El independentismo vasco cae al 19% y la inmigración ya es el quinto problema
¿Se está apagando de verdad el sueño independentista en Euskadi o es solo que ya nadie lo llama así? El Sociómetro del Gobierno vasco, en su primera entrega tras la investidura de Imanol Pradales, deja un dato que los partidos nacionalistas llevan meses intentando digerir: solo el
19% de los vascos se declara a favor de la independencia, frente al 23% que lo hacía en febrero de 2024. El rechazo a la ruptura con España sube al 42%, cuatro puntos más que hace nueve meses. Y la autodeterminación, esa prioridad que PNV y EH Bildu llevan en el programa, solo preocupa al
3% de los encuestados.
Qué dicen los datos del Sociómetro vasco
El sondeo, elaborado por la Presidencia del Ejecutivo autónomo, dibuja una sociedad que mira más a la nómina que a la bandera. Las prioridades declaradas son
sanidad (44%), vivienda (32%) y desempleo (31%). La autodeterminación, ese debate que el PNV pretende reactivar, se queda en un residual 3%. Y hay un dato que rompe el relato de los bloques: el
42% se siente tan vasco como español, la identidad mixta gana por goleada a cualquier opción excluyente.
La letra pequeña del Sociómetro trae otra novedad que los partidos llevan semanas oliendo en la calle: la
inmigración escala al quinto puesto de preocupaciones, con un
16%, cuando hace apenas nueve meses era la novena con un 7%. La delincuencia también sube al 19%, consolidando esa sensación de inseguridad que la oposición y los sindicatos policiales llevan tiempo aireando. En un mismo movimiento, la sociedad vasca se aleja del relato identitario y se acerca a los problemas que le quitan el sueño de verdad.
Pradales recupera al PNV tras el susto electoral
El Sociómetro también mide el efecto Pradales. El lehendakari es conocido por el
77% de los encuestados, muy por encima del 51% que alcanzan Pello Otxandiano (EH Bildu) y Eneko Andueza (PSE-EE). En valoración de atributos, el diálogo le da un 5,9 de media; la honestidad, un 5,5; la confianza, un 5,3; el liderazgo, otro 5,3; y la eficacia, un 5,2. El 72% le reconoce bastante o mucha capacidad para cambiar las cosas.
En intención de voto, el PNV obtendría
28 parlamentarios (uno más que en abril) y EH Bildu se quedaría en 27, estancada según el sondeo oficial. El susto de las autonómicas, cuando los de Otxandiano se quedaron a
29.000 votos del sorpasso, parece haberse digerido con la marca Pradales como argamasa.
El voto nacionalista baja, pero el independentismo no desaparece
La lectura no es unánime. Hay quien sostiene que en las últimas elecciones el voto nacionalista (PNV más EH Bildu) descendió más de
30.000 votos y que ese es el principio del fin. Otros matizan que el 19% independentista convive con un porcentaje mucho mayor que no se opone frontalmente a la independencia, simplemente no la prioriza. La abstención, que en Euskadi se mueve entre el
40% y el 50% según comicios, es el verdadero partido mayoritario, y ahí nadie sabe qué se cocina.
El cálculo más pesimista para el nacionalismo apunta a que las generaciones más jóvenes, más pendientes de la nómina y menos del relato, están restando base al proyecto soberanista. El más optimista recuerda que el PNV sigue siendo primera fuerza y que el retroceso independentista es lento, pero real. En medio, una certeza: el debate sobre la autodeterminación no mueve a las masas que otros partidos presuponen.
Inmigración y delincuencia: el nuevo eje del debate vasco
El ascenso de la inmigración como preocupación ciudadana no es un fenómeno exclusivo de Euskadi, pero en el contexto vasco tiene una lectura particular. Una parte del electorado nacionalista ve con recelo que la llegada de población migrante diluya el sustrato cultural que justifica su propio proyecto. Otra parte, más pragmática, lo enfoca como un problema de integración y servicios públicos. El Sociómetro no entra en causas, solo constata que el tema ha pasado del noveno al quinto puesto en nueve meses.
La delincuencia, con un 19%, refuerza esa percepción de inseguridad que los representantes sindicales de la Ertzaintza llevan meses denunciando. Los partidos de la oposición han encontrado ahí un filón: si la preocupación por la seguridad crece, el relato de la gestión nacionalista se agrieta. El Gobierno vasco, por ahora, se limita a constatar los datos y a confiar en que la figura de Pradales amortigüe el desgaste.
Qué pasa con el cupo y el agravio fiscal
En el trasfondo económico del debate aparece el cupo vasco, ese sistema de financiación que algunos consideran un privilegio histórico y otros un agravio comparativo. La discusión sobre si Euskadi aporta o recibe del resto de España se cuela en cualquier conversación sobre el modelo territorial. Los datos del Sociómetro no miden eso, pero la preocupación por la vivienda y el empleo en una comunidad con hacienda propia sugiere que el ciudadano medio no ve la conexión entre fueros y bienestar cotidiano.
Hay quien argumenta que sin el cupo, el independentismo perdería su principal incentivo material. Y quien responde que el cupo es precisamente lo que hace innecesaria la independencia: con competencias plenas en sanidad, educación y hacienda, la ruptura formal aportaría poco. Esa es, quizá, la paradoja que mejor explica el 19%: para muchos vascos, la independencia ya no es una necesidad, es un símbolo.
Con estos mimbres, el cesto del nacionalismo vasco se sostiene más por inercia institucional que por empuje social. La inmigración sube, el independentismo baja y Pradales sonríe en las encuestas. Todo cuadra, salvo que alguien vuelva a preguntar para qué sirve entonces la autodeterminación.