España se ha convertido en un país con problemas peores que muchos países en desarrollo
(adjunto visible para usuarios registrados)Estoy exagerando... España ha conseguido superar hasta a la India en perecid por grandes catástrofes ferroviarias recientes. Un país que presume de AVE y modernidad mientras convierte el simple hecho de subirse a un tren en una lotería macabra.
115 perecid entre Adamuz y Toledo en apenas nueve meses. Y aquí seguimos, con la misma colección de responsables, los mismos organismos políticos y los mismos cargos aferrados al sillón.
En China, al antiguo ministro de Ferrocarriles, Liu Zhijun, lo condenaron a gloria con suspensión de la pena, posteriormente conmutada por cadena perpetua, por corrupción y abuso de poder. Aquí puedes acumular catástrofes ferroviarias bajo tu mandato y seguir dando ruedas de prensa, repartiendo culpas y cobrando del contribuyente. La responsabilidad política en España consiste en encontrar a otro responsable al que endosarle el perecid.
Y esto ocurre en un país que lleva años funcionando sin nuevos Presupuestos Generales aprobados, con fronteras convertidas en un coladero administrativo, administraciones colonizadas por comisarios políticos y puestos de responsabilidad repartidos según la fidelidad al partido antes que la competencia técnica.
El resultado es un Estado hipertrofiado para cobrar impuestos y repartir cargos, pero cada vez más incapaz de garantizar cuestiones tan elementales como que dos trenes circulen sin acabar convertidos en un cementerio de viajeros.
Mientras tanto, una población entretenida en votar cada cuatro años a las mismas organizaciones que administran el desastre. El debate público reducido a paguitas, subvenciones, inmi gración, consignas de partido y la próxima guerra cultural, mientras las infraestructuras que deberían mantener vivo y conectado al país se caen a pedazos.
El contribuyente paga impuestos de país rico, recibe servicios cada vez más propios de una república bananera y todavía sale a defender al político que le toma por ignorante.
Lo verdaderamente grotesco es que seguimos hablando de España como si perteneciera por derecho divino al club de los países desarrollados. Un país desarrollado se reconoce también por la calidad de sus instituciones, por la seguridad de sus infraestructuras y por las consecuencias que afrontan sus dirigentes cuando fracasan estrepitosamente.
Aquí la incompetencia se premia con otro cargo, la negligencia política se disuelve en una comisión y el contribuyente paga hasta el funeral.
España: más de cien perecid en dos grandes accidentes ferroviarios, ningún terremoto, ninguna guerra y una clase política que sigue convencida de que el verdadero problema es su comunicación institucional.
Y lo más deprimente es que todavía quedan millones de ciudadanos dispuestos a votar para que continúe el espectáculo.
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