España paga más por los tomates de Marruecos a 1,72 euros el kilo que por los de sus propios agricultores a 1,14 euros

España paga más por los tomates de Marruecos a 1,72 euros el kilo que por los de sus propios agricultores a 1,14 euros
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Las importaciones de tomate marroquí se pagan en la UE a un precio unitario superior al que reciben los agricultores españoles: 1,72 euros por kilo frente a 1,14. La diferencia se explica en parte por el tipo de tomate, sobre todo cherry, cuya recolección exige mucha más mano de obra.

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Las importaciones de tomate marroquí se pagan en la UE a un precio unitario superior al que reciben los agricultores españoles: 1,72 euros por kilo frente a 1,14. La diferencia se explica en parte por el tipo de tomate, sobre todo cherry, cuya recolección exige mucha más mano de obra.

Hay un dato que, a primera vista, parece un error de tecleo. Durante la campaña 2025/2026, que va del 1 de agosto de 2025 al 31 de julio de 2026, España importó 305.436 toneladas de tomate, la cifra más alta registrada para ese periodo, por un coste total de 337,69 millones de euros. Entre los proveedores, Marruecos colocó 89.189 toneladas a un precio medio de 1,72 euros el kilo. Los agricultores españoles, según el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía, cobraron 1,14 euros por kilo por el tomate de invernadero.

El cherry pesa 30 gramos y se recoge a mano

La paradoja del precio tiene truco, y lo cuenta Andrés Góngora, secretario general de COAG y productor de tomates en Almería: «Los tomates de Marruecos serán en su mayoría cherry, mientras que en el resto predomina el tomate rama o pera». No es un matiz menor. Un tomate cherry pesa alrededor de 30 gramos, así que completar un kilo exige una cantidad de mano de obra muy superior a la que necesita una variedad de ensalada, rama o pera.

Ahí está la clave del negocio marroquí. El coste laboral en una explotación tomatera de la Península Ibérica ronda los 10 euros la hora; en Marruecos, esa misma cantidad es lo que se paga por un jornal completo. Esa brecha permite al productor marroquí dedicar brazos a un fruto pequeño y de recolección lenta, y aun así mantener margen. El agricultor español, con costes laborales diez veces mayores por hora trabajada, no puede competir en ese terreno.

Portugal lidera las importaciones y Países Bajos vende más caro

El ranking de proveedores desmiente la idea de que España se surte solo del sur. Portugal es el primer suministrador, con 172.519 toneladas a 0,67 euros el kilo, muy por debajo de los precios marroquíes. Países Bajos, tercero en la lista, aportó 29.406 toneladas a 1,52 euros el kilo. Es decir, el tomate neerlandés también entra más caro que el español, aunque menos que el marroquí.

La industria compra donde le cuadra la cuenta, y el argumento que esgrime es el precio. Marruecos no está sujeto a la normativa laboral ni a las reglas de fitosanitarios que rigen dentro de la UE, lo que abarata su producción. Los agricultores españoles sostienen que esa asimetría normativa les obliga a recortar el precio en origen para dar salida a sus cultivos, y que el resultado, sostenido en el tiempo, es una pérdida de valor que pone en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones.

España ya no es el primer exportador de tomate a la UE

El desplazamiento tiene nombre y fecha. En los últimos diez años, la avalancha de importaciones desde Marruecos ha relegado a España al tercer puesto entre los exportadores de tomate a la UE. El liderazgo lo ocupa Países Bajos, por delante del país magrebí. Para una potencia agrícola como la española, ese descenso no es una anécdota estadística: es la señal de que el terreno se mueve bajo los pies del sector.

La competencia no se libra solo en el precio. También en el origen. Marruecos comercializa bajo etiquetado propio tomates cultivados en el Sáhara Occidental, territorio ocupado desde 1975, una práctica que las organizaciones agrarias califican de fraudulenta y que atribuyen a la maniobra introducida por la Comisión Europea en la renovación del Acuerdo de Asociación UE-Marruecos. El asunto afecta a la trazabilidad del producto que llega al consumidor europeo.

