Tres lonchas de queso curado cuestan 2,05 euros en un supermercado de barrio
Un envase con tres lonchas de queso curado, 80 gramos de producto y 30 gramos de plástico, se vende a 2,05 euros en un supermercado de barrio. El precio equivale a
68 céntimos por loncha y a unos
25 euros por kilo, una cifra que ha encendido el debate sobre hasta dónde ha llegado el coste de la cesta de la compra en España. La discusión no es solo sobre queso: es sobre salarios, inflación acumulada y la sensación de que productos básicos se han convertido en artículos de lujo.
El precio por kilo que nadie discute
El cálculo es sencillo: 2,05 euros por 80 gramos dan 25,6 euros por kilo. Para un queso curado, ese precio no es una anomalía. Hay quien sostiene que un queso curado de calidad ronda esas cifras desde hace años y que el problema no es el precio, sino la calidad del producto envasado. Otros recuerdan que en una quesería un queso mezcla curado en aceite de oliva, 400 gramos, se vende entre 6 y 8 euros, lo que sale más barato por kilo que las tres lonchas del supermercado.
La comparación con Francia aparece pronto: hay quien dice que allí el mismo producto puede costar 5 euros. La diferencia no es solo de precio, también de salario mínimo. El SMI francés en 2024 era de
1.766,9 euros al mes; el español, de
1.134 euros. Con esa brecha, el queso francés sale relativamente más barato para el bolsillo francés que el español para el español.
Por qué ha subido el queso curado
Según un participante, la leche de cabra se exporta en polvo a China desde hace unos quince años, lo que reduce la oferta interna. La leche de oveja siempre ha sido la más cara por la baja productividad del animal. La de vaca sube porque hay menos producción nacional. A eso se añaden los costes energéticos de las cámaras de maduración, que se han encarecido. El resultado es un queso curado más caro en origen, antes de llegar al lineal.
Hay quien apunta a la burocracia y los portes: un queso fabricado en Canarias con leche que probablemente viene de la península y luego se envía de vuelta a la península acumula costes de transporte, impuestos y trámites. El envoltorio también suma: 30 gramos de plástico para 80 gramos de queso es una proporción que invita a preguntarse si el envase cuesta más que el producto.
¿Es el queso un lujo o siempre fue caro?
No hay consenso. Una parte del análisis sostiene que el queso curado siempre ha sido caro y que las lonchas de cinco euros nunca bajaron. Otra parte responde que antes de la pandemia costaba la mitad y que la inflación acumulada ha convertido en artículo sibarita lo que era normal. La comparación con el aceite de oliva es inevitable: según un comentario, antes a 2,50 euros la botella, ahora a 9 euros. El patrón se repite.
La discusión deriva hacia el consumo: si el precio sube, la demanda baja, la producción se acumula y el ajuste llega por el lado de la oferta. Es el mecanismo clásico, pero no consuela a quien compra. La opción de no comprar existe, pero no resuelve el problema de fondo: la alimentación básica se ha encarecido más rápido que los salarios.
El envase, el plástico y la ironía
El envoltorio de 30 gramos para 80 gramos de producto ha generado su propia corriente de comentarios. Hay quien ironiza con que pronto venderán una sola loncha en un envase de plástico y alguien lo comprará. La crítica al desperdicio de envases se mezcla con la crítica al precio: no es solo que sea caro, es que el formato está diseñado para que lo parezca menos.
La etiqueta añade otro dato: cantidad de queso, 2%. Ese porcentaje, leído en un envase de tres lonchas, alimenta la sospecha de que el producto es más plástico y aditivos que queso. La discusión sobre la calidad se cruza con la del precio y ninguna de las dos se cierra.
La brecha salarial que explica el cabreo
El enfado no es solo por el queso. Es por la relación entre precios y salarios. Con un SMI de 1.134 euros al mes, 2,05 euros por tres lonchas de queso es un porcentaje del presupuesto que en Francia, con 1.766,9 euros de SMI, pesa menos. La comparación internacional se usa como argumento: no es que el queso español sea caro en términos absolutos, es que el salario español es bajo en términos relativos.
La discusión deriva hacia el modelo productivo, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo. El queso es el síntoma, no la enfermedad. Y como síntoma, funciona: tres lonchas a 2,05 euros resumen mejor que cualquier informe la sensación de que el dinero ya no llega a fin de mes.
El análisis se atasca en el mismo punto: si el precio es normal para un queso curado, el problema es el salario. Si el precio es abusivo, el problema es el margen. Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo, y eso es lo que nadie termina de cuadrar.