Gracie Abrams, 27 años, hija de J.J. Abrams, y el anuncio de Chanel que nadie se pone de acuerdo en medir
¿A qué edad deja una mujer de ser pizpireta? La pregunta, que suena a broma de sobremesa, tiene más miga de la que parece cuando la protagonista es
Gracie Abrams, cantante de 27 años e hija del director J.J. Abrams, y el escaparate es el último anuncio de
Chanel. El vídeo, en su versión larga, ha desatado una discusión que mezcla estética, edad, apellido y una palabra que la RAE no recoge pero media España usa: pizpiretismo.
La primera reacción, casi unánime, es la sospecha. A los 27 no se es pizpi, sostiene la ortodoxia. Luego se ve el anuncio y la duda se instala.
Tampoco es que lo haya roto, matizan los más tibios. Y ahí empieza el verdadero asunto: si el pizpiretismo tiene fecha de caducidad, ¿quién pone el corte?
La edad límite del pizpiretismo: 15, 20 o 25 años
Hay consenso en que existe un umbral, pero no en dónde está. Un sector sostiene que
más de 25 años es imposible ser pizpi, y apela a un referente empírico: Leonardo DiCaprio y su conocida querencia por no pasar de esa cifra. Otro sector baja el listón a los 20: el pizpiretismo, dicen, empieza a contar a partir de ahí, cuando una alemana pizpi ya empieza a engordar con cada Oktoberfest.
La anécdota la aporta la lotería. Al número 15 se le llama
la niña bonita porque, según la tradición, no hay mujer fea con 15. El dicho tiene siglos y sirve para lo que sirve: para recordar que la pizpiretancia juvenil es un bien perecedero y que medirla a los 27 es, cuando menos, discutible.
El anuncio de Chanel: ¿pizpiretismo o simple movimiento de hombros?
Aquí el veredicto se parte. Una parte del público ve a la chiquilla
impresionante y no entiende el runrún. Otra parte disecciona el anuncio y concluye que
mueve los hombros con gracia y poco más, que no hay tetas y que, con ese material, no es digna de una campaña de Chanel. La marca, mientras, es descrita sin paños calientes como ropa para viejas que pierden orín casadas con rockefellers. El eslogan no lo firma Chanel, pero resume el escepticismo.
El contraargumento más sólido no habla del anuncio, sino de la vida entera de la retratada. Igual la chica sabe jugar al Go, cantar, pilotar una avioneta, tocar el violín y habla cinco idiomas, pero tú necesitas verlo todo expuesto en un anuncio de un minuto o pensarás que su vida está vacía. Es la defensa clásica del nepo baby: el apellido abre puertas, pero el currículum no cabe en un spot.
El apellido Abrams y el precio de la cara de Gracie
Hija de J.J. Abrams. Ese es el dato que muchos no sueltan. La conversación deriva hacia el nepotismo y hacia el valor real de la cara de la cantante, que para unos es
carísima y para otros es un activo de marca perfectamente tasado. El debate sobre si el pizpiretismo se hereda o se compra es, en el fondo, el debate sobre cuánto de este anuncio es mérito y cuánto es apellido.
La respuesta más honesta del material no es un análisis, es una frase:
si nadie la quiere, pa mí. Y otra que resume el consenso masculino de sobremesa: me la pone como la tuneladora de Dragados. Poco rigor, mucha sinceridad.
Pizpímetro al 100%: el veredicto final
El resumen que cierra la discusión es también el más útil:
pizpímetro al 100%. La chica bate récords de pizpiretismo según unos, no llega al aprobado según otros, y el anuncio sigue ahí, en versión larga, para que cada cual mida con su propia regla. Lo único claro es que a los 27, con apellido ilustre y contrato con Chanel, el pizpiritrómetro ya no mide edad: mide ganas de discutir.