El BCE cae en la 'trampa': por qué no servirán los tipos de interés en negativo
La entidad comenzó a discutir la semana pasada la posibilidad de poner los tipos de interés en negativo, un experimiento que han repetido otros países como Japón, con escaso resultado
Los
tipos de interés negativos han pasado de ser un ‘experimento mental’ a una realidad en la última década. La carrera de los estímulos monetarios llevó a Japón a poner el ‘precio del dinero’ en negativo en 2016. O lo que es lo mismo: pagar a los bancos por prestarles dinero. Ya hay tres países más con tipos negativos: Suiza, Dinamarca y Suecia (en su caso fue para evitar una apreciación de su moneda contra el euro), y ahora es el Banco Central Europeo quien
valora esta opción.
Algunos miembros del Consejo de Gobierno pusieron esta alternativa sobre la mesa como una fórmula para evitar el ‘encefalograma plano’ de la economía europea. Aunque todavía no se ha adoptado, no se puede descartar que en los próximos meses no se vaya a poner en marcha. El presidente de la entidad,
Mario Draghi, advirtió que “el BCE está determinado a actuar en caso de contingencias adversas”. Poca broma.
El problema es que esta medida, tan contundente,
tendrá un efecto limitado, como bien muestra la literatura económica y la experiencia de Japón. El principal problema es que los efectos de la política monetaria son decrecientes, esto es, cada movimiento tiene menor impacto que el anterior. El BCE ha llegado ya muy lejos, más que nunca, de modo que un movimiento más a la baja tiene poca capacidad para estimular el crédito.
El objetivo de bajar los tipos de interés es que fluya el dinero desde los bancos
hacia la ‘economía real’, esto es, empresas y familias. Sin embargo, los bancos ya tienen el tipo de depósito, esto es, la remuneración que da el BCE al exceso de liquidez, en negativo (en el -0,4%). Esto es, los bancos ya tienen que pagar por acumular liquidez. Si este incentivo no es suficiente para estimular el crédito, difícilmente puede lograrlo el tipo de interés negativo.
El problema no es que los bancos no quieran prestar dinero, es que
no existe demanda de calidad suficiente como para elevar más la cartera de préstamos. Al mismo tiempo, los reguladores establecen cada vez más requerimientos de capital a los bancos por sus activos, lo que hace que eviten préstamos de riesgo.
El BCE se enfrenta a rendimientos decrecientes en su política expansiva y la mejor prueba de ello es la experiencia de Japón
“El Banco Central Europeo se enfrenta a
rendimientos decrecientes en su política expansiva”, explica Rafael Doménech, responsable de análisis macroeconómico de BBVA Research, “la mejor prueba de ello es Japón y cómo no consigue salir de los bajos niveles de inflación”.
En Japón hay tipos negativos desde 2016, pero llevan años en niveles muy bajos para intentar reanimar la inflación. Sin embargo, los resultados han sido inexistentes. Es cierto que podría haber sido peor en un escenario alternativo con unos tipos más altos, pero la realidad es que la
inflación lleva años por debajo del 1%. Los estímulos monetarios del Banco de Japón han fracasado a la hora de generar la esperada reflación. En los últimos años, los únicos picos de inflación que ha vivido el país han sido
consecuencia de las subidas de impuestos al consumo, no por presiones inflacionistas.
En Europa, el BCE se enfrenta a una situación similar. Sus intentos para estimular la inflación y la economía han dado escaso resultado. De hecho, la entidad ya ha realizado sus inyecciones de liquidez a los bancos (TLTRO) con tipos de interés en negativo. Esto es: el eurobanco
ya está pagando a los bancos por prestarles dinero y los resultados han sido limitados.
[Los inversores prevén tipos negativos del BCE a comienzos de 2020]
El problema es que la mayor parte de esa liquidez
se queda en activos financieros y no llega a la economía real. Es la 'trampa de la liquidez' en la que están atrapados algunos bancos centrales. Consiste en que cuando los tipos de interés están ya muy bajos, los ahorradores tienen preferencia por el dinero líquido en vez de invertirlo. En la actualidad ocurre algo similar, con la excepción de que en vez de atesorar liquidez,
los ahorradores adquieren activos financieros que sean también líquidos, que sería lo más parecido a tener efectivo. Por ejemplo, bonos soberanos. De esta forma, el dinero que crea el BCE
se queda en los mercados financieros y no llega a la economía real.
Los bancos justifican esta decisión en que no existe suficiente demanda solvente de crédito como para poner este dinero a circular y que, las exigencias de capital establecidas por los reguladores, complican todavía más el flujo de crédito. La
política monetaria llega hasta aquí, y ya ha logrado mucho en estos años, pero la reactivación de la economía necesita de un impulso mayor.
