Los Simpson cumplen 35 años y ya no enganchan a los jóvenes
La serie que definió el humor de toda una generación cumple 35 años y se enfrenta a un problema que, según un forero, sus creadores no supieron anticipar: los nacidos a partir del año 2000 no la conocen, no la han visto y, cuando la ven, se topan con temporadas que muchos consideran infumables. La nostalgia de los que crecieron viéndola en La 2 y Antena 3 choca con una realidad incómoda: la televisión lineal ha muerto y el catálogo disponible ya no distingue entre la época dorada y la basura.
El declive no es una opinión: hay consenso en que la serie perdió el rumbo hace más de dos décadas. Las temporadas 6 a 12 se citan como obras maestras absolutas, mientras que a partir de la 12 la calidad se desploma. Quienes la ven hoy en plataformas no tienen forma de saber qué episodios merecen la pena y cuáles son relleno de la peor especie. El resultado es que un adolescente puede tragarse diez capítulos malos seguidos y concluir, con razón, que la serie es una pérdida de tiempo.
¿Por qué los jóvenes no conocen Los Simpson?
La respuesta corta: porque ya no se ve la televisión como antes.
La serie se popularizó en España emitiéndose en La 2 y luego en Antena 3, en horarios de mediodía y tarde, cuando la oferta era limitada y el público cautivo. Ese modelo ha desaparecido. Hoy hay infinitas opciones en streaming y la atención se fragmenta. Un chaval de 15 años no va a poner Los Simpson por iniciativa propia si nunca las ha visto en casa.
Hay un factor adicional que agrava el problema:
la mayoría de los episodios disponibles en catálogos actuales pertenecen a temporadas tardías, precisamente las que los veteranos consideran flojas. El joven que se asoma por curiosidad no tiene forma de saber que está viendo la peor versión de la serie. Se forma una opinión basada en el peor material posible.
La paradoja es cruel: cuanto más fácil es acceder a la serie, menos probable es que alguien descubra su mejor versión. El azar de la programación televisiva, que antaño garantizaba que solo se emitieran los capítulos buenos, se ha convertido en un laberinto sin señalización.
La época dorada: temporadas 6 a 12 y el doblaje que lo cambió todo
Si hay un punto en el que coinciden casi todas las voces es que
las temporadas 6 a 12 son el corazón de la serie. Ahí están los guiones más afilados, las referencias al cine clásico que solo se captan con los años y los dobles sentidos que hicieron famosa a la serie. Un ejemplo citado: el episodio en el que el padre de Krusty, un rabino, repudia a su hijo por ser payaso, es una referencia directa a El Cantor de Jazz, el primer filme sonoro.
El doblaje español merece un apartado propio.
Carlos Revilla, la voz original de Homer en España, es considerado insustituible. Su tono convirtió a Homer en un tipo con ocurrencias y locuras, no en un retrasado mental. Esa sutileza se perdió con su muerte en el año 2000, y muchos sostienen que la serie nunca volvió a ser lo mismo.
Hay quien afirma que el propio Matt Groening dijo que el doblaje español era mejor que la versión original, aunque esa afirmación no está verificada.
La serie también fue pionera en un género que entonces no existía:
los dibujos animados para adultos. Se emitía de noche, con la familia reunida mirando con atención, como si fuera algo prohibido. Ese estatus de transgresión se ha diluido por completo.
El problema de las temporadas infinitas: 35 años y contando
La serie acumula 35 años de emisión y más de 700 episodios. Hay quien calcula que para llegar al episodio 1000 aún quedan unos 230 capítulos por emitir. La pregunta es inevitable: ¿tiene sentido seguir? Para muchos, no.
La opinión mayoritaria es que debería haber terminado en el año 2000, coincidiendo con la muerte de Revilla. A partir de ahí, la decadencia fue progresiva hasta convertirse en lo que algunos describen como una parodia de sí misma.
El problema no es solo de calidad. También es de tono.
Una parte de la audiencia considera que la serie se ha vuelto excesivamente políticamente correcta, con tramas que priorizan el mensaje moral sobre el humor. Se critica que Lisa haya pasado de ser una niña repelente pero entrañable a un altavoz de consignas.
La serie que se burlaba de todo ahora parece tener miedo de ofender a alguien.
A esto se suma la decisión de retirar de circulación al personaje de Apu tras las quejas de un actor indio que lo consideraba un estereotipo. Para muchos, fue un ejemplo de cómo la serie ha perdido su capacidad de reírse de todo y de todos.
El doblaje original frente al español: una batalla perdida
La comparación entre Carlos Revilla y Dan Castellaneta, el actor original, es recurrente.
Hay quien sostiene que Castellaneta pone voz de retrasado mental, mientras que Revilla aportaba un registro cómico irrepetible. En España, el doblaje se considera responsable de hasta un 40% del éxito de la serie, porque lograba traducir chistes intraducibles y darles una vuelta que los hacía incluso más graciosos.
Esa dependencia del doblaje es un arma de doble filo.
Cuando muere un actor de doblaje, el personaje muere con él. Pasó con Revilla y con la actriz que doblaba a la maestra de Bart. En otros países, los cambios de voz son rutinarios. Aquí, cada sustitución se vive como una traición.
La serie sigue emitiéndose. Sigue generando merchandising. Sigue siendo una marca reconocible en todo el mundo. Pero
la conexión con el público joven se ha roto, y no parece que haya plan para recuperarla. Mientras tanto, los que crecieron con ella se aferran a los viejos episodios, a las frases hechas y a la sensación de que algo irrepetible se perdió. La pregunta ya no es si Los Simpson han pasado de moda. Es si alguien se acordará de ellos dentro de veinte años.