Sequía en España: el agua caída no frena la evaporación
España ha pasado en pocos meses de los suelos resquebrajados y los campanarios emergiendo de pantanos vacíos a abrir compuertas para evacuar agua. La paradoja tiene explicación técnica: las lluvias extraordinarias de marzo, sumadas a las del otoño anterior, han aliviado en parte la sequía, pero no la han cancelado. El Informe Clivar-Spain, coordinado por una decena de científicos españoles y apadrinado por la Oficina Española de
Cambio Climático y el Ministerio para la Transición Ecológica, concluye que la escasez de agua volverá y lo hará con más frecuencia y severidad. La razón no es que llueva menos, al menos de momento, sino que
la temperatura del aire ha subido lo suficiente para que la atmósfera demande más evaporación.
Qué dice el informe Clivar-Spain sobre la sequía
El documento, de 366 páginas y presentado en su cuarta edición tras las de 2006, 2010 y 2017, analiza más de 200 referencias científicas. Joaquín Bedia, del grupo de Meteorología y Computación de la Universidad de Cantabria y uno de sus autores, resume que ocho años después de la anterior entrega el corpus bibliográfico es mucho más amplio y los modelos han ganado resolución, pero las conclusiones confirman las tendencias ya apuntadas. Entre ellas, que
el siglo XXI ha registrado la mayor frecuencia de sequías graves de los últimos 150 años.
El mecanismo es contraintuitivo y por eso se presta a confusión. Las cantidades de precipitación se han mantenido en torno a los valores promedio, pero las temperaturas más altas provocaron una mayor demanda evaporativa atmosférica, lo que derivó en sequías más largas e intensas. Es decir: llueve parecido, pero el suelo y las masas de agua retienen menos. A ese proceso se suman los cambios en usos del suelo y en la vegetación, según el propio informe.
Por qué llueve más y aun así se habla de sequía
La discusión pública se ha enredado en una aparente contradicción: si los embalses se desbordan, ¿de qué sequía se habla? El informe responde que España siempre ha estado sometida a periodos de sequía que vienen y van, lo que conduce a un estado de estrés hídrico semipermanente. Lo nuevo es la tendencia. Las proyecciones indican que las condiciones de sequía serán más frecuentes y graves, y que las lluvias medias disminuirán a lo largo de este siglo.
El resultado apunta a climas más áridos en buena parte del territorio.
Hay quien sostiene que el patrón de precipitaciones siempre ha sido irregular y que la construcción de pantanos responde precisamente a esa irregularidad histórica. En contra pesa el argumento, defendido por algunos participantes en el debate, de que la irregularidad ya no es la misma: la anticipación térmica adelanta el estrés hídrico de los cultivos a abril, y la lluvia torrencial de invierno se pierde como escorrentía antes de infiltrarse. El cereal de secano, que ocupa la mayor parte de la superficie cerealista, depende de lluvias equinocciales y de un invierno frío que controle plagas y malas hierbas.
Incendios, agricultura y turismo: los impactos que ya se miden
Las consecuencias no se limitan al grifo. Las proyecciones climáticas recogidas en el informe indican un aumento de las condiciones de peligro de incendios, con fuegos más frecuentes y extremos y temporadas de riesgo más largas, que se extienden hasta junio y, en menor medida, septiembre. La agricultura y el turismo aparecen como sectores expuestos, aunque el documento insiste en que el impacto alcanza también a la biodiversidad.
La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, subraya en la nota de presentación que este cambio climático lo ha provocado exclusivamente el ser humano y que se sabe lo que hay que hacer. La receta es reducir emisiones de gases de efecto invernadero. Cuánto más aumente su acumulación en la atmósfera, peores serán las consecuencias, según los escenarios analizados.
El calentamiento en España corre más rápido que la media mundial
Un dato que el informe repite: la temperatura del aire en España se ha ido calentando desde la década de 1980 a un ritmo superior a la media mundial, y las aguas oceánicas se han calentado más rápido en la Península ibérica que el promedio global. Esa velocidad diferencial explica que las condiciones climáticas sean cada vez más severas en términos de frecuencia e intensidad de sequías y calores extremos. Los autores recalcan que se hace imprescindible un seguimiento riguroso de la evolución del clima en el territorio.
La discusión de fondo no es si llueve, sino cuánta de esa lluvia queda disponible. Y ahí el margen de mejora no está en el cielo.
¿Sirve de algo llenar los pantanos si el agua se evapora antes de llegar al grifo?