bewatermyfriend
Forero Paco Demier
- Desde
- 25 Sep 2023
- Mensajes
- 58
- Fruta
- 97
Este mensaje y otros no están disponibles para visitantes. Regístrate para leerlo.
Adjuntos
Archivo oculto para usuarios no registrados
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

Gedeón pasó de trillar trigo escondido a derrotar a los madianitas con 300 hombres y rechazó ser rey. Su hijo Abimelec, en cambio, asesinó a 69 de sus hermanos para proclamarse rey de Israel y murió tres años después por una piedra de molino lanzada por una mujer.
Gedeón pasó de trillar trigo escondido a derrotar a los madianitas con 300 hombres y rechazó ser rey. Su hijo Abimelec, en cambio, asesinó a 69 de sus hermanos para proclamarse rey de Israel y murió tres años después por una piedra de molino lanzada por una mujer.
El Libro de los Jueces cuenta una de esas historias que empiezan con un hombre escondido y acaban con un reino en llamas. Entre los capítulos 6 y 9 está Gedeón, el hijo de Joás, de la tribu de Manasés, y su hijo Abimelec. Dos generaciones, dos formas opuestas de entender el poder. La primera dice que no lo quiere. La segunda lo mata por conseguirlo.
Israel llevaba siete años sufriendo la opresión de los madianitas. No era una ocupación con gobernador ni guarnición: los enemigos subían cada cosecha, destruían los campos y dejaban al pueblo en la miseria. La respuesta israelita fue clamar a Dios, y la respuesta divina fue un ángel que se apareció a Gedeón mientras trillaba trigo escondido en un lagar. Es decir, trabajaba a escondidas por miedo a que le quitaran hasta el grano.
El ángel lo saludó como «guerrero valiente». Gedeón se presentó como el más débil de su familia. Antes de aceptar el encargo pidió señales, y la más famosa fue la del vellón de lana: una noche el vellón amaneció mojado de rocío con el suelo seco, y a la mañana siguiente al revés. La historia bíblica no escatima en confirmaciones para un hombre que no se fiaba de sí mismo.
Su primera misión no fue militar. Dios le ordenó derribar el altar de Baal y el poste de Asera que tenía su padre. Lo hizo de noche, por miedo. Al amanecer, la gente de la ciudad exigió su muerte y fue su propio padre quien lo defendió con un argumento que suena a desafío: si Baal es un dios, que se defienda solo. De ahí le quedó el nombre de Jerobaal, «que Baal contienda contra él».
Después llegó la guerra. Gedeón reunió a 32.000 guerreros para enfrentar a los madianitas. La cifra era respetable, pero Dios le dijo que eran demasiados, porque Israel podría jactarse de haber vencido con su propia fuerza. Primero volvieron a casa 22.000 hombres que tenían miedo. Quedaban 10.000. La segunda criba fue junto al agua: se quedaron solo los 300 que lamieron el agua con la mano como perros, en lugar de arrodillarse a beber. Un ejército ridículo para cualquier manual de estrategia.
Gedeón dividió a los 300 en tres escuadrones. Cada hombre llevaba una trompeta, un cántaro vacío y una antorcha escondida dentro del cántaro. A medianoche rodearon el campamento enemigo, rompieron los cántaros, alzaron las antorchas, tocaron las trompetas y gritaron «¡Por el Señor y por Gedeón!». El ruido, la luz y la confusión hicieron el resto: los madianitas empezaron a matarse entre ellos y huyeron.
Tras la victoria, el pueblo quiso hacerlo rey. Gedeón se negó: solo Dios gobernaba a Israel. Con el oro del botín mandó hacer un efod, una prenda sacerdotal, que el pueblo terminó adorando como un ídolo. Israel tuvo 40 años de paz mientras vivió Gedeón, que murió anciano tras tener 70 hijos. El hombre que rechazó la corona dejó, sin querer, la mecha encendida.
Abimelec era hijo de Gedeón y de una concubina de Siquem. A la muerte de su padre no había un líder claro, y él vio el hueco. Convenció a los líderes de Siquem, la familia de su madre, de que era mejor un solo hombre que los 70 hijos legítimos de Gedeón. Con el dinero que le dieron contrató sicarios y asesinó a 69 de sus hermanos sobre una misma piedra. Solo escapó Jotam, el menor.
Jotam subió al monte Gerizim y contó la parábola de los árboles que buscan rey: el olivo, la higuera y la vid rechazan el trono para seguir dando fruto; la zarza lo acepta, ofrece una sombra falsa y amenaza con quemarlo todo. Era una advertencia en toda regla. Los hombres de Siquem proclamaron rey a Abimelec de todos modos. Duró tres años.
La ruptura llegó pronto. Un «espíritu de discordia» enfrentó a Abimelec con los líderes de Siquem, que se rebelaron bajo el mando de un tal Gaal. La represión fue brutal: destruyó Siquem, sembró sus campos con sal y quemó la torre de la ciudad con un millar de personas dentro. Después puso cerco a Tebes. Al acercarse demasiado a la torre fortificada, una mujer le lanzó desde lo alto un pedazo de piedra de molino y le rompió el cráneo.
Herido de muerte por una mujer, lo que para un guerrero de la época era una deshonra total, llamó a su escudero: «Saca tu espada y mátame, para que no se diga de mí: “Una mujer lo mató”». El escudero lo atravesó. Así terminó el rey que su padre no quiso ser. La historia de Gedeón y Abimelec es, al final, la de dos hombres que se enfrentaron al poder de manera opuesta, y la de un pueblo que en ambos casos acabó adorando algo que no debía.
Este mensaje y otros no están disponibles para visitantes. Regístrate para leerlo.