Un problema de reglas, no solo de precios

Lo que desespera en las explotaciones comunitarias no es que un tercer país venda más barato, sino que lo haga con reglas distintas. Los acuerdos comerciales permiten a producciones ajenas al bloque acceder al mercado continental en igualdad de condiciones, según denuncian desde las zonas productivas, que hablan abiertamente de competencia desleal. La queja no va contra el tomate de Marruecos en sí, sino contra el marco que lo hace posible.

La mano de obra es el factor que los agricultores consideran insalvable. Ninguna explotación española puede pagar diez euros por un jornal ni competir con quien lo hace. Mientras esa diferencia exista y los acuerdos la toleren, el precio en origen seguirá apretado y los cierres, según el sector, seguirán produciéndose. Es un asunto de política comercial, no de esfuerzo en el invernadero.

Datos clave
  • España importó 305.436 toneladas de tomate en la campaña 2025/2026, del 1 de agosto de 2025 al 31 de julio de 2026, por 337,69 millones de euros.
  • Marruecos fue el segundo proveedor con 89.189 toneladas a 1,72 euros el kilo; Portugal lideró con 172.519 toneladas a 0,67 euros.
  • Los agricultores españoles recibieron 1,14 euros por kilo por el tomate de invernadero, según el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía.
  • El coste laboral ronda los 10 euros la hora en España y esa misma cifra se paga por un jornal completo en Marruecos.
  • España es ya el tercer exportador de tomate a la UE, por detrás de Países Bajos y Marruecos.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

jalp9000

Madmaxista
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Las diferencias normativas entre la Unión Europea (UE) y los terceros países desatan la desesperación en las explotaciones comunitarias.

Los agricultores españoles cargan contra el favor de la UE a las producciones ajenas al bloque europeo, que acceden al mercado continental en igualdad de condiciones gracias a unos acuerdos comerciales que, según condenan desde las zonas productivas, erosionan su rentabilidad al incurrir en competencia desleal.

Los agrarios inciden en que estas alianzas obligan a recortar sus precios en origen con el objetivo de dar salida a las producciones, lo que a largo plazo se traduce en una pérdida de valor de los cultivos nacionales que pone en jaque su viabilidad.

El caso del tomate retumba como uno de los más dañinos para el campo en España. Los agricultores alertan de una avalancha de las importaciones desde Jovenlandia, especialmente señalada en los últimos 10 años, que deja un goteo que ya ha relegado a España como tercer exportador de tomate para la UE, clasificación que lidera Países Bajos por delante del país joven.

La mano de obra resulta el factor más insalvable al norte del Estrecho de Gibraltar: el coste por trabajador en una explotación tomatera ronda en la Península Ibérica los 10 euros la hora; en Jovenlandia esa es la cantidad que se paga por todo un jornal. Esta desigualdad se traslada al precio de venta, por lo que la industria satisface su demanda con tomates de terceros países y obliga a bajar el precio en origen en las explotaciones españolas, que en muchas ocasiones se ven abocadas al cierre.

El principal argumento de la industria para dar prioridad a los tomates de Jovenlandia frente a los españoles es el precio, ya que el vecino del sur no está sujeto a la normativa laboral y de aplicación de fitosanitarios que rige en la UE; sin embargo, las estadísticas analizadas muestran que el precio de las importaciones con origen Jovenlandia tienen un coste unitario mayor al que se paga a los agricultores nacionales.

Durante la campaña de tomate 2025/2026, desde el 1 de agosto de 2025 hasta el 31 de julio de 2026, España importó más tomates que nunca para el período, 305.436 toneladas, y al mayor precio, por un coste total de 337,69 millones de euros.

