El salario más frecuente en España cae casi 4.000 euros
Hay una cifra que resume mejor que ningún discurso lo que está pasando en el mercado laboral español: el salario más frecuente se ha reducido casi 4.000 euros y se sitúa en 14.586 euros anuales. No es el salario medio, que engaña porque lo inflan unos pocos sueldos altos. Es el que cobra la mayoría. Y ese, el que marca la vida real de millones de trabajadores, ha ido cayendo hasta quedar peligrosamente cerca del salario mínimo interprofesional. La consecuencia es un efecto tijera que ya se discute abiertamente: conforme el SMI sube, engulle por abajo a los que antes cobraban algo más, y la escala salarial se comprime hasta que casi todos cobran lo mismo.
El SMI que se come los sueldos de encima
La tesis que recorre el análisis económico es incómoda: cada subida del salario mínimo no eleva el conjunto de la escala, sino que tira de ella hacia abajo. El SMI que cobraban cuatro ha ido acercándose a lo que cobraban los trabajadores de siempre, y las empresas han visto que ese mínimo ya es «digno» como para contratar por un importe cercano a él. El resultado es que el escalafón más bajo y los trabajadores experimentados y cualificados cada vez se diferencian menos en la nómina.
El cálculo que más se repite es el del técnico que cobra poco más que el SMI por un puesto de responsabilidad. Un ingeniero de organismos de control, con más horas que un reloj, percibiendo un salario que roza el mínimo. Un técnico de validaciones senior ofertado por poco más de 27.000 euros brutos al año. La brecha entre el que barre y el que firma el informe se ha estrechado hasta resultar ridícula.
La carrera que ya no compensa
El coste de oportunidad de estudiar se ha disparado. Cuatro o cinco años de carrera trabajando como un energúmeno, sin cobrar y a veces pagando, para acabar con marrones y comeduras de tarro permanentes, cuando uno puede terminar la ESO, meterse a celador y trabajar todos los días con su libro y sus cascos por un salario similar. La pregunta que muchos se hacen ya no es si merece la pena, sino para qué.
Hay quien sostiene que la universidad solo tiene sentido como trámite para acceder a una oposición A1, gastando lo mínimo en la carrera y reservando el esfuerzo para el máster-oposición. Otros apuntan que los que salieron al mercado laboral al inicio de la crisis de 2008, tras años de universidad, se comieron el paro en vena mientras quienes no habían terminado el bachillerato trabajaban y accedían a una vivienda. El coste de oportunidad, en muchos casos, es brutal.
¿Por qué se reduce la diferencia entre el SMI y el salario medio?
Porque la masa salarial crece poco salvo para los que están en el SMI. Los motivos varían según la empresa, pero el efecto agregado es el mismo: la subida del mínimo no arrastra al resto de la escala. Y cuando la prestación social se acerca al SMI, aparece otro fenómeno: la gente se plantea si compensa trabajar. En países donde la prestación no está muy lejos del salario mínimo, esa duda ya es real.
El escenario que se dibuja es el de un empobrecimiento por reparto de la miseria. No se trata de que todos ganen menos, sino de que la distancia entre el que cobra el mínimo y el que cobra algo más se acorta hasta desaparecer. Y con ella, la motivación para formarse, para promocionar, para asumir responsabilidad.
El país que se queda sin escalera salarial
El diagnóstico que se repite es el de un mercado laboral que se aproxima al socialismo real por la vía de los hechos: según algunos participantes, nadie trabaja de verdad y todos cobran una miseria, mientras la riqueza se concentra arriba. Los muy ricos y los muy pobres, con una clase media que se desdibuja. Los gobiernos de este signo, se argumenta, consiguen ese escenario porque son los bufones del poder.
La consecuencia práctica es que el de la limpieza se queda en España, el ingeniero emigra, la productividad se hunde y luego se piden observatorios para entender qué ha pasado. La subida del SMI sería una buena noticia si arrastrase al resto de salarios. Sin eso, aparecen nubarrones de competitividad. Y el dato que descoloca es este: el salario más frecuente, el que cobra la mayoría, ya está en 14.586 euros al año.