El 86% de los españoles encuestados pide medidas climáticas
En España, 86 de cada 100 encuestados piden endurecer los compromisos climáticos. En México sube al 88%, en Argentina baja al 83% y en Estados Unidos se queda en el 66%. La macroencuesta del PNUD y la Universidad de Oxford, con 75.000 personas de 77 países, deja un titular que suena a mandato ciudadano. El 72% reclama acelerar la sustitución de combustibles fósiles por renovables; solo un 7% cree que no hay que sustituirlos. En España, ese apoyo a la transición rápida alcanza el 77%.
De la encuesta al IRPF: el consenso se estrella
La distancia entre lo que se declara en una encuesta y lo que se firma en una declaración de la renta es el verdadero objeto de estudio. Hay quien sostiene que basta con poner una casilla voluntaria en el IRPF para comprobar cuánto queda del 86% cuando el compromiso cuesta dinero. La propuesta circula con retintín: si el apoyo es tan sólido, la recaudación debería dispararse. Nadie ha hecho la prueba.
El paralelismo con la pandemia flota en el ambiente. El 86% de los españoles aceptó el confinamiento y las restricciones, recuerda un mensaje. Aquel porcentaje no midió convicción ecológica, sino miedo, inercia y presión social. Aplicar la misma lógica al clima sugiere que el respaldo declarado en una encuesta telefónica no anticipa sacrificios concretos.
La sospecha sobre el método es el hilo conductor de casi todas las réplicas. Que la encuesta la firme el PNUD y la Universidad de Oxford no la blinda: la misma Oxford que propone menús sin carne y ciudades sin coches, ironiza un mensaje. La selección de la muestra, el lugar donde se hizo el trabajo de campo y la redacción de las preguntas condicionan el resultado. Si preguntas «¿debería su país fortalecer sus compromisos?», la respuesta socialmente aceptable es sí. Si preguntas «¿está dispuesto a pagar 200 euros más al año?», la cosa cambia.
China, Rusia y EE UU: los que no piden nada
El dato más incómodo del sondeo es el de los países que no piensan moverse. En Rusia, solo el 16% apuesta por una transición rápida o muy rápida; en Irak, el 43%. En Estados Unidos, el 54%. Son los tres grandes productores de combustibles fósiles que marcan el ritmo real del mercado. Que el 75% de los saudíes o el 80% de los chinos quieran acelerar no cambia una realidad: las decisiones de inversión en carbón, petróleo y gas se toman en Moscú, Riad y Houston, no en una encuesta.
La conclusión que extrae buena parte del análisis es que el 86% español no es un mandato, sino una foto del deseo. El mismo ciudadano que pide medidas urgentes se enfada cuando le prohíben entrar al centro de Madrid con su coche diésel, se queja del precio de la luz y reserva un vuelo a Tenerife en agosto. No es hipocresía: es que nadie ha puesto sobre la mesa el menú completo con precios.
El coste que no aparece en el cuestionario
Prohibir el petróleo paraliza el transporte, dispara el precio de los alimentos y encarece los medicamentos. No es una predicción catastrofista: es la cadena de suministro actual. Los partidarios de la transición rápida argumentan que el coste de no actuar es mayor. Los críticos responden que el coste de actuar lo pagarán los mismos que piden medidas, y que la élite que las diseña no renunciará a su Falcon ni a su piscina.
El ejemplo de la embajada en Mauritania —piscina llena a diario, achacada a la evaporación— circula como prueba de que las exigencias climáticas se aplican a los demás. No es un dato del sondeo, pero explica por qué el 86% suena a música celestial para unos y a propaganda para otros.
Al final, la cifra que descoloca no es el 86% español. Es el 16% ruso. Mientras Moscú no mueva ficha, el resto es literatura.