El presidente del BCE repite en todas sus intervenciones que es necesario que la política fiscal y la política económica contribuyan a reactivar el PIB. Draghi ha solicitado que el diseño de la política fiscal, tanto ingresos como gastos, sea más proclive al crecimiento. Por ejemplo, los impuestos indirectos son más regresivos pero tienen menor impacto sobre la actividad económica. Pero no solo eso: hace falta
retomar la agenda de reformas estructurales que lleva años estancada, tanto en España como en Europa. Y en esto, la política del Banco Central Europeo tiene buena culpa.
Los estímulos monetarios han rebajado tanto los tipos de interés que los países del euro incluso
cobran a los inversores por su deuda. Esta situación de calma en los mercados ha generado una gran complacencia entre los líderes políticos, que ya no se ven presionados a adoptar reformas para salir de la crisis. En España, por ejemplo, las medidas que se adoptaron entre los años 2009 y 2012 no se entenderían si no es en el contexto de una grave crisis económica.
Un movimiento más a la baja del Banco Central Europeo tendrá escaso éxito a la hora de reactivar la economía y la inflación. El recorrido de las políticas de demanda se está revelando limitado, ya que no están sirviendo para estimular la inversión ni el consumo. Y las
políticas de oferta, que deberían servir para ganar productividad, están paralizadas. El escenario se complica todavía más si se tiene en cuenta que el envejecimiento todavía frena más la inversión y la efectividad de las políticas fiscales de demanda.
En Japón, el
envejecimiento ha hundido los tipos de interés reales, y Europa va por el mismo camino. "A largo plazo, los tipos de interés reales
dependen del crecimiento de la población y de la productividad y ambas están estancadas", señala Doménech, "de esta forma, el BCE se ve atrapado en el 'zero lower bound' (limite inferior cero para los tipos de interés)".
El BCE cae en la 'trampa': por qué no servirán los tipos de interés en negativo
Y lo que pasa en japón:
Japón tiene tantos hogares vacíos que los está regalando.
En Japón, hay demasiados hogares y no hay suficiente gente para vivir en ellos.
Este exceso de vivienda, conocido como akiya, ha llevado a que en algunos casos se entreguen casas.
La demanda de viviendas en ciudades provinciales, comunidades rurales y áreas suburbanas ha disminuido. Esto se debe en parte a las personas que gravitan hacia las ciudades. Y si no hay demanda, los valores se desploman. No hay incentivo para adquirir una casa antigua que puede haber sido heredada luego de la gloria de un familiar, por ejemplo. Y así las casas quedan vacías. Las autoridades locales se encuentran en una situación de captura 22: sin el permiso de los propietarios, no pueden intervenir para hacer cumplir la renovación o incluso la demolición de una propiedad vacante.
Entonces, si alguien se muda a Tokio, por ejemplo, pero termina heredando una casa en otra ciudad luego de la gloria de un familiar, puede optar por ignorar la herencia, especialmente si quiere evitar tener que pagar el impuesto de segunda residencia que se cobra. en Japón.
A menos que se conozca la propiedad de una propiedad, las autoridades no pueden tomar ninguna acción para demoler o comprar viviendas desocupadas, y no hay penalidades por no registrar un cambio de propiedad.
Pero el factor más importante en todo esto es el cambio demográfico. El tamaño de la población japonesa creció exponencialmente en el siglo XX de alrededor de 40 millones a 127 millones,
pero ahora está cayendo rápidamente . A su ritmo actual de disminución, caerá en un tercio a 85 millones en 2100, y si esa tendencia no se detiene en 2300, solo quedarán 8,5 millones de japoneses.
En 2008, había
7,5 millones de casas vacías en Japón . Para 2013, había alcanzado los 8,2 millones. Ese número incluye todas las viviendas vacías: habitaciones para alquilar, pisos, y no solo casas, de las cuales se cree que hay alrededor de 2,2 millones actualmente vacías .
En todo Japón, los agentes de bienes raíces ofrecen casas en línea gratuitas, y los nuevos propietarios solo deben pagar los impuestos y las tarifas de los agentes. Muchas de las casas necesitan reparación, después de haber estado vacías por algún tiempo.
Pero a menos que el declive de la población del país se revierta, es poco probable que haya una afluencia de demanda para ellos, independientemente de su precio de venta inexistente.
Japón no es el único país que trata de equilibrar demasiadas casas y muy pocas personas. En
varias partes rurales de Italia , ha habido una serie de obsequios de vivienda, incluidas las casas que se venden por solo 1 €.
Quizás eso no sea sorprendente. Con una edad media de 46,3 años, Japón tiene la población más antigua del mundo . Italia ocupa el segundo lugar, con una edad media de 45,9.
A diferencia de Japón, Italia tiene una historia de absorción de las poblaciones de migrantes en su propio. Si bien Japón ha hecho relativamente poco para alentar a los forasteros a establecerse, Italia tiene un estimado de cinco millones de miembros no nativos de la población . Eso es alrededor del 8% de su población actual. Si Japón quiere evitar descensos catastróficos de la población, puede tener que considerar permitir que más forasteros se establezcan de manera permanente.
Japan has so many empty homes it's giving them away