Ibex en máximos: el 43,3% anual que no cuadra con la calle
El Ibex 35 supera los 16.600 puntos y firma un avance del 43,3% en lo que va de año. La
prima de riesgo española se coloca por debajo de los 50 puntos básicos. En el mismo tramo, la industria europea se apaga en Navidad y el ahorro clásico, el depósito, no renta nada. La foto es de euforia bursátil; el pie de foto, de economía real que no acompaña.
El primer dato que salta a la vista es la brecha entre el índice y la percepción cotidiana. Mientras el selectivo marca récord, hay quien recuerda que el 70% de los españoles no supera el SMI en más de 40 euros al mes. La bolsa sube; el sueldo, no. Esa distancia es el eje de todo el análisis posterior.
¿Por qué sube el Ibex si la economía real no crece igual?
La explicación más repetida apunta a la liquidez. Desde 2008 se ha inyectado dinero de forma masiva y ese caudal ha acabado en bolsa, cripto, metales, bonos e inmobiliario.
Casi cualquier activo está en máximos históricos, no solo el español. El oro, la plata, los pisos, los huevos de gallina. Todo. La consecuencia es que el índice deja de ser un termómetro de la economía y se convierte en un termómetro de la política monetaria.
Hay un matiz técnico que suele olvidarse:
el gráfico descuenta los dividendos. A una media del 5-6% anual, quien compró en 2007 no solo tiene el mismo dinero nominal, sino que ha ido cobrando cada año ese porcentaje. Eso cambia la lectura del máximo histórico: no es que se haya recuperado el nivel de 2007, es que se ha recuperado y además se ha cobrado una renta durante 18 años.
La otra pata es la banca.
El Ibex es, en un 30%, bancos. Y los bancos viven de un negocio sencillo: un banco central les da liquidez barata, no remuneran los depósitos de los ahorradores y prestan a tipos muy superiores. Con la inflación alta, el margen se ensancha. Beneficios ilimitados para unos; para los demás, el ahorro parado.
El ahorro clásico ya no renta y empuja a invertir
El depósito bancario dejó de pagar. Ese es el grifo que ha llevado a mucha gente a meter sus ahorros en fondos y acciones a través de las apps de los bancos.
El dinero no entiende de ideologías, resume una de las posturas más repetidas: quien no aprovecha, se queda atrás. La euforia tiene su reverso: quien entra ahora compra caro y asume riesgo que antes no tenía.
El contraste con Europa es llamativo.
La industria española se apaga en Navidad por sorpresa y el bajón se extiende por todo el continente. La reacción del mercado es perversa: si la industria se apaga, el banco central tendrá que regar con más billetes. Es el reflejo condicionado del inversor. Mal dato económico, buena noticia bursátil.
La prima de riesgo por debajo de 50 puntos: ¿señal de fortaleza?
La prima española se ha estrechado hasta niveles que no se veían. Pero hay quien avisa de que la comparación engaña:
el bono alemán a 10 años ha pasado de un 0,6% a casi un 2,7%. Si se midiera contra el bono suizo, la prima española rondaría los 280 puntos básicos. La referencia alemana ya no es lo que era porque su economía se está despeñando.
A eso se suma la deuda pública.
España acumula oficialmente 1,7 billones de euros de deuda, una cifra que algunos consideran cocinada a la baja y que, en su lectura más cruda, superaría los 2 billones. El final de las compras del BCE y de los fondos europeos es el escenario que nadie quiere mirar. Cuando se acabe la barra libre, la corrección puede ser épica.
El fantasma de 2007 y la pregunta que nadie responde
El Ibex alcanzó su máximo anterior a finales de 2007. Después ya sabemos lo que pasó.
La inflación oficial acumulada desde entonces es del 42%, así que en términos reales el índice aún no ha igualado aquel pico. Ese cálculo lo firma una de las intervenciones más citadas: sin descontar la inflación, el récord es nominal, no real.
La discusión deriva hacia la deuda y el papel moneda.
Todo el planeta está inundado de papelitos de colores que mañana pueden no valer nada. Por eso sube todo a la vez. La pregunta es quién paga los platos rotos cuando la fiesta termine. En 2007 no los pagaron los grandes tenedores. La apuesta mayoritaria es que esta vez tampoco.
El cierre del análisis se queda exactamente donde empezó: en la brecha entre el índice y la vida.
La bolsa está desconectada de la economía real. Los que están dentro celebran; los que están fuera miran con recelo. Y en medio, un dato que descoloca: la industria se apaga, el BCE imprime y el selectivo sube. Nadie sabe cuánto dura el truco.