Felipe VI: «hay cosas que hoy en día no pueden hacernos sentir orgullosos»
¿Puede un jefe de Estado pedir perdón por lo que hicieron sus antepasados hace cinco siglos? Felipe VI lo ha intentado y el resultado ha sido un terremoto. Sus palabras —hubo «mucho abuso» durante la conquista y «hay cosas que hoy en día no pueden hacernos sentir orgullosos»— han caído como una bomba entre quienes consideran que la Corona no tiene nada que expiar. La reacción no se ha hecho esperar: desde el «traidor masón» hasta el «felpudo», pasando por quien pide directamente la abolición de la
Monarquía.
Qué dijo exactamente el Rey y por qué ha indignado
El discurso del Rey ha sido interpretado por buena parte de los críticos como una asunción del relato que los países hispanoamericanos llevan décadas utilizando para presionar a España. La frase clave —«hay cosas que hoy en día no pueden hacernos sentir orgullosos»— ha sido leída como una admisión de culpabilidad colectiva que, según los sectores más críticos, no corresponde a quien ostenta la Jefatura del Estado. La indignación no es tanto por reconocer excesos históricos, que nadie niega, como por el marco: un acto oficial en el que el Rey parece asumir el papel de acusado.
Hay quien sostiene que la Corona no tiene por qué responder por hechos ocurridos bajo monarquías anteriores y en un contexto jurídico completamente distinto. El argumento es simple: si vamos a juzgar a los muertos por los estándares de hoy, nadie se salva, empezando por los propios imperios que ahora señalan con el dedo.
La comparación con otras potencias coloniales que nadie quiere hacer
Uno de los argumentos más repetidos es que España no exterminó a las poblaciones indígenas, sino que las incorporó jurídicamente a la Corona. Hay quien sostiene que la
Real Provisión de 1500 declaró a los indígenas ciudadanos del reino y abolió su esclavitud, algo que no hizo ninguna otra potencia colonial de la época. El mestizaje masivo —hoy visible en la composición demográfica de toda Hispanoamérica— es la prueba más citada de que el modelo español fue de integración, no de exterminio.
La comparación con el modelo anglosajón es inevitable. Mientras España mezclaba sangre y lengua, las colonias británicas en Norteamérica aplicaban políticas de desplazamiento y exterminio que redujeron a los pueblos nativos a reservas. El detalle de que hoy no haya «amerindios» masivos en Estados Unidos pero sí en México o Perú no es un accidente: es el resultado de dos modelos opuestos.
El problema de pedir perdón por lo que hicieron otros
La crítica más incisiva no va contra el reconocimiento de abusos, sino contra la utilidad política de hacerlo. Si el Rey admite culpa, ¿qué impide que mañana se exija una indemnización? ¿O que se utilice esa admisión como arma diplomática en cualquier negociación? La pregunta que sobrevuela es para qué sirve un jefe de Estado que se disculpa por hechos que no cometió y que no puede reparar.
Hay quien compara la situación con la de un alemán cuyos antepasados emigraron a Argentina en el siglo XIX y al que un descendiente de jerarcas nazis le exigiera disculpas por el Holocausto. La analogía es exagerada, pero captura el absurdo de la responsabilidad heredada: nadie elige a sus bisabuelos.
La Monarquía como institución en cuestión
El episodio ha reavivado el debate sobre la utilidad de la Corona. Para algunos, es la prueba definitiva de que la institución no defiende los intereses de España. Para otros, es simplemente un error de comunicación de un Rey que no termina de encontrar su papel. Lo que nadie discute es que el daño reputacional existe y que la oposición lo va a explotar.
La paradoja es que quien debería defender la historia española es el primero que parece pedir perdón por ella. Y eso, en un país donde la memoria histórica es campo de batalla política, no se perdona fácilmente.
Al final, la pregunta no es si hubo abusos —los hubo, como en toda conquista—, sino si el Rey de España es el encargado de reconocerlos. Con esta intervención, Felipe VI ha conseguido que hasta los que nunca se habían planteado la República se lo estén pensando.
Un logro, sin duda.