El 'Xiphis' que nadie identifica: un mosaico de Pompeya y sus bestias del Nilo
El Museo Arqueológico Nacional de Nápoles alberga un fresco grecorromano conocido como 'Pigmeos en el Nilo', donde una de las criaturas representadas lleva el nombre de 'Xiphis'. La escena muestra a un grupo de pigmeos africanos cazando un hipopótamo y un cocodrilo, pero una bestia de forma extraña —marcada en rojo en algunas reproducciones— ha desatado un intenso debate: ¿qué demonios era el Xiphis?
La hipótesis más extendida sostiene que se trata de un hipopótamo mal interpretado por el artista. El animal aparece con un cuerpo voluminoso, cabeza grande y una especie de rabo que algunos señalan como inequívoco de hipopótamo. Sin embargo, en la misma obra se distingue un hipopótamo perfectamente reconocible en otra esquina, lo que invalida la teoría del simple 'dibujo chapucero'. El contraste entre ambas representaciones sugiere que el artista tenía referencias distintas, quizás orales y de segunda mano.
Un elefante sin trompa o un animal extinto
Otra corriente apunta a que el Xiphis es un elefante africano mal dibujado, pues la trompa habría sido difícil de concebir para quien nunca vio uno. La presencia de elefantes en el norte de África (como los de Aníbal) era conocida, pero su representación artística podía distorsionarse. No obstante, carece de los colmillos característicos y su morfología no encaja del todo.
También se ha especulado con que se trate de una especie prehistórica, como un entelodonte o un astrapoterio —un paquidermo extinto—, o incluso un dinosaurio como el espinosaurio. La idea de que los huesos de animales antiguos fueran interpretados como criaturas fantásticas no es nueva; de hecho, se ha relacionado con el origen del mito de los dragones. Pero la falta de restos fósiles en Egipto —porque se molían para abono— dificulta confirmarlo.
Teléfono estropeado en la Antigüedad
La explicación más convincente para muchos es el 'juego del teléfono estropeado': alguien que sí había visto un hipopótamo se lo describió a otro, y ese a un tercero, hasta llegar al mosaiquista que lo plasmó de forma irreconocible. El resultado es un animal con cabeza de cocodrilo, cuerpo de hipopótamo y un rabo que no corresponde a ninguno. La escena incluye también un cocodrilo más estilizado y unos pigmeos que, según algunas interpretaciones, serían una representación idealizada de los pueblos del Nilo.
Lo cierto es que el Xiphis sigue siendo un misterio. Las hipótesis se acumulan, pero ninguna cierra el caso. Probablemente nunca sabremos con certeza qué animal vieron los romanos que inspiró esta criatura, pero el fresco es un fascinante testimonio de cómo la información visual se distorsiona a través de culturas y distancias. Quién sabe si dentro de mil años algún arqueólogo encontrará nuestra representación de un perro salchicha y pensará que es un reptil.