Banda 'Demons' desarticulada y pandilleros salvadoreños
El hilo arranca la jornada con bares traspasados y el boicot de cartera, y a media tarde se ha ido a los tribunales. La Guardia Civil y los Mossos desarticulan en Barcelona la banda latina
'Demons de Ciudad Meridiana'. Minutos después alguien enlaza una resolución de la Audiencia Nacional sobre pandilleros salvadoreños. El tema cambia de tercio.
Qué se ha sabido
La banda 'Demons de Ciudad Meridiana' ha sido desarticulada en Barcelona. Un forero pega la noticia: machetes, hachas, cuchillos, defensas extensibles y catanas incautados. Los detenidos son, en su mayoría, de origen latinoamericano. Un rato después, otro usuario trae la
resolución de la Audiencia Nacional sobre los pandilleros salvadoreños: no se pueden extraditar a El Salvador porque el Gobierno de Bukele no respeta los derechos humanos. La consecuencia que se discute: «España, refugio de pandilleros».
Antes han circulado cifras, casi todas sin fuente. Un forero reparte la población así:
25 millones de nativos y 15 millones de latinoamericanos. Otro deja el conteo en «4 legales, 4 españoles, 4 ilegales». Otro habla de
50 millones de habitantes en España. Y uno resume: hay
más de 16 millones entre migrantes y descendientes, «el 30%». En clave local: en una ciudad sin especificar,
el 60% de los empadronados no son españoles. En Lugo, cuenta un forero, se ha pasado del 5% en 2015 al 25% hoy. «Parece que estás en Tegucigalpa», escribe otro.
Sobre el mecanismo de entrada, varios insisten: se llega con visado de turista,
tres meses prorrogables, y a los
dos años se puede pedir arraigo. Un participante cita el reglamento: de Sudamérica solo necesitan visado Ecuador, Bolivia y República Dominicana; el resto entra con requisitos económicos y una carta de invitación de alguien asentado aquí.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en tres.
Primero, el consumo. Una parte defiende el boicot de cartera: no pisar bares ni tiendas con plantilla latinoamericana, «dar el golpe donde hay dinero». Citan cierres de locales en su barrio. La respuesta llega rápido: «Pero en la vida real ¿quién lo hace? La gente solo se queja y pide solidaridad cuando les toca a ellos. Y así nos va». Es decir, que la queja no aguanta el primer descuento.
Segundo, si trabajan o no. Unos sostienen que viven de ayudas; otros responden que la mayoría trabaja. Aparece el testimonio inverso: un forero dice haber cerrado tres acuerdos este mes con un colombiano y dos venezolanos, y haber contratado a una colombiana, «parecen ser los unicos en tener interes por montar negocios o trabajar». Y otro, desde dentro de una empresa, recuerda lo que decía su jefe: que «antes de la crisis, nadie quería trabajar aquí y solo ellos mostraban interés». Ahí salta la discusión sobre salarios y convenio.
Tercero, Vox. Aquí el hilo se enreda. Unos le acusan de favorecer la entrada legal latinoamericana y de pescar ese voto. Otros lo defienden: «VOX está en contra de toda inmigración ilegal, venga de donde venga». Y un tercero zanja: «Pero, qué hablas, qué partido había en contra de la inmigración, NINGUNO».
El boicot de cartera, contado desde dentro
La novedad del día es cómo se organiza el consumo. Un forero explica que ha descartado a todas las empresas latinoamericanas para una reforma del baño y ha contratado a un albañil español con trabajadores españoles. Otro ha dejado de ir a dos bares traspasados por «miradas raras» en el trato. Y un tercero avisa de que el mismo fenómeno se ve en tiendas de ropa de segunda mano o en fruterías regentadas por migrantes, y llama a no comprar allí.
Frente a eso, la réplica: los locales que cierran por falta de clientela competían por precio, no por un boicot ideológico. Y otro señala lo obvio: si la clientela española sigue yendo, no hay boicot que valga.
Qué cambia respecto a antes
Se abandona el eje «trabajan o no trabajan». Ahora el argumento que gana terreno es que trabajan, y que precisamente por eso sustituyen. Se pasa de la anécdota del barrio a la banda desarticulada y a la Audiencia Nacional. Entra un tema nuevo: el turista que no vuelve y la prórroga de tres meses como puerta de entrada.
Un participante apunta a los canarios: «se de primera mano de muchos canarios que van a la peninsula y son confundidos con latinos, discriminados en su propio pais». Otro mira al transporte: «Pillas el transporte público a una hora de currantes y el 70% son latinos, 10% del hindus o similar, y un 20% españoles de pura cepa a las puertas de la jubilación». Y un tercero ordena el relevo por capas: «Realmente España está renovándose, los españolitos han decidido dedicarse a estudiar, beber y viajar, nada de tener hijos, nada de sufrir ni abrir negocios.... Otros vendrán a ocupar este buen trozo de tierra».
Aparece una predicción recurrente: la de una España segregada por barrios y clases, al estilo de EEUU o Inglaterra. Y quien mira más lejos:
en 15 años seremos un país del tercer mundo, escribe un forero. En otros mensajes se apunta a la vivienda y al modelo de crecimiento como causa de fondo. También hay quien recuerda que sin nacimientos no hay relevo: «menos de 32 millones de ESPAÑOLES» habría hoy con la tendencia de los noventa.
El tramo acaba sin resolver nada, con el conteo de la población todavía en el aire y la bronca de Vox aún caliente.