España colapsa ya de forma acelerada.

España colapsa ya de forma acelerada.
El pavor de este nuevo accidente del AVE, todavía con el dolor del anterior, es un aviso serio. Cuesta contemplarlo sin pensar en un país que se cae a pedazos, aplaza soluciones y acaba acostumbrándose a lo intolerable. La decadencia abstracta se concreta de forma cruel cuando su precio se cuenta ya en muchas vidas.

Este espanto nos recuerda de forma brutal que ya no podemos ignorar el colapso que nos rodea: una sanidad donde esperar meses para cualquier cosa es la norma, una educación convertida en adoctrinamiento que produce adultos infantilizados y semianalfabetos, un país donde encontrar un fontanero, un electricista o un albañil es misión imposible, donde no se construye nada porque entre otras cosas nos dicen que no hay quien lo haga, mientras el gobierno se jacta de tener millones cobrando el IMV, un país abierto de par en par a la inmi gración ilegal y a la intervención extranjera donde se nos presenta como un pequeño accidente que 80000 personas entren en una ciudad. Todo el país cayéndose a pedazos mientras el Gobierno y su equipo se justifican con consignas y propaganda mientras intentan destruir desde las cloacas lo que queda de pie del estado.

Y, debajo de todo, una juventud sin futuro, sin esperanza y sin ilusión. Jóvenes que trabajan sin poder emanciparse, que encadenan sueldos de miseria mientras la vivienda es una quimera inaccesible. Formamos a quienes terminan marchándose para encontrar fuera la dignidad que aquí es inalcanzable. Cada uno de ellos que se va deja un hueco que hace aún más profunda la miseria que nos rodea.

Y lo peor es que estamos acostumbrándonos a esto, como si fuera inevitable. En aceptar la desidia, el abandono, la avería y la precariedad como si fueran fenómenos naturales. Un país puede seguir funcionando durante años mientras consume sus reservas: las infraestructuras, la confianza, el esfuerzo de sus profesionales, la paciencia de sus ciudadanos. Hasta que esas reservas se agotan y lo que parecía aguantar se rompe de golpe de forma dramática.

La tormenta lleva tiempo formándose. Estas tragedias tienen el sonido del primer granizo contra los cristales: seco, brutal, imposible ya de ignorar. Si seguimos aplazando las reparaciones y confundiendo la propaganda con las soluciones, llegará el momento en que cada fallo arrastre al siguiente. Entonces comprenderemos lo que significa el colapso: descubrir, en mitad del temporal, que el techo bajo el que nos creíamos a salvo llevaba años pudriéndose.

El futuro de España no lo conozco, pero sé como va a ser: durísimo.
Se rompe por los puntos débiles, por aquellos que no están reforzados...vamos camino a ser una especie de decadencia a la Argentina.
 
El pavor de este nuevo accidente del AVE, todavía con el dolor del anterior, es un aviso serio. Cuesta contemplarlo sin pensar en un país que se cae a pedazos, aplaza soluciones y acaba acostumbrándose a lo intolerable. La decadencia abstracta se concreta de forma cruel cuando su precio se cuenta ya en muchas vidas.

Este espanto nos recuerda de forma brutal que ya no podemos ignorar el colapso que nos rodea: una sanidad donde esperar meses para cualquier cosa es la norma, una educación convertida en adoctrinamiento que produce adultos infantilizados y semianalfabetos, un país donde encontrar un fontanero, un electricista o un albañil es misión imposible, donde no se construye nada porque entre otras cosas nos dicen que no hay quien lo haga, mientras el gobierno se jacta de tener millones cobrando el IMV, un país abierto de par en par a la inmi gración ilegal y a la intervención extranjera donde se nos presenta como un pequeño accidente que 80000 personas entren en una ciudad. Todo el país cayéndose a pedazos mientras el Gobierno y su equipo se justifican con consignas y propaganda mientras intentan destruir desde las cloacas lo que queda de pie del estado.

Y, debajo de todo, una juventud sin futuro, sin esperanza y sin ilusión. Jóvenes que trabajan sin poder emanciparse, que encadenan sueldos de miseria mientras la vivienda es una quimera inaccesible. Formamos a quienes terminan marchándose para encontrar fuera la dignidad que aquí es inalcanzable. Cada uno de ellos que se va deja un hueco que hace aún más profunda la miseria que nos rodea.

Y lo peor es que estamos acostumbrándonos a esto, como si fuera inevitable. En aceptar la desidia, el abandono, la avería y la precariedad como si fueran fenómenos naturales. Un país puede seguir funcionando durante años mientras consume sus reservas: las infraestructuras, la confianza, el esfuerzo de sus profesionales, la paciencia de sus ciudadanos. Hasta que esas reservas se agotan y lo que parecía aguantar se rompe de golpe de forma dramática.

La tormenta lleva tiempo formándose. Estas tragedias tienen el sonido del primer granizo contra los cristales: seco, brutal, imposible ya de ignorar. Si seguimos aplazando las reparaciones y confundiendo la propaganda con las soluciones, llegará el momento en que cada fallo arrastre al siguiente. Entonces comprenderemos lo que significa el colapso: descubrir, en mitad del temporal, que el techo bajo el que nos creíamos a salvo llevaba años pudriéndose.

El futuro de España no lo conozco, pero sé como va a ser: durísimo.
Vivimos en Trantor
 
Recordemos que a esta persona la colocaron en Adif para trabajar de no sabemos qué.

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A saber cuántos más han colocado ahí, para gestionar los trenes.

El socialismo, amigos.
 

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todo está podrido, desde la corrupción generalizada en todo, a querer estar en la championslig del ave, con líneas que están desérticas cuando tienen un cercanías que va a 140-160 al lado lleno para que el político de turno se pueda poner la medalla y cobrar su comisión. y la gandaluza que es la que se usa más con la de madrid-bcn pues está fatal.
 
Un análisis certero del OP. No somos conscientes del sufrimiento y fatigas que ha costado tener la calidad de vida que hemos disfrutado como para tirarlo por la borda de la manera en que lo estamos haciendo, aceptando sin rechistar nuestra autodestrucción.
 
(mensaje citado en revisión)
Y jubilados que son 9-10 millones.

Es que este país se trabaja para gente que no trabaja en gran medida y encima puede votar.

Pensad que 9 millones de jubilados que si no les suben la pensión no te votan; a ver si eso no condiciona que cada año te suban más los impuestos en tu nómina y no puedas hacer nada.
 
Es un error humano. Las maquinas no se equivocan. Cuando las maquinas fallan hay que tener un protocolo claro y repasarlo todos los meses. Si no lo haces cuando pasa algo asi te pilla con los pantalones bajados. Esto pasa en otro ambitos. Aeronautica, centrales nucleares, quimicas, etc... si no tienes el protocolo claro la puedes liar.
 
El ánimo de los votantes de la derecha ha cambiado: ayer andaban cabizbajos, desmotivados, rendidos y hoy se han vuelto a venir arriba, se les ve ufanos y contentos, vuelven a tener esperanza, es como si les hubiera tocado la lotería.
 

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