Hoy comienza la "plutocracia".

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Ilustración editorial de un hombre trajeado sentado en un sillón de poder rodeado de gráficos bursátiles y símbolos de tecnol

De la influencia al control: los ultrarricos toman el poder​

El debate sobre si Estados Unidos ha entrado en una plutocracia —un gobierno de los ricos— ha dejado de ser una hipótesis académica para convertirse en el eje de una discusión que recorre desde Marbella hasta Washington. La tesis que abre el fuego es contundente: ya no se trata de la influencia clásica de los poderes fácticos ni de la capacidad de lobby de los grandes patrimonios, sino de que los ultrarricos van a imponer sus condiciones y sus intereses gobernando directamente, según sostiene un participante. El ejemplo que se lanza sobre la mesa es el de Elon Musk, a quien ese mismo participante sitúa al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE).

La discusión no tarda en derivar hacia el terreno de la corrupción. Se recuerda el caso de Marbella y Jesús Gil como precedente de manual: ultrarriqueza y ultracorrupción van de la mano, sostiene el planteamiento inicial, que advierte de que «pocos datos hay de esto en el mundo» pero que la combinación es letal. La respuesta no se hace esperar y llega cargada de ironía: Biden y Soros también son ricos, y Pedro Sánchez no vivió precisamente en un corral de gallinas, sino en una urbanización de Pozuelo. El argumento de la izquierda, según esta réplica, sería selectivo: solo se denuncia la riqueza cuando el rico no es de los suyos.

El tecnomillonario que nadie votó​

El núcleo del problema, según la posición que se va imponiendo en el análisis, no es que Musk sea rico, sino que ningún millonario ha ostentado jamás el poder que ostenta Musk, en palabras de un participante. No se trata de un donante más ni de un celebrity endorsement al uso: se le describe como el «Amiguete en Jefe», una figura que no tiene cargo electo pero que se sienta en la mesa donde se toman las decisiones. La comparación con Steve Bannon —el estratega que acabó enfrentado a Trump tras un tiempo en la cúpula— sirve para anticipar el desenlace: en un corral no puede haber dos gallos, y el enfrentamiento entre ambos parece cuestión de tiempo.

La defensa del tecnomillonario se articula en torno a una idea simple: Musk ha financiado y hecho campaña por Trump como otras tantas celebridades y ricos lo han hecho con candidatos demócratas. Si Soros puede financiar campañas sin que nadie hable de plutocracia, ¿por qué Musk no? El contraargumento es que la diferencia no está en el dinero, sino en el puesto en la estructura del Estado: Soros nunca ha tenido un cargo, Musk sí. Y ahí es donde la frontera entre influencia y gobierno se difumina.

La «tecnocasta»: el término que intenta nombrar lo nuevo​

En medio del choque aparece un concepto que busca capturar el fenómeno: la «tecnocasta». La acuñación no es inocente. Se describe como una operación de marketing social que requiere inventar términos para captar la atención del público e influir en sus percepciones, redefiniendo conceptos existentes o empleando un lenguaje diseñado estratégicamente. La consigna, según esta lectura, sería asociar tecnología con ricos «malvados» para construir un relato que no funcionará.

La ironía llega cuando se compara el término con la realidad: si la tecnocasta es el problema, ¿qué pasa cuando el Estado impulsa su propia IA? Se cita el anuncio de ALIA, la inteligencia artificial en castellano presentada como modelo público y de código abierto, y se pregunta si eso también es tecnocasta o solo lo es cuando la paga el contribuyente. El debate sobre quién controla la tecnología se convierte, así, en un debate sobre quién controla el relato.

El wokismo como cortina de humo​

Una de las corrientes más incómodas del análisis sostiene que el wokismo pudo haber sido inventado por Elon y compañía para presentar después su «solución» brillante, igual que se hizo con las vacunas. La idea, formulada como sospecha más que como certeza, es que las personas son fácilmente manipulables: un par de algoritmos aquí y allá y ya está. El wokismo, descrito como un cáncer, sería reemplazado por otro igualmente destructivo: la tecno-oligarquía y las megacorporaciones.

Esta posición se desmarca tanto de la izquierda como de la derecha. Se critica al capitalismo, al comunismo y al liberalismo como peligros adyacentes, y se advierte de que estos tipos pueden cargarse Rusia en dos semanas dejándola sin electricidad y matando a millones de personas. Son más peligrosos que cualquier gobernante, se argumenta, y acumulan mucho más poder. La respuesta desde el otro lado es que el discurso del «Trump manejado por tecnoligarcas» no ha durado ni media hora: Trump acaba de eliminar las ayudas y la obligación de comprar coches eléctricos que había impuesto Biden. ¿Quién es el mayor fabricante de coches eléctricos de EEUU? ¿Y quién el tecnoligarca que supuestamente controla a Trump? El argumento se desmorona por su propio peso.

El doble rasero de los medios y las plataformas​

La discusión se detiene en un punto que trasciende a Musk: el cambio de bando de los dueños de las plataformas. Hasta hace un cuarto de hora, cuando Dorsey, Zuckerberg y Bezos apoyaban a Biden y censuraban informaciones para manipular las elecciones de 2020 —declarado por ellos mismos—, todo era maravilloso. Eran empresarios con compromiso social. Si los criticabas, te decían que, como empresas privadas, podían hacer lo que quisieran y que si no te gustaba te montaras tu Twitter de derechas. Ahora que se cambian de bando, en La Sexta hablan de ellos como «oligarcas» y «plutócratas» y avisan del peligro que suponen para la democracia.

El diagnóstico que se extrae de esta evolución es que la izquierda no se queja de la plutocracia en sí, sino de haber perdido el control de los medios de masas y, por tanto, del relato hegemónico. Se critica más a Musk que a Trump, se señala, porque Musk podría pertenecer al centro-centradito político de hace una década. La queja no sería contra el poder económico, sino contra el poder económico que ha dejado de ser aliado.

¿Es legítimo que un poder interfiera en otro?​

La pregunta de fondo es si una democracia puede tolerar que uno de los poderes interfiera en los otros dos, aunque sea con la noble tarea de impedir que gobierne la ultraderecha. La separación de poderes pretende precisamente que no haya interferencias, y un demócrata está obligado a asumir que si la ultraderecha —o un partido islamista— gana libremente, tiene derecho a gobernar. Otra cosa es la vigilancia: habrá que estar muy atento a que nadie recorte derechos y libertades.

El problema, se advierte, es que quien podría cambiar el sistema es precisamente quien más se beneficia de mantenerlo. La prensa depende de subvenciones gubernamentales, y eso complica la fiscalización. La reflexión que queda flotando es incómoda: si el gobierno de los ricos empieza hoy, será porque hasta ahora nos gobernaban los pobres. ¿O es que los megarricos no influían en la política hasta ayer? El club Bilderberg y el Foro Económico Mundial llevan décadas existiendo. La plutocracia no es nueva. Lo nuevo es quién la encabeza.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Hasta hace un cuarto de hora, cuando Dorsey, Zuckerberg y Bezos estaban apoyando a Biden y censurando informaciones para manipular las elecciones de 2020 -declarado por ellos mismos-, todo era maravilloso.»
— Nefersen · doble rasero mediático
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Los ultrarricos ya gobiernan directamente45%
Es el mismo poder de siempre, sin novedad30%
La tecnocasta es el nuevo cáncer25%
📌 DATOS
Musk ocupa el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), según un participante
Trump elimina las ayudas y la obligación de comprar coches eléctricos impuestas por Biden, según un participante
Soros nunca ha tenido un cargo público, según un participante
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué es el DOGE que ocupa Elon Musk?
El Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) es la estructura que Musk ocupa en la administración estadounidense tras la victoria electoral de Trump, según un participante del debate. No es un cargo electo, sino un puesto de designación directa que le permitiría influir en decisiones ejecutivas sin haber pasado por las urnas.
📅 EVOLUCIÓN
Enero 2025 Musk asume el frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) tras la victoria electoral de Trump
Enero 2025 Trump elimina las ayudas y la obligación de comprar coches eléctricos impuestas por Biden
2024 Dorsey, Zuckerberg y Bezos cambian de bando y dejan de apoyar a Biden
2020 Los dueños de las plataformas censuran informaciones para manipular las elecciones, según ellos mismos declararon
Década de 1990 El caso Marbella y Jesús Gil se consolida como precedente de ultrarriqueza y ultracorrupción
▶ VÍDEOS
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El argumento de que el wokismo fue inventado por los tecnomillonarios para presentar después su solución, igual que con las vacunas
✓La comparación entre el poder de Musk y el de Steve Bannon, y por qué el enfrentamiento entre ambos parece inevitable
✓El doble rasero de los medios con Dorsey, Zuckerberg y Bezos: de empresarios con compromiso social a oligarcas peligrosos
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