Cubrirse de la inflación al 7%: del metaverso al oro pasando por Berkshire
Con el IPC llamando a la puerta del 7%, el dinero quieto en la cuenta corriente se convierte en una pérdida garantizada. La respuesta de una parte de los inversores particulares no es una sola: hay quien compra bonos ligados a la inflación, quien apuesta por el metaverso y quien se refugia en el oro físico. La discusión, abierta durante casi cinco años, deja una conclusión incómoda: no existe la cobertura perfecta, solo distintas formas de perder menos.
El punto de partida lo marca una estrategia clