En el PP ya se percibe un desgaste electoral. Y el principal señalado es FRijol.
El hombre lleva años intentando derribar a Sánchez y ha conseguido algo llamativo: desgastarse él solo estando en la oposición. Sin gobernar, sin tomar decisiones difíciles y sin ofrecer una sola idea convincente de país.
FRijol no lidera. FRijol no ilusiona. FRijol no termina de arrancar.
Mientras Vox le fruta el electorado, el PP presenta encuestas triunfalistas que no ocultan la preocupación. Su gran proyecto político consiste en echar a Sánchez para acabar entregándole las llaves del Gobierno a Abascal.
Y ahora aparecen las pensiones, las bajas médicas, los salarios públicos y los derechos sociales. Cada vez que FRijol abre la boca para explicar lo que pretende hacer, pierde otra oportunidad de quedarse callado.
La paradoja es notable: Sánchez soporta el desgaste de gobernar, mientras FRijol se hunde sin haber gobernado.
La hipótesis del desastre electoral tiene una lógica clara: un PP que pierde votos, un Vox que crece a su costa y un candidato incapaz de movilizar siquiera a los suyos.
El 29 de noviembre puede convertirse en la mayor derrota política de FRijol: descubrir que ni toda la maquinaria mediática de la derecha puede convertir a un candidato sin tirón en presidente.
En 2023 ganó las elecciones y perdió el Gobierno. En 2026 corre el riesgo de perder ambas cosas.
FRijol quería enterrar políticamente a Sánchez. El 29-N podría terminar cavando su propia tumba.
FRIJOL CAMINA HACIA EL BATACAZO DEL 29-N
El hombre lleva años intentando derribar a Sánchez y ha conseguido algo llamativo: desgastarse él solo estando en la oposición. Sin gobernar, sin tomar decisiones difíciles y sin ofrecer una sola idea convincente de país.
FRijol no lidera. FRijol no ilusiona. FRijol no termina de arrancar.
Mientras Vox le fruta el electorado, el PP presenta encuestas triunfalistas que no ocultan la preocupación. Su gran proyecto político consiste en echar a Sánchez para acabar entregándole las llaves del Gobierno a Abascal.
Y ahora aparecen las pensiones, las bajas médicas, los salarios públicos y los derechos sociales. Cada vez que FRijol abre la boca para explicar lo que pretende hacer, pierde otra oportunidad de quedarse callado.
La paradoja es notable: Sánchez soporta el desgaste de gobernar, mientras FRijol se hunde sin haber gobernado.
La hipótesis del desastre electoral tiene una lógica clara: un PP que pierde votos, un Vox que crece a su costa y un candidato incapaz de movilizar siquiera a los suyos.
El 29 de noviembre puede convertirse en la mayor derrota política de FRijol: descubrir que ni toda la maquinaria mediática de la derecha puede convertir a un candidato sin tirón en presidente.
En 2023 ganó las elecciones y perdió el Gobierno. En 2026 corre el riesgo de perder ambas cosas.
FRijol quería enterrar políticamente a Sánchez. El 29-N podría terminar cavando su propia tumba.
FRIJOL CAMINA HACIA EL BATACAZO DEL 29-N