Portugal sobresale como el mayor proveedor, con 172.519 toneladas a un precio medio de 0,67 euros el kilo. Jovenlandia, segundo suministrador con 89.189 toneladas, destaca no solo por el volumen, sino el precio de sus tomates: 1,72 euros por kilo, muy por encima de Países Bajos, tercero en la lista con 29.406 toneladas a 1,52 euros el kilo, o lo que obtuvieron los agricultores españoles, que según el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía recibieron 1,14 euros por kilo por el tomate cultivado en los invernaderos.

Andrés Góngora, secretario general de COAG y productor de tomates en Almería, apunta en conversación con El Debate el truco detrás de este dato: «Los tomates de Jovenlandia serán en su mayoría cherry, mientras que en el resto predomina de tomate rama o pera».

Jovenlandia focaliza sus esfuerzos en el cherry porque, gracias a su utilización de mano de obra barata, goza de un margen superior sobre los productores españoles. Un tomate cherry pesa 30 gramos y para alcanzar un kilo se requiere una mano de obra considerablemente superior a la necesaria para otras tipologías como ensalada, rama o pera.

Una de la peculiaridades del tomate exportado por Jovenlandia es su fraudulento origen. El reino africano comercializa bajo etiquetado ingenieros tomates cultivados en el Sáhara Occidental, territorio ocupado desde 1975, gracias a la maniobra introducida por la Comisión Europea en la renovación del Acuerdo de Asociación UE-Jovenlandia.
 
Las diferencias normativas entre la Unión Europea (UE) y los terceros países desatan la desesperación en las explotaciones comunitarias.

Los agricultores españoles cargan contra el favor de la UE a las producciones ajenas al bloque europeo, que acceden al mercado continental en igualdad de condiciones gracias a unos acuerdos comerciales que, según condenan desde las zonas productivas, erosionan su rentabilidad al incurrir en competencia desleal.

Los agrarios inciden en que estas alianzas obligan a recortar sus precios en origen con el objetivo de dar salida a las producciones, lo que a largo plazo se traduce en una pérdida de valor de los cultivos nacionales que pone en jaque su viabilidad.

El caso del tomate retumba como uno de los más dañinos para el campo en España. Los agricultores alertan de una avalancha de las importaciones desde Jovenlandia, especialmente señalada en los últimos 10 años, que deja un goteo que ya ha relegado a España como tercer exportador de tomate para la UE, clasificación que lidera Países Bajos por delante del país joven.

La mano de obra resulta el factor más insalvable al norte del Estrecho de Gibraltar: el coste por trabajador en una explotación tomatera ronda en la Península Ibérica los 10 euros la hora; en Jovenlandia esa es la cantidad que se paga por todo un jornal. Esta desigualdad se traslada al precio de venta, por lo que la industria satisface su demanda con tomates de terceros países y obliga a bajar el precio en origen en las explotaciones españolas, que en muchas ocasiones se ven abocadas al cierre.

El principal argumento de la industria para dar prioridad a los tomates de Jovenlandia frente a los españoles es el precio, ya que el vecino del sur no está sujeto a la normativa laboral y de aplicación de fitosanitarios que rige en la UE; sin embargo, las estadísticas analizadas muestran que el precio de las importaciones con origen Jovenlandia tienen un coste unitario mayor al que se paga a los agricultores nacionales.

Durante la campaña de tomate 2025/2026, desde el 1 de agosto de 2025 hasta el 31 de julio de 2026, España importó más tomates que nunca para el período, 305.436 toneladas, y al mayor precio, por un coste total de 337,69 millones de euros.

Portugal sobresale como el mayor proveedor, con 172.519 toneladas a un precio medio de 0,67 euros el kilo. Jovenlandia, segundo suministrador con 89.189 toneladas, destaca no solo por el volumen, sino el precio de sus tomates: 1,72 euros por kilo, muy por encima de Países Bajos, tercero en la lista con 29.406 toneladas a 1,52 euros el kilo, o lo que obtuvieron los agricultores españoles, que según el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía recibieron 1,14 euros por kilo por el tomate cultivado en los invernaderos.

