La siniestralidad vial se dispara y las aseguradoras ya lo notan
Los accidentes de tráfico se han convertido en el ruido de fondo de cualquier semana y el sector asegurador ha dejado de tratarlos como una anécdota. Los datos que cita parte de la prensa especializada apuntan a un
incremento de la siniestralidad de hasta el 72,8% y a un ratio combinado —lo que cuesta cubrir los siniestros frente a lo que se ingresa en primas— que escala al
92,9%. Un año antes estaba en el 88,3%. Y en 2020, en el 83,4%. Traducido: el negocio se estrecha. La conversación pública, mientras tanto, se ha llenado de hipótesis mucho más vistosas y bastante menos documentadas.
El goteo de siniestros que ha disparado las alarmas
En apenas unas horas se acumulan los casos. Dos fallecidos en la provincia de Valladolid cuando un camión invadió la calzada y arrolló a un turismo, con incendio posterior y cuerpos que exigirán identificación por ADN. Un coche que cae al agua en el puerto de Villagarcía. Una mujer que se estampa contra un muro en una pequeña localidad del interior gallego. Y en Segovia, una conductora que invade el carril contrario en plena recta y choca de frente contra un camión: mueren ella y sus
tres hijos menores. El camionero declaró que el coche se le echó encima y que no tuvo margen para maniobrar. Ese patrón —vehículo que se cruza de carril o conductor que no reacciona— aparece en más de uno de los casos descritos.
Distracción, móvil y distancia de seguridad: las causas que se repiten
La explicación más citada no tiene nada de exótica: se conduce mal y se conduce distraído. Quien hace a diario el mismo trayecto de parking a parking en Valencia describe que ha pasado de tardar
50 minutos clavados a emplear entre 15 y 20 minutos más, con más coches metiéndose al mismo sitio a la misma hora. En corredores como la A-6 o las rondas de Madrid se observa lo mismo: choques diarios, prisas, poca distancia de seguridad y conductas incívicas al final de los desvíos, con los camiones como principales perjudicados porque necesitan mucho más margen para frenar.
El teléfono móvil aparece en casi todos los diagnósticos informales. Hay quien sostiene que la vigilancia se ha orientado a los radares de velocidad —donde se recauda— y no a lo que de verdad mata: mirar la pantalla, pegarse al de delante o cambiarse de carril sin mirar. La propuesta más repetida es dura: retirada de puntos por manipular el móvil o por no guardar distancia, en lugar de más radares. La impresión general es que el tráfico se ha vuelto un barómetro del humor social, y este otoño el personal va crispado.
¿Por qué se atribuyen los accidentes a la vacuna?
Desde 2021 circula una explicación alternativa que no tiene nada que ver con el asfalto: la vacunación contra la covid. Se habla de «repentinitis» y de desvanecimientos súbitos al volante, y se manejan cifras de mortalidad global —hasta
17 millones de fallecidos por la inyección, según los mensajes que se repiten— que no están respaldadas por ninguna estadística oficial. Tampoco existe confirmación de una relación causal entre pinchazo y siniestro. Son afirmaciones sin pruebas que, eso sí, han encontrado acomodo en cualquier conversación sobre un accidente con desenlace fatal.
Conviene separar el dato del relato. El dato es que el sector asegurador registra más siniestros. El relato es la atribución automática de cada desvanecimiento a una causa única, y ese paso nadie lo ha demostrado. La propia prensa del ramo ha llegado a publicar titulares llamativos sobre el asunto, lo que alimenta la confusión en lugar de resolverla.
Alcohol, drogas y atestados que apuntan a otro lado
Mientras una parte del público mira a la vacuna, los expedientes policiales señalan a lo de siempre. En Las Palmas de Gran Canaria, un conductor
triplicaba la tasa de alcohol cuando volcó su coche. En Palma, la Policía sospecha que la ingesta de alcohol está detrás de los accidentes graves registrados en apenas unas noches: un joven de 23 años fue detenido tras dar positivo después de una colisión en la que murió su acompañante, de 22, y otras cuatro personas resultaron con lesiones graves en siniestros de patinete, moto y coche esa misma madrugada.
A eso se suma el consumo de psicofármacos. Antidepresivos y ansiolíticos al volante son una realidad difícil de cuantificar y muy poco presente en las campañas de tráfico.
Carnets convalidados y conductores de edad avanzada
El otro gran foco de discusión es quién está al volante. Se discute la convalidación de permisos profesionales sin examen teórico ni prueba mecánica, en un sector donde, según se sostiene, ciertas empresas concentrarían plantillas enteras de conductores formados en otros países. Y se discute, sobre todo, la edad: la sensación compartida es que hay demasiados conductores mayores con medicación activa circulando, y que más allá de cierta edad haría falta una revisión anual.
Ninguna de las dos cosas es una causa demostrada por sí sola, pero ambas apuntan al mismo sitio: la calidad de la formación y el control periódico de las condiciones para conducir.
Si los datos de siniestralidad se confirman y el parque móvil sigue creciendo, lo razonable es esperar más presión sobre las primas y más exigencias en las renovaciones de carnet. Cuándo llega ese ajuste, y si llega antes que las explicaciones sencillas, es otra cosa. Nadie ha cerrado todavía el diagnóstico de por qué este otoño se conduce peor.