España absorbe el 28% de la inmigración que recibe la UE
España absorbe ya el 28% de toda la inmigración que llega a la Unión Europea y aporta por sí sola el 65% del incremento de población del bloque, más que Francia y Alemania juntas. Los datos, recogidos por la prensa económica, colocan al país como el gran motor demográfico de Europa justo cuando su economía depende de ese flujo para crecer. La escena tiene un aire conocido: en 2006 España levantaba más viviendas que Francia y Alemania sumadas, los pisos se vendían antes de que llegara la grúa y cualquier advertencia sobre el techo del ladrillo sonaba a agorería.
Veinte años después, el patrón se repite con otra materia prima. Que un país concentre casi un tercio de los flujos migratorios europeos es un dato objetivo; lo discutible es qué significa. Para unos es la prueba de un modelo que solo crece a base de sumar brazos. Para otros es, directamente, la constatación de un crecimiento demográfico que no se sostiene.
Una economía que crece por población, no por productividad
El análisis dominante sostiene que España no sería líder de crecimiento en Europa sin el aumento de población. Turismo, hostelería, cuidados, logística y construcción tiran del carro, y todos son intensivos en mano de obra poco cualificada. La productividad lleva años estancada y eso aterriza donde siempre: en los salarios.
La crítica más repetida apunta a un círculo vicioso. Hacen falta más trabajadores para sostener el consumo y las cotizaciones, pero ese mismo flujo presiona la vivienda, los servicios públicos y el tramo bajo del mercado laboral. Una parte del análisis responsabiliza a las regularizaciones de los últimos años de haber generado un efecto llamada; enfrente se responde que la economía sumergida y la demanda estructural existían mucho antes, y que atribuirlo todo a una amnistía administrativa es simplificar. Quienes defienden la segunda tesis calculan que el dato oficial se queda corto —visados de turista, reunificación familiar, entradas no registradas—, con un desglose que da para otro artículo entero.
¿Por qué el país con más paro de Europa recibe más migrantes que Francia y Alemania?
Es la pregunta que reaparece en cada análisis. España mantiene una de las tasas de paro más altas del continente y, aun así, encabeza la recepción. La explicación más citada mira a la estructura del mercado laboral: hay demanda real en segmentos que la población local no cubre, de la agricultura intensiva a la atención a mayores, con sueldos que rara vez atraen a quien tiene alternativas.
El terreno político no se queda atrás. Una corriente señala al Gobierno actual y a sus socios como responsables del volumen de llegadas; otra recuerda que las grandes regularizaciones se remontan a ejecutivos del PP y cifra en millones las personas que entraron durante aquellos años. En el otro extremo se argumenta que ni la derecha ni quienes prometen cerrar fronteras lo hacen cuando gobiernan. El contraejemplo que se cita es Italia.
Pensiones: el sistema que necesita contribuyentes
El telón de fondo es demográfico. Sin llegada de población joven, el sistema de pensiones pierde cotizantes mientras ganan los perceptores. Ese es el argumento con el que se defiende el flujo migratorio como necesidad estructural, y también el que alimenta las sospechas de quienes lo describen como una cadena que solo aguanta mientras siga entrando gente nueva.
Y el dato que descoloca: según esa misma clasificación, el segundo país de la UE que más migrantes recibe no es Francia ni Alemania. Es Italia, 56 millones de habitantes, gobernada por una coalición de derechas que llegó al poder prometiendo mano dura en las fronteras.