Repsol triplica ganancias y la mirada política vuelve a Montero
Un titular de
El Correo abre el asunto:
Repsol triplica sus ganancias del semestre por la escalada de precios del crudo. Quien trae el dato subraya que el medio es crítico con el Gobierno, de modo que no cabría la excusa de la fuente sospechosa. No se discute la cifra. Se discute el motivo. Porque quien gana el triple en seis meses no necesita declarar una guerra: le basta con que la haya.
El beneficio que se da por bueno y la causa que se pelea
La acusación central es directa: las petroleras venden reservas que no tienen nada que ver con el conflicto al precio que impone el conflicto. Si el crudo sube porque hay guerra en el Golfo Pérsico, el barril que se extrae lejos de allí también se paga más caro. Ahí empieza el desacuerdo.
La objeción de un forero tiene su gracia: sostiene que Repsol presentó prácticamente las mismas ganancias el año anterior, sin guerra de Irán de por medio. El viento de cola puede ser bélico, pero, según esta objeción, el negocio ya caminaba solo. Queda suelto un número,
2.568, y una pregunta que nadie contesta: cuánto ha ingresado el Estado por el encarecimiento del petróleo y por la subida de impuestos de estos años.
¿Por qué se relacionan las guerras con el precio del petróleo?
Porque quien vende armas para un conflicto y crudo encarecido por ese mismo conflicto cobra dos veces. La tesis que circula, sin pruebas, sostiene que las guerras del Golfo Pérsico y de Ucrania son artificiales y que los grandes beneficiarios son los mismos que después facturan el barril a precio de excepción. En esa lectura, el ciudadano de a pie no está en el bando que se enriquece, sino en el que recibe.
Carne de cañón, por usar la expresión gruesa que se maneja.
El argumento del patrimonio: 6.000 millones frente a 15
La réplica llega, según otro forero, por la vía del sentido común empresarial: una persona con un patrimonio de más de
6.000 millones no monta una guerra para ganar 15. La cifra ridiculiza la conspiración de manual, la del magnate que mueve ejércitos por una propina. Al otro lado, la respuesta es que el enriquecido nunca es el que muere. Y que entre las compañías con mayor facturación del mundo están las petroleras, no los que señalan el problema.
De la tierra plana al crudo: un mismo saco
El arranque mezcla asuntos de naturaleza muy distinta —tierra plana, vacunas, economía circular, soberanía energética— dentro del mismo párrafo, sin pruebas para lo que se afirma. La tesis de fondo es que resulta más fácil reírse del que protesta que regular a la empresa que factura. Es retórica gruesa y deliberada. También es el tono en el que se discute.
Irene Montero y el cálculo electoral de los decretos
El salto a la política lo da la negociación de los decretos. Montero llega a esa cita con su espacio electoral en retroceso, según la lectura que se hace del momento, y con un movimiento que se interpreta como hábil: no entrar al detalle y remitir la decisión al
sindicato de inquilinas, «votaremos lo que quiera el sindicato». Con los decretos sobre la mesa y la posibilidad de que a Sánchez no le quede otra salida que convocar elecciones, el cálculo, según este análisis, no parece malo. Si hay urnas, ella aparecería bien colocada.
Al final, el
elefante en la habitación no era la guerra ni el barril. Era la pregunta sin respuesta: cuánto ha recaudado el Estado por el petróleo más caro. Ahí sigue.