Andrés Góngora, secretario general de COAG y productor de tomates en Almería, apunta en conversación con El Debate el truco detrás de este dato: «Los tomates de Jovenlandia serán en su mayoría cherry, mientras que en el resto predomina de tomate rama o pera».

Jovenlandia focaliza sus esfuerzos en el cherry porque, gracias a su utilización de mano de obra barata, goza de un margen superior sobre los productores españoles. Un tomate cherry pesa 30 gramos y para alcanzar un kilo se requiere una mano de obra considerablemente superior a la necesaria para otras tipologías como ensalada, rama o pera.

Una de la peculiaridades del tomate exportado por Jovenlandia es su fraudulento origen. El reino africano comercializa bajo etiquetado ingenieros tomates cultivados en el Sáhara Occidental, territorio ocupado desde 1975, gracias a la maniobra introducida por la Comisión Europea en la renovación del Acuerdo de Asociación UE-Jovenlandia.


Las diferencias normativas entre la Unión Europea (UE) y los terceros países desatan la desesperación en las explotaciones comunitarias.

Los agricultores españoles cargan contra el favor de la UE a las producciones ajenas al bloque europeo, que acceden al mercado continental en igualdad de condiciones gracias a unos acuerdos comerciales que, según condenan desde las zonas productivas, erosionan su rentabilidad al incurrir en competencia desleal.

Los agrarios inciden en que estas alianzas obligan a recortar sus precios en origen con el objetivo de dar salida a las producciones, lo que a largo plazo se traduce en una pérdida de valor de los cultivos nacionales que pone en jaque su viabilidad.

El caso del tomate retumba como uno de los más dañinos para el campo en España. Los agricultores alertan de una avalancha de las importaciones desde Jovenlandia, especialmente señalada en los últimos 10 años, que deja un goteo que ya ha relegado a España como tercer exportador de tomate para la UE, clasificación que lidera Países Bajos por delante del país joven.

La mano de obra resulta el factor más insalvable al norte del Estrecho de Gibraltar: el coste por trabajador en una explotación tomatera ronda en la Península Ibérica los 10 euros la hora; en Jovenlandia esa es la cantidad que se paga por todo un jornal. Esta desigualdad se traslada al precio de venta, por lo que la industria satisface su demanda con tomates de terceros países y obliga a bajar el precio en origen en las explotaciones españolas, que en muchas ocasiones se ven abocadas al cierre.

El principal argumento de la industria para dar prioridad a los tomates de Jovenlandia frente a los españoles es el precio, ya que el vecino del sur no está sujeto a la normativa laboral y de aplicación de fitosanitarios que rige en la UE; sin embargo, las estadísticas analizadas muestran que el precio de las importaciones con origen Jovenlandia tienen un coste unitario mayor al que se paga a los agricultores nacionales.

Durante la campaña de tomate 2025/2026, desde el 1 de agosto de 2025 hasta el 31 de julio de 2026, España importó más tomates que nunca para el período, 305.436 toneladas, y al mayor precio, por un coste total de 337,69 millones de euros.

Portugal sobresale como el mayor proveedor, con 172.519 toneladas a un precio medio de 0,67 euros el kilo. Jovenlandia, segundo suministrador con 89.189 toneladas, destaca no solo por el volumen, sino el precio de sus tomates: 1,72 euros por kilo, muy por encima de Países Bajos, tercero en la lista con 29.406 toneladas a 1,52 euros el kilo, o lo que obtuvieron los agricultores españoles, que según el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía recibieron 1,14 euros por kilo por el tomate cultivado en los invernaderos.

Andrés Góngora, secretario general de COAG y productor de tomates en Almería, apunta en conversación con El Debate el truco detrás de este dato: «Los tomates de Jovenlandia serán en su mayoría cherry, mientras que en el resto predomina de tomate rama o pera».

Jovenlandia focaliza sus esfuerzos en el cherry porque, gracias a su utilización de mano de obra barata, goza de un margen superior sobre los productores españoles. Un tomate cherry pesa 30 gramos y para alcanzar un kilo se requiere una mano de obra considerablemente superior a la necesaria para otras tipologías como ensalada, rama o pera.

Una de la peculiaridades del tomate exportado por Jovenlandia es su fraudulento origen. El reino africano comercializa bajo etiquetado ingenieros tomates cultivados en el Sáhara Occidental, territorio ocupado desde 1975, gracias a la maniobra introducida por la Comisión Europea en la renovación del Acuerdo de Asociación UE-Jovenlandia.

El propio artículo da la clave para entender el titular, y en realidad lo desmonta un poco: se están comparando dos cosas que no son equivalentes.

- **Producto distinto.** Como dice Góngora, de COAG, Jovenlandia manda sobre todo **cherry**, y en España el precio de 1,14 €/kg es de tomate de invernadero, mayoritariamente rama o pera. El cherry siempre cotiza bastante más caro por kilo, porque necesita mucha más mano de obra para recolectar y envasar. Comparar el precio medio del cherry ingenieros con el del tomate español en general es como comparar el kilo de ternera con el de pollo.

- **Punto distinto de la cadena.** El 1,72 es el valor unitario de **importación**, que incluye normalmente confección, envase y transporte hasta la frontera. El 1,14 es el **precio en origen** que cobra el agricultor, antes de pasar por el almacén. Entre uno y otro hay varios eslabones de coste.

- **Las cuentas cuadran con esto.** Portugal manda casi el doble de toneladas a 0,67 €/kg, lo que apunta a tomate más barato, muy probablemente para industria. Haciendo la media ponderada de todo lo importado (337,69 millones / 305.436 toneladas) sale a unos **1,11 €/kg**, prácticamente lo mismo que cobra el agricultor español.

O sea, el titular "España paga más por el tomate ingenieros" es técnicamente cierto, pero no significa que la industria prefiera pagar más por lo de fuera. Significa que lo que viene de Jovenlandia es un producto más caro por naturaleza.

El problema de fondo que denuncian los agricultores sí es real, y el artículo lo explica bien: la diferencia de **coste laboral** (10 €/hora frente a 10 € al día) hace que Jovenlandia sea muy competitivo justo en el tomate que más mano de obra exige, que es el cherry. Por eso se especializa ahí y le ha comido cuota a Almería en ese segmento.
 
El propio artículo da la clave para entender el titular, y en realidad lo desmonta un poco: se están comparando dos cosas que no son equivalentes.

- **Producto distinto.** Como dice Góngora, de COAG, Jovenlandia manda sobre todo **cherry**, y en España el precio de 1,14 €/kg es de tomate de invernadero, mayoritariamente rama o pera. El cherry siempre cotiza bastante más caro por kilo, porque necesita mucha más mano de obra para recolectar y envasar. Comparar el precio medio del cherry ingenieros con el del tomate español en general es como comparar el kilo de ternera con el de pollo.

- **Punto distinto de la cadena.** El 1,72 es el valor unitario de **importación**, que incluye normalmente confección, envase y transporte hasta la frontera. El 1,14 es el **precio en origen** que cobra el agricultor, antes de pasar por el almacén. Entre uno y otro hay varios eslabones de coste.

- **Las cuentas cuadran con esto.** Portugal manda casi el doble de toneladas a 0,67 €/kg, lo que apunta a tomate más barato, muy probablemente para industria. Haciendo la media ponderada de todo lo importado (337,69 millones / 305.436 toneladas) sale a unos **1,11 €/kg**, prácticamente lo mismo que cobra el agricultor español.

O sea, el titular "España paga más por el tomate ingenieros" es técnicamente cierto, pero no significa que la industria prefiera pagar más por lo de fuera. Significa que lo que viene de Jovenlandia es un producto más caro por naturaleza.

El problema de fondo que denuncian los agricultores sí es real, y el artículo lo explica bien: la diferencia de **coste laboral** (10 €/hora frente a 10 € al día) hace que Jovenlandia sea muy competitivo justo en el tomate que más mano de obra exige, que es el cherry. Por eso se especializa ahí y le ha comido cuota a Almería en ese segmento.
La maldad del europeísmo veintitrentista carece de todo límite.
 
Las diferencias normativas entre la Unión Europea (UE) y los terceros países desatan la desesperación en las explotaciones comunitarias.

Los agricultores españoles cargan contra el favor de la UE a las producciones ajenas al bloque europeo, que acceden al mercado continental en igualdad de condiciones gracias a unos acuerdos comerciales que, según condenan desde las zonas productivas, erosionan su rentabilidad al incurrir en competencia desleal.

Los agrarios inciden en que estas alianzas obligan a recortar sus precios en origen con el objetivo de dar salida a las producciones, lo que a largo plazo se traduce en una pérdida de valor de los cultivos nacionales que pone en jaque su viabilidad.

El caso del tomate retumba como uno de los más dañinos para el campo en España. Los agricultores alertan de una avalancha de las importaciones desde Jovenlandia, especialmente señalada en los últimos 10 años, que deja un goteo que ya ha relegado a España como tercer exportador de tomate para la UE, clasificación que lidera Países Bajos por delante del país joven.

La mano de obra resulta el factor más insalvable al norte del Estrecho de Gibraltar: el coste por trabajador en una explotación tomatera ronda en la Península Ibérica los 10 euros la hora; en Jovenlandia esa es la cantidad que se paga por todo un jornal. Esta desigualdad se traslada al precio de venta, por lo que la industria satisface su demanda con tomates de terceros países y obliga a bajar el precio en origen en las explotaciones españolas, que en muchas ocasiones se ven abocadas al cierre.

El principal argumento de la industria para dar prioridad a los tomates de Jovenlandia frente a los españoles es el precio, ya que el vecino del sur no está sujeto a la normativa laboral y de aplicación de fitosanitarios que rige en la UE; sin embargo, las estadísticas analizadas muestran que el precio de las importaciones con origen Jovenlandia tienen un coste unitario mayor al que se paga a los agricultores nacionales.

Durante la campaña de tomate 2025/2026, desde el 1 de agosto de 2025 hasta el 31 de julio de 2026, España importó más tomates que nunca para el período, 305.436 toneladas, y al mayor precio, por un coste total de 337,69 millones de euros.

Portugal sobresale como el mayor proveedor, con 172.519 toneladas a un precio medio de 0,67 euros el kilo. Jovenlandia, segundo suministrador con 89.189 toneladas, destaca no solo por el volumen, sino el precio de sus tomates: 1,72 euros por kilo, muy por encima de Países Bajos, tercero en la lista con 29.406 toneladas a 1,52 euros el kilo, o lo que obtuvieron los agricultores españoles, que según el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía recibieron 1,14 euros por kilo por el tomate cultivado en los invernaderos.

Andrés Góngora, secretario general de COAG y productor de tomates en Almería, apunta en conversación con El Debate el truco detrás de este dato: «Los tomates de Jovenlandia serán en su mayoría cherry, mientras que en el resto predomina de tomate rama o pera».

Jovenlandia focaliza sus esfuerzos en el cherry porque, gracias a su utilización de mano de obra barata, goza de un margen superior sobre los productores españoles. Un tomate cherry pesa 30 gramos y para alcanzar un kilo se requiere una mano de obra considerablemente superior a la necesaria para otras tipologías como ensalada, rama o pera.

Una de la peculiaridades del tomate exportado por Jovenlandia es su fraudulento origen. El reino africano comercializa bajo etiquetado ingenieros tomates cultivados en el Sáhara Occidental, territorio ocupado desde 1975, gracias a la maniobra introducida por la Comisión Europea en la renovación del Acuerdo de Asociación UE-Jovenlandia.
La UE se creó con un diseño que, a mi juicio, perjudica la soberanía de los estados nación europeos. En eso está y para cuando la mayoría quiera enterarse ya será demasiado tarde.
 
He leído en diagonal, pero si no lo he interpretado mal, la diferencia es que están comparando los tomates cherry, que necesitan más mano de obra, y que por eso se cultivan en Jovenlandia, ya que allí es más barata, con otros tipos de tomate tradicional.

Es decir, la comparación es bastante tramposa.
Eso sí, habrá que mirar las etiquetas de los tomates cherry para no comprarlos en caso de ser de Jovenlandia.
 
He leído en diagonal, pero si no lo he interpretado mal, la diferencia es que están comparando los tomates cherry, que necesitan más mano de obra, y que por eso se cultivan en Jovenlandia, ya que allí es más barata, con otros tipos de tomate tradicional.

Es decir, la comparación es bastante tramposa.
Eso sí, habrá que mirar las etiquetas de los tomates cherry para no comprarlos en caso de ser de Jovenlandia.
¿Y de ande compraría entonces la variedad cherry, a un precio bueno, bonito y barato?
 
(mensaje citado en revisión)
Sí, el chiringuito es el de siempre, pero te has quedado en la superficie de la denuncia.

  • La palanca real no es el soborno, es el diseño. Bruselas firma arancel cero, el vecino entra sin cotizar, sin fitosanitarios homologados y con mano de obra a 10 pavos el día. Tú aquí pagas Seguridad Social, salario mínimo, ITV del tractor y un sindicato que aplaude el acuerdo. Eso no es competencia, es una encerrona por decreto. El sobre ya es el bonus.
  • Y encima el tomate no cuadra. Si el importado sale a 1,72 y al de Almería se le paga 1,14 en origen, el margen no se lo lleva el agricultor: se lo lleva la lonja y la central de compras. Al que te vende el kilo a 3,80 en el súper le da igual 0,67 que 1,72, porque el diferencial lo saca él de todas formas.
  • Ese es el timo de fondo. Llevamos décadas montando un campo que compite contra el Tercer Mundo mientras le exige al de aquí nómina y normativa de primer mundo. El problema no está en la frontera, está sentado en la mesa de precios.

Lo del Kalergi y los estados nación es otra película. Mezclarlo con la factura del tomate solo enturbia lo que denuncian los del invernadero, que es mucho más sencillo: aquí el que curra con las manos cobra la mitad y el que solo firma acuerdos se lleva la comisión.

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(mensaje citado en revisión)

El cabreo te lo compro, el diagnóstico no. Si la bronca la reduces a "el soborno", te quedas sin ver al que firma el cheque.

  • El acuerdo arancelario lo firma Bruselas, no Rabat. Y Bruselas responde a los lobbies de distribución, no a los sultanes.
  • El sindicato que aplaude no está comprado por Jovenlandia: está subvencionado por aquí y le va de perlas el cuento del enemigo exterior. Así no le preguntan por los convenios del campo.
  • El agricultor de Almería no pierde por el tomate de fuera. Pierde porque la central de compras le fija precio y él no tiene alternativa. Eso pasa con tomate ingenieros y con tomate de Murcia.

Lo de "Hezpaña" y "EJpain" es desahogo de barra. No mueve un kilo de mercancía ni un punto del arancel. El guano está en la cadena de precios, no en la bandera del camión.

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No soy muy fan del tomate cherry, pero pagar algo más por ellos lo considero un deber.
A las malas, se cultivan bien en maceta.
Si el cultivo fuera tan sencillo, mucha gente preferiría poner tomates en sus macetas. Se lo dice alguien que tiene un pequeño huerto, incluidos una docena de árboles frutales.
 

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