Está claro que
las bases sobre las que se construyó el sistema no se sostienen:
- Los
bonos soberanos no funcionan como refugio en un shock inflacionario.
- El
crédito privado prometió una liquidez que no puede ofrecer.
- El
mercado del oro fija precios a través de un COMEX donde menos del 5% de los contratos se liquidan con entrega física. Eso siempre fue así, los futuros existen para gestionar riesgo, no para mover metal. Pero la exageración de derivados, ETFs y trading algorítmico ha convertido lo que era una característica funcional en una distorsión estructural, y hoy el mercado de papel en lugar de reflejar al físico lo domina.
- Los
bancos centrales no pueden recortar cuando la economía lo necesita porque la inflación no les deja. Y esta parálisis es nueva, en 2008 y en 2020 pudieron intervenir a lo grande porque la inflación era inexistente, pero esa puerta hoy está cerrada.
El sistema se está adaptando, como ha hecho siempre, veremos si lo suficiente para estos shocks que están llegando.
El problema con el oro es que existen dos mercados con dos precios que dicen cosas contradictorias, y la mayoría de la gente solo ve uno.
El precio del papel dice que el oro vale menos esta semana porque los fondos apalancados necesitan cash, los rendimientos suben, y el coste de oportunidad de mantener metal sin rendimiento ha aumentado. Todo correcto.
El precio del físico dice que la demanda de metal no ha bajado, las primas se mantienen, China raciona por volumen y los bancos centrales siguen comprando. Todo correcto también.
Pero los dos no pueden tener razón indefinidamente.
O el físico en algún momento arrastra al papel hacia arriba porque no hay suficiente metal para respaldar los contratos, o el papel arrastra al físico hacia abajo porque el precio de referencia global sigue siendo el COMEX y la gente acepta ese precio como real.
Históricamente, cada vez que esta divergencia se ha abierto de forma significativa (años 70, 2008, 2020) el físico ha ganado.
Pero la historia funciona en escalas de meses o años, no de semanas, y mientras tanto el precio que sale en los titulares, el que mueve las carteras, el que dispara los margin call, es el del papel.
Todo depende del horizonte temporal y la necesidad de liquidez de cada uno.
Quien necesite liquidez en los próximos meses, el precio del papel es su realidad y la volatilidad puede hacerle mucho daño aunque los fundamentales estén de su lado.
Si el horizonte es de años, la convergencia papel-físico, la compra de bancos centrales, la trayectoria de deuda/PIB, y la inevitable represión financiera indican que comprar en correcciones forzadas por liquidación es lo que hacen los que entienden la mecánica, como los chinos haciendo cola para comprar lingotes racionados.
La señal más clara no está en lo que dice el precio, sino en lo que hace la gente con su propio dinero.
El sistema está en una fase complicada donde todo el mundo sabe que
las reglas están cambiando pero nadie sabe todavía cuáles son las nuevas.