistentes reaccionan por impulsos sentimentales y gregarios, negando aquella sentencia de la filosofía clásica (nihil volitum nisi praecognitum: nada es querido si no es previamente conocido por la razón) que supuestamente regía el funcionamiento de la democracia, donde el voto se producía tras el juicio deliberativo. Ahora los asistentes votan tras una llorera, tras un impacto emocional, tras una conmoción en su estado anímico.

Conocedor de esta mutación antropológica, el doctor Sánchez sabe que la exposición victimista de los afectos (que pueden ser afectos fingidos), las heridas personales y, en general, los entresijos de la intimidad (o sea, lo que un hombre cabal jamás exhibe) sustituye y hace innecesario el discurso racional; y que esa exhibición sonará más conmovedora y «auténtica» a los asistentes cuanto más teatralizada se sirva. El doctor Sánchez sabe que quien domina la puesta en escena de la emoción domina el «relato»; y que de este modo su figura queda blindada ante sus seguidores frente a cualquier escrutinio racional.

El doctor Sánchez, que conoce mejor que nadie el terreno emotivista en que chapotea la democracia, ha buscado con su discurso esa «investidura afectiva» a la que se refiere Laclau, usando paradójicamente el amor que tributa a Begoñísima como catalizador de los antagonismos sociales. El «te quiero» coreado por los asistentes adscritos a su espacio político traza una línea divisoria sarracena frente a la oposición: nosotros, los que amamos y resistimos, frente a ellos, los que odian y destruyen.
 
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La captura de la página, please, así me la pongo en el estado de wassap
 
El amor todo lo puede.

Solo faltaba Chimo bayo interpretando el canon de pachebel en un dúo de cuerda con la Chiqui
 
Teniendo en cuenta que Begoña va a ser juzgada por trafico de influencias, con esa demostracion de amor le puede salir el tiro por la culata.
 

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