Aranceles de Trump: el reinicio que aún no es colapso
El S&P 500 y las bolsas europeas acumulan caídas cercanas al 10% desde el 2 de abril. La cifra impresiona hasta que se compara con lo que el mercado llama una crisis de verdad. «El que lleve unos 25 años operando sabe que esto no es ni de lejos lo vivido en otras ocasiones», resume una de las voces más repetidas del análisis. Para empezar a hablar de algo serio, añade, habría que ver una caída anual del 50% desde máximos. De momento, sentencia, esto es
filfa.
El detonante tiene nombre: la vuelta de los aranceles como herramienta central de la política económica estadounidense. Trump elevó los aranceles a China hasta el 104% con vigencia desde la medianoche, según el mensaje que circuló en el seguimiento del asunto. Pekín respondió que tiene herramientas para neutralizar el golpe. Entre medias, las bolsas asiáticas se tiñeron de rojo: Hong Kong -8,7%, Singapur -7%, Japón -6%, China -5,5%, Malasia -4,2%, Australia -4,1%, Filipinas -4% y Nueva Zelanda -3,6%.
¿Es esto el gran reinicio económico o una corrección más?
No. Al menos no con los números sobre la mesa. La corrección actual se queda corta para los estándares de quien ha visto varias. «Para hablar de reinicio económico tendríamos que hablar de que caen todas un 70%», sostiene otro análisis. El reinicio estricto, ironiza, llegará cuando digan que ni el dólar ni el euro valen nada y la moneda sea otra. Hasta entonces, esto es un ajuste.
Hay quien va más allá y lo llama «corrección sana». La bolsa no puede subir eternamente; si solo sube, no hay aliciente ni para vender ni para comprar. Con ese marco, las caídas son el precio de entrada para volver a acumular. «+2000 pavos para acumular, equilibrar las pérdidas y el mes que viene otra vez en positivo», resume una estrategia que suena a consuelo o a método, según el día.
El efecto real en la economía todavía no ha llegado
Los mercados se mueven por expectativas; la economía real, por hechos. Y los hechos tardan. «Hasta la fecha solamente estamos viendo los efectos en los mercados financieros; el efecto real sobre la economía como pronto lo veremos a principio de mayo, y serán solamente estimaciones», apunta un análisis que pone cifras al comercio en juego: unos 500.000 millones de euros de intercambio entre la UE y Estados Unidos, con una tasa del 20%, frente a unos 425.000 millones que la UE importa de Estados Unidos.
El problema de fondo es qué se importa. Buena parte de esas compras europeas son gas, petróleo y productos energéticos, un flujo que se reconfiguró tras la guerra de Ucrania. La respuesta más eficiente sería volver a comprar hidrocarburos rusos, pero eso exige explicar en Bruselas un giro que nadie quiere dar. El arancel no golpea solo al que exporta: golpea al que necesita energía barata para producir.
El yen, el carry trade y la deuda que nadie mira
Hay un mecanismo menos visible y más peligroso. Japón mantiene los tipos en el 0,5%, la cifra más alta de los últimos 25 años, con una deuda cercana a tres veces su PIB. En Estados Unidos el tipo oficial está en el 4,5%. La diferencia es un negocio redondo: endeudarse en yenes y comprar activos en dólares. Solo con el diferencial, ese 4% es rentable.
Ese flujo, que en octubre de 2024 ya superaba ampliamente el billón, sostiene parte del mercado. Si Japón sube tipos con decisión, la fiesta se acaba. «Subió de 0,25 a 0,50. Imagina una subida más decidida», advierte el análisis. Ahí está el riesgo que no aparece en los titulares de caídas diarias.
El relato del desmantelamiento: qué se está desmontando de verdad
La tesis del gran reinicio tiene varias capas. Una sostiene que se está desmantelando la globalización construida en 80 años. Otra responde que no: «no están desmantelando el globalismo, están desmantelando la locura woke». Una tercera apunta a que lo que se desmonta es el ahorro de millones de personas para volver con más fuerza a una agenda globalista. Y una cuarta, más pragmática, defiende que Trump hace exactamente lo que prometió durante 30 años: replegarse dentro de las fronteras de cada estado-civilización y dejar de financiar guerras ajenas.
En ese marco, la UE no sería el objetivo. «En contra de lo que pueda parecer, Trump no tiene particularmente nada en contra de la UE; lo que no piensa es seguir financiando las guerras y negocios de Bruselas», señala un análisis que cita la propuesta de Musk de avanzar hacia un mercado único entre Estados Unidos y Europa con aranceles cero.
Lo que nadie discute es el coste de recuperar la confianza. «Costará un huevo», resume la frase que mejor captura el ánimo. Los mercados pueden rebotar en una sesión; la credibilidad de un sistema comercial se reconstruye en años. Con estos mimbres, la predicción razonable es más volatilidad y ningún desenlace limpio: ni colapso ni vuelta a la casilla de salida. El que acierte con el timing, que levante la mano.