Igual si cuantificamos el daño que hizo esta señora y su equipo nos llevamos una sorpresa.
Cuantificar el "daño personal y familiar" de una reforma laboral es metodológicamente complejo, porque aísla un factor (la norma) de un contexto mucho mayor (la crisis financiera, los recortes sociales, la destrucción de empleo previa). Sin embargo, la investigación académica y los organismos oficiales sí han logrado aproximaciones concretas a tres dimensiones medibles:
el coste humano en salud (incluida la mortalidad),
la pérdida de bienestar material de los hogares y
el deterioro de la salud mental y el consumo de fármacos.
El impacto más extremo: mortalidad y quitarse la vida
Este es el terreno donde existen estimaciones más cuantificadas, aunque siempre con la cautela de que correlación no implica causalidad directa.
- Aumento de la tasa de quitarse la vida en cohortes específicas: Un estudio académico publicado en PLOS ONE evaluó el impacto de la reforma laboral española de 2012 (que abarató y flexibilizó el despido) sobre la mortalidad por quitarse la vida. Sus resultados indican que los hombres con estudios secundarios de primer nivel que entraron al mercado laboral después de la reforma presentaron, a largo plazo, una tasa de quitarse la vida al menos un 25,3% superior en comparación con cohortes similares que entraron antes. El canal principal fue la mayor probabilidad de encadenar empleos temporales como primer contrato, lo que lastraba la trayectoria laboral futura .
- Pérdida de años de vida laboral: Un estudio de la Universidad de La Coruña, centrado en el periodo 2012-2013 (coincidiendo con los años más duros de la crisis y la aplicación de la reforma), calculó que en 2013 se perdieron en España 38.038 años potenciales de vida laboral por quitarse la vida. Traducido a términos económicos, estimaron una pérdida de productividad de 566 millones de euros .
El daño material y familiar: pérdida de ingresos y consumo
El daño familiar no solo se mide en salud, sino en la incapacidad de sostener el nivel de vida. La evidencia muestra que los hogares españoles no lograron protegerse del shock del desempleo del sustentador principal.
- El consumo familiar cae y no se recupera rápido: Un estudio sobre hogares españoles concluyó que, cuando el principal sustentador de la familia perdía el empleo, el consumo familiar caía de forma significativa y no lograba suavizarse. Esa caída del consumo persistía hasta dos años después de la pérdida del empleo, lo que refleja una pérdida de bienestar real y duradera para toda la unidad familiar, no solo para el trabajador despedido .
- Precarización y riesgo de pobreza: La reforma facilitó la modificación de condiciones laborales y el despido. El Defensor del Pueblo en funciones llegó a señalar en 2019 que la reforma de 2012 no corrigió los problemas del mercado laboral, sino que los agudizó por su carácter desregulador, creando un binomio de "rebaja salarial" y "enorme espacio de precariedad" . En el plano familiar, esto se tradujo en que millones de hogares dependieran de empleos más inestables y peor pagados.
El coste en salud mental y sanidad pública
El estrés y la incertidumbre laboral tienen una traducción directa en el sistema sanitario y en la vida diaria de las personas.
- Aumento del consumo de psicofármacos: Aunque los estudios sobre la crisis en general muestran pautas complejas, los datos de consumo en España son reveladores. Entre 2000 y 2013, el consumo de antidepresivos creció un 200% y el de ansiolíticos e hipnóticos un 57% . Los profesionales de atención primaria constataron un aumento de casos de ansiedad, depresión y estrés entre personas en paro o con empleos precarios .
- El coste del estrés laboral: La propia UGT advirtió en su momento que la reforma, al aumentar la inseguridad en el empleo, incrementaría las patologías psíquicas y el coste para el sistema sanitario. Citando datos de la Comisión Europea, señalaban que el estrés laboral cuesta en torno al 4% del PIB de la UE, y que un aumento de la precariedad acabaría generando más gasto sanitario y en prestaciones, justo lo contrario de lo que buscaba la reforma .
En síntesis
Sí es posible cuantificar parte del daño, aunque de forma fragmentada. Los indicadores más sólidos apuntan a:
- Un exceso de mortalidad por quitarse la vida en los colectivos más expuestos a la nueva legislación laboral (jóvenes poco cualificados que entraron al mercado tras la reforma), con incrementos estimados de en torno al 25% a largo plazo .
- Una pérdida de bienestar material constatable: los hogares españoles no pudieron asegurar su consumo ante el desempleo del sustentador principal, y la caída del gasto se prolongó durante años .
- Un deterioro de la salud mental de la población trabajadora y desempleada, reflejado en el aumento del consumo de psicofármacos y en el coste que el estrés laboral genera para el sistema sanitario .
Lo que no existe es una cifra única que sume "todo el daño personal y familiar" atribuible exclusivamente a la reforma de Báñez, porque la crisis económica y los recortes del mismo periodo actuaron como factores entrelazados. Pero la evidencia disponible permite afirmar que la reforma
no fue neutral para la salud, la economía y la estabilidad emocional de muchos hogares españoles.