Moncloa admite: la crisis de la vivienda es “imposible” a medio plazo
El problema de la vivienda en España no tiene arreglo a corto ni a medio plazo. No es un titular de la oposición: lo reconocen en privado fuentes del propio Gobierno, después de revisar informes y estimaciones. La falta de pisos sociales es «un problema imposible de resolver en el corto y medio plazo», admiten. Y el matiz importa:
no es una condena técnica, es el resultado de una parálisis política que nadie mueve.
Por qué Moncloa dice que no puede construir más vivienda social
No hay mano de obra para construir, no se consigue poner en marcha el parque que hace falta, sostienen esas fuentes, que añaden que solo un pacto de Estado a largo plazo desatascaría la situación. Un pacto que, hoy,
ambas partes descartan. Desde el PP la respuesta es tajante: «Nada que pactar con este PSOE». El Ejecutivo tampoco lo va a ofrecer, según el relato que traslada
El Mundo.
Mientras, los dos decretos aprobados —
prórroga de los contratos de alquiler, Estado como prestamista de las familias y rebaja del IVA a la construcción— se venden como alivio inmediato. Son, en la práctica,
parches para una coyuntura de indignación ciudadana, no una política de vivienda.
200.000 familias nuevas al año frente a 95.000 viviendas
Los números explican la urgencia mejor que cualquier discurso. En España se crean
más de 200.000 familias nuevas cada año y solo se construyen 95.000 viviendas, de modo que el déficit no deja de crecer. El Banco de España habla ya de un desajuste superior a 700.000 viviendas.
La conclusión que se repite es incómoda: habría que construir el triple de lo que se levanta ahora, y hacerlo con tipologías asequibles y públicas. Solo un parque grande de alquiler por renta presionaría los precios a la baja. El cálculo completo, desglosado partida a partida, deja una diferencia que sorprende a quien lo mira con calma.
El artículo 47 y el suelo que nadie moviliza
La Constitución obliga a los poderes públicos a regular «la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación». Leída hoy, la frase da risa, pero es la clave del asunto. La especulación no se evita tapando goteras legales del alquiler con reales decretos, sino poniendo suelo a disposición de la demanda con
vivienda pública que no salga nunca al mercado libre.
Hace veinte años eso solo lo proponía IU; los llamaban
bolcheviques, estatistas o locos. Hoy hasta el PP dice estar de acuerdo en disparar la edificación asequible y una mayoría amplísima del Congreso aboga por una nueva ley de suelo. El consenso existe en el papel. No en la práctica.
Reemigración masiva o caos: el tercer carril del debate
Hay una tercera vía que gana peso en la conversación pública: que el problema no es de oferta sino de demanda, y que esta se dispara por la llegada de población. Una parte del análisis sostiene que España ha pasado de 44 a 50 millones de habitantes y reclama volver a 30-35 millones. Otra corriente responde que la causa real es la falta de construcción pública. Son dos marcos incompatibles y, hoy, sin traducción política.
Un pacto que nadie firma y una cuenta que alguien pagará
A largo plazo, todo el mundo firma un pacto de Estado que nadie quiere negociar ahora. Si algo cambia, será por presión social —la acampada de la Puerta del Sol se desmonta, pero el malestar no— o por un giro electoral que reordene las prioridades. Si nada cambia, la brecha anual entre familias y viviendas seguirá abriéndose. Y esa factura, antes o después, la acaba pagando el inquilino.