Reanimar un PC de 11 años por 11 euros en vez de pagar 150
Exprimir lo que ya se tiene antes de comprar nada nuevo. Eso viene a sostener la corriente más
lonchafinista de este asunto, y su tesis es tajante: antes de soltar 150 euros por una torre de segunda mano, conviene mirar si un procesador de 11 euros comprado en una tienda china puede darle al equipo viejo varios años más de vida. El cuerpo del asunto, como casi siempre, matiza la bravuconada.
El punto de partida es un sobremesa con casi once años a la espalda. Un
eMachines EL1850 con
Intel E5800 a 3,2 GHz y solo
4 GB de RAM, porque la placa no admite más. Se le ha puesto un SSD, se le ha cambiado la pasta térmica y se ha estirado hasta el límite. Se usa para navegar, consultar y, sobre todo, como gestor de biblioteca en
Calibre, con dos discos internos, varios externos y un dock HDD. La alternativa encima de la mesa era un
Asus M32CD con i5 de quinta generación, 4 GB de RAM y HDD de 500 GB, a
150 euros en una tienda de segunda mano con dos años de garantía.
La primera pregunta es si eso es caro o barato. La segunda, mucho más importante: ¿por dónde se muere realmente ese ordenador?
¿Es más crítico el procesador o la memoria RAM?
El consenso salta por los aires a la primera de cambio. Hay quien sostiene que el procesador es lo que digiere las aplicaciones y que, con un micro decente,
4 GB de RAM son suficientes para un uso básico... siempre que el software no venga mal optimizado. Y aquí entra la otra corriente: la memoria se bebe todo, Windows empieza a cerrar procesos al acercarse al límite y, con la paginación activada —que viene por defecto—, el disco trabaja de más.
Si eso importa o no se contesta solo.
Con SSD no hace falta archivo de paginación, suelta una parte. La réplica llega afilada:
paginar penaliza siempre, SSD o no, porque son operaciones de disco innecesarias que se comen parte de la vida útil del soporte. La controversia, lejos de cerrarse, se convierte en un manual involuntario sobre por qué cuatro gigas se agotan mucho antes de lo que prometen las especificaciones.
Un Core 2 Quad por 11 euros: la vía del zócalo 775
La propuesta estrella es de una frugalidad casi ofensiva. El equipo viejo monta un zócalo
LGA 775, y, según quienes proponen esa vía, ahí caben procesadores de cuatro núcleos que dan un salto notable frente al E5800, aunque podría hacer falta actualizar la BIOS. El
Q8300 ronda los 10 euros, el
Q9500 los 15 y un
Q9400 se encuentra por 10,8 según los enlaces que se comparten, con comparativas de rendimiento incluidas.
Lonchafinismo premium, lo llaman.
Frente a eso, las alternativas se miden en la misma unidad. Una
Raspberry Pi 400 por 79 euros. Un
i5-3470 por 20-25 euros en una app de segunda mano. Y luego está la opción de pagar los 150 por la torre nueva. El fondo del asunto es cuánta vida compra cada euro. Poca cosa, responden los más escépticos: un
cacharro viejo sigue siendo un cacharro viejo, y
optimizarlo es tirar el dinero cuando el verdadero límite está en la placa base y su tope de memoria.
La letra pequeña: cuánta RAM aguanta una placa vieja
Aquí se mezclan generaciones y no todo encaja. Según uno de los participantes, las placas de zócalo 775 con dos bancos
DDR2 solo llegan a 4 GB (2x2), y con cuatro bancos se alcanzan 8 GB, pero con módulos de 2 GB. Los de
8 GB DDR2 ECC registrada existen, sí, pero, añade, son para servidores y no arrancarán en un PC de sobremesa. Otra intervención discutió estas cifras, aunque acabó matizándolas.
Cuando aparece una
Celeron G465 en un trastero, la cosa cambia de zócalo. Según el hilo, es un
socket 1155 que admite más memoria, aunque el micro sea flojo. Y por ahí discurre el camino que dará el giro definitivo al asunto.
El lote regalado y el infierno de los conectores Dell
Un conocido que trabaja en una empresa familiar renueva los ordenadores y regala lo que quedaba en el almacén. Llegan
dos i5 (uno de 4ª generación y otro de 7ª), dos placas base, fuentes de alimentación (Dell y HP), dos disipadores con ventilador y cableado vario. Coste real:
20 euros y poco más. El plan se reordena: montar el i5 de 7ª generación, repartir equipos entre la familia y regalar el resto.
Y ahí empieza el sufrimiento. Montar una placa Dell no es montar una placa normal. En el arranque saltan errores en cadena:
cable I/O no detectado —solucionado con un puente entre dos pines—,
fallo del botón de encendido —resuelto adaptando el cableado de la caja—. Luego, la estocada: el
conector de alimentación a los discos duros no es estándar. Se intenta recortar el plástico de un conector común para que encaje; no da corriente. Un apaño que podría haber acabado en corto. La solución termina siendo pedir el cable a
AliExpress y esperar.
Qué cabe esperar
Con ese panorama, la previsión razonable —aunque con reservas— es que el
i5 de 7ª generación sobre la placa HP con 8 GB de DDR4 acabe dando servicio durante años, mientras el resto del material reparte segundas vidas entre familiares y conocidos. Siempre que el cable llegue y encaje.
Nadie discute ya si cuatro gigas bastan. La conversación se ha movido a otro terreno, más honesto:
cuánta trastienda, cuántos conectores propietarios y cuántas esperas esconde el hardware de segunda mano cuando el objetivo es gastar lo mínimo posible.