Errejón y la adicción que no controlaba
¿Puede un político dimitir por "desgaste de salud" y que la causa real sea otra? El 25 de octubre de 2024,
El Confidencial publicó que Íñigo Errejón llevaba meses en terapia por adicción al sexo y a otras sustancias, y que el tratamiento no funcionaba. Fuentes de Sumar admitieron que conocían su "inadecuado comportamiento con las mujeres" desde hacía tiempo, pero que no supieron la magnitud hasta que él mismo confirmó que había empezado a tratarse. La actriz Elisa Mouliaá ya había presentado una denuncia ante la policía por acoso sexual. El relato oficial habla de enfermedad; el relato paralelo, de impunidad.
Qué se sabe de la dimisión y las denuncias
Errejón anunció su salida como portavoz de Sumar en el Congreso con una carta en redes sociales que atribuía la decisión a un "desgaste de salud" y a verse afectada su "estructura afectiva y emocional". Horas después se conocía que la actriz Elisa Mouliaá había asegurado ser "víctima de acoso sexual" y había denunciado ante la policía. Yolanda Díaz afirmó que desde Sumar iniciaron una investigación para recabar información sobre los testimonios surgidos en redes. Tras confesar los hechos, Errejón dejó sus cargos.
El goteo de testimonios anónimos y la confirmación de que existía un tratamiento para varias adicciones dibujan un patrón incómodo: el partido sabía algo, pero esperó a que el afectado lo hiciera público para actuar. La secuencia —denuncia, dimisión, revelación de la terapia— deja la sensación de que la enfermedad se invoca cuando ya no hay margen para negar los hechos.
La tesis de la adicción como eximente
"No podía controlarse", aseguraron fuentes de Sumar a
El Confidencial. La terapia "le iba mejor, pero no lo suficiente". Y añadieron que "la legislatura anterior", antes de ser portavoz, fue su "peor etapa". Ese detalle es relevante: si la etapa previa fue la peor, quienes le rodearon entonces tenían más motivos para haber actuado antes.
Hay quien sostiene que el tratamiento no busca curar, sino construir una defensa jurídica. Un imputado que alega adicción puede aspirar a atenuantes. El juez admitió la denuncia y citó a Errejón como investigado. La pregunta que sobrevuela es si la adicción es la causa de la conducta o el argumento que la explica cuando ya no hay forma de negarla.
Adicción al sexo: ¿enfermedad o coartada?
La adicción al sexo no figura como trastorno autónomo en los manuales diagnósticos al uso, y su invocación pública levanta sospechas. Hay quien sostiene que las drogas solo desinhiben rasgos preexistentes: no crean el gusto por el sometimiento, lo desbloquean. Otros apuntan que la combinación de fama, dinero y sustancias es un cóctel que explica conductas que en otro contexto no se producirían.
El debate se complica cuando se compara con otros casos. Hay quien argumenta que la cobertura mediática ha sido desigual: un político de izquierdas con presunta adicción recibe un trato más benévolo que un rival de derechas con una simple borrachera. La doble vara de medir es, para algunos, el verdadero escándalo.
Lo que el partido sabía y cuándo lo supo
La contradicción más llamativa la dejó una fuente de Sumar: eran conscientes del "inadecuado comportamiento con las mujeres", pero no lo supieron hasta que Errejón confirmó su tratamiento. ¿Consciente sin saber? La formulación es tan torpe que invita a pensar en una gestión de daños improvisada.
El partido inició una investigación interna cuando los testimonios ya circulaban por redes. Es decir, reaccionó al ruido, no al hecho. Esa tardanza alimenta la sospecha de que el caso se conocía y se tapó mientras fue posible. La dimisión, presentada como decisión personal por salud, se lee ahora como una salida forzada por la acumulación de denuncias.
El contexto político: de Podemos a Sumar
Errejón fue portavoz de Sumar en el Congreso, la formación que aglutinó a la izquierda a la izquierda del PSOE tras la ruptura con Podemos. Su salida deja un hueco en un espacio ya fracturado. La dimisión llega en un momento de desgaste para el Gobierno de coalición y refuerza la tesis de que la política española vive de respiraderos y recambios.
Algunos análisis apuntan a que el caso servirá para reabrir la discusión sobre los límites del consentimiento y la responsabilidad de los cargos públicos. Otros, más cínicos, creen que todo se diluirá en unas semanas. La única certeza es que el asunto sigue abierto y que la causa penal avanza.
¿Enfermo o imputado? La respuesta la tiene el juez. La coartada, de momento, la tiene él.