Alemania, años 50: el milagro económico se levantó con brazos extranjeros
La Alemania de la posguerra no fue una postal de prosperidad. Fue una obra en marcha sobre escombros. El país salía de la Segunda Guerra Mundial con las ciudades arrasadas —Hamburgo entre las más castigadas por los bombardeos— y con una necesidad brutal de mano de obra. El
Wirtschaftswunder, el milagro económico alemán, convirtió esa urgencia en política de Estado. Hoy Hamburgo se asocia, según un cálculo que circula en el debate, a los
1.500 millonarios censados que se pasean por Blankenese entre mansiones y coches caros.
Qué fue el Gastarbeiterprogramm y a quién trajo a Alemania
A Wolfsburg llegaron italianos para trabajar en la Volkswagen. También turcos. Y españoles, los del
«vente a Alemania, Pepe», la película que retrató con bastante fidelidad la vida del emigrante español junto a la cadena de montaje. El Gastarbeiterprogramm, el programa de trabajadores invitados, arrancó en esos años y, según el cálculo de un participante, se prolongó hasta los 70. El patrón era casi siempre el mismo: unos años de contrato, ahorro y vuelta a casa. Dinero para dos países.
Hamburgo: mansión y bloque ocupado en la misma orilla
La guerra destruyó buena parte de la ciudad. Entre los puntos que se citan están el puerto comercial antiguo y la zona del Alster; la zona junto a la estación central de trenes, mejor evitarla, según el mismo relato. Blankenese exhibía su riqueza mientras en el paseo marítimo, a la altura de St. Pauli, se apilaban edificios enteros ocupados.
¿Trataron bien los alemanes a esos trabajadores invitados?
Aquí el relato se parte en dos y no hay manera de coserlo. Una corriente sostiene que la sociedad alemana nunca integró de verdad a aquellos Gastarbeiter: los quería como mano de obra y poco más, y el trato al extranjero fue frío o directamente hostil. Enfrente, otra tanda de testimonios defiende justo lo contrario con experiencia propia: años viviendo allí, invitaciones, amistades que siguen en pie más de una década después. Los dos relatos describen la misma Alemania. Ninguno es falso del todo.
El milagro alemán se mide bien en bonanza económica. Lo que no se mide igual es el trato que recibieron quienes llegaron a sostenerlo. Con lo que hay sobre la mesa, la respuesta sigue dependiendo de a quién se le pregunte.