Dos velocidades: terrazas llenas y nóminas que no llegan a fin de mes
En un restaurante de mercado de Sevilla, un grupo de 70 turistas extranjeros hizo una reserva y lo único sólido que pidieron fueron olivas, según relata un participante. En paralelo, la tienda de Apple acumula colas para comprar el nuevo iPhone de 2.000 euros y las carreteras revientan cada fin de semana. Y, al mismo tiempo, hay quien intenta reservar mesa para el sábado y no lo consigue. La pregunta de si hay dinero o no en España tiene dos respuestas ciertas a la vez, y eso es justamente lo incómodo.
El contraste entre el iPhone de 2.000 euros y la bolsa de pipas
La escena se repite: colas en la tienda de Apple para el último modelo, terrazas a rebosar y locales con lista de espera. Frente a eso, el relato de una parte de los asalariados de Madrid es que el sueldo no da para más que dormir, trabajar y volver a dormir. Una vez cubiertas las necesidades básicas, no queda margen ni tiempo para nada más. No es que no haya consumo: es que conviven dos consumos que no se cruzan.
El turismo empuja la primera mitad de esa foto. Según un participante, los visitantes extranjeros dejan dinero en sangrías y ocio, pero buena parte de ese gasto no llega al bolsillo del trabajador de a pie.
La clase media se parte en dos
El análisis más lúcido del asunto no habla de ricos y pobres, sino de la franja intermedia que durante décadas niveló el conjunto. Esa capa media se está disolviendo: o se está arriba o se está abajo, y el espacio de en medio se vacía. Cuando quedan solo dos bandos, la movilidad social se estrecha, y con ella la capacidad de negociación del que trabaja por cuenta ajena.
Según un cálculo que circula en el debate, siguen llegando 30.000 millones de deuda al mes. Que no haya ahorro no significa que no haya gasto. Significa que se va al día, pero se va.
¿Se acaba el turismo low cost en España?
Si la gasolina se instala en los 3 euros el litro, el modelo español de turismo low cost tendría que caer, según sostiene un participante.
Hay quien recuerda que la Agencia Tributaria maneja datos que apuntan en dirección contraria: millones de personas con capacidad de gasto.
El dinero que entra por turismo, por deuda o por rentas inmobiliarias sigue circulando, según los relatos del debate. La discrepancia no se resuelve con un dato: se atasca en qué parte de la barra decide mirar cada uno.