Michelin a tope, cuentas de 100 euros y chabolas en los parques
kbk82 cena en un restaurante con estrella Michelin y cuenta lo que ve: el sitio
estaba a tope y
ninguna cuenta bajaba de 100 euros. Su conclusión es un corte: eres pobre, y los que se sientan contigo también. En la acera de enfrente, Preñeitor trae otra prueba, esta de signo contrario: este fin de semana se casa una compañera y
más de la mitad de los invitados ha dicho que no va. «Se han quedado tiesos por el verano», dice. Y megadeuda completa el cuadro con lo que vio esa tarde en la plaza Elíptica: un tipo vendiendo algo parecido a chupa chups y otro ofreciendo limpiar el cristal del coche.
Qué se ha sabido
La cena del Michelin, con cuentas de
100 euros por cabeza y el comedor lleno. La boda de Preñeitor, con la lista de invitados cayéndose. La mendicidad de la plaza Elíptica y, según el mismo forero, cada vez más chabolas y tiendas de campaña en los parques. Baobaptis suelta su inventario del verano en su entorno: el viaje estándar ha sido el sudeste asiático,
tres semanas; coches de
30.000; cena fuera todos los fines de semana; un pedido de Amazon por semana; escapadas a Marrakech pidiendo días sin sueldo o asuntos propios; iPhone o Samsung de gama alta,
1.000 euros de móvil como mínimo, más MacBook Pro y tablet. megadeuda añade los suyos:
15 días a Japón uno,
15 días a Tailandia otro. javac desglosa qué entra en 100 euros: carne, postre y vino. LMLights pone en duda las colas de los lanzamientos:
12 euros por estar ahí una hora, y lo atribuye a marketing. J.Murdock hace su balance del turismo: no le llega un maravedí de beneficio y sí ruido, suciedad, transporte y urgencias saturadas. Doctor Nunca sostiene que España se parece cada vez más a Latinoamérica en inflación, deuda, desigualdad y trabajo precario.
Dónde está la bronca
Primer choque:
¿hay dinero o no hay dinero? kbk82 lo tiene claro y da la lista de quienes sí pueden: funcionarios, empresarios, jubilados con buena pensión y patrimonio, hijos de familia bien, empleados de gremios, comerciales, ingenieros. Su argumento es el precio de la vivienda: si nadie tuviera pasta, no se vendería a esos precios. SrPurpuron no le discute la cifra, le discute el enfoque: dice que el dinero de los demás le da igual, que habla de actitudes, y suelta su tesis: el dinero llovido cambia de manos mucho más rápido, y las fortunas de verdad se mantienen siglos cuando nadie aparenta.
Segundo choque:
qué se puede hacer con 100 euros. Avulense64 afirma que se los gasta muchísima gente y que 100 euros no son nada para la mayoría. javac le pone contenido: con eso comes carne, postre y vino. Y añade su propia escala: entre tiempo y dinero, lo que importa es el tiempo.
Tercer choque, el de la terracita. Avulense64 lanza que estar toda la tarde con dos Coca-Colas no demuestra nada. zapatitos le responde que eso no cuela: en una terraza no te dejan, salvo que esté vacía; en un bar de toda la vida sí, y ahí están los mayores con un café y el periódico.
Cuarto, el del barrio. Contra la idea de un Madrid hundido, khalil responde desde el suyo: está todo petado y es de los caros. Habla de dos Madrid, el que vive bien y el otro. llabiegu mete la gasolina y el consumo: suba lo que suba, hay que llevar a la pareja al centro comercial y a hacerse fotos; con el tabaco pasa lo mismo.
Y una bronca lateral, la de los comerciales. Orzoweyyy sostiene que vender es fácil cuando el cliente necesita algo y que el problema es la comisión, que describe como la única religión del gremio; los que de verdad tienen el trabajo difícil, dice, son los que vienen después. J.Murdock cierra su intervención con dos frases: el turismo le molesta y, en esta historia, el pueblo no es inocente.
El inventario de Baobaptis
Su lista es la más concreta del tramo: el viaje estándar del verano en su entorno, tres semanas por el sudeste asiático; coches de 30.000 euros; cena fuera cada fin de semana; un pedido de Amazon semanal con cosas que se olvidan a los dos días; escapadas de fin de semana a Marrakech pidiendo asuntos propios; móvil de gama alta con MacBook y tablet. Su cierre:
a la gente le quema el dinero en las manos. Y remata a quien sostiene lo contrario: que se ponga a trabajar.
Qué cambia respecto a antes
Fuera los coches y el renting: la unidad de medida de este tramo es la cena, la boda y la calle. Lo nuevo es que entra la mendicidad —plaza Elíptica, chabolas y tiendas de campaña en parques— y que el termómetro ya no es el teléfono caro, sino una boda a la que no va la mitad de la lista. También cambia el sospechoso habitual: el turista, y no el vecino, se lleva el reproche de J.Murdock. Y la pelea se ha mudado de «quién gasta mal» a «en qué barrio vives» y «qué haces con 100 euros». Don Vladimir Harkonnen no arregla nada: dice que esto va a más y le pone fecha a una sociedad tipo Soylent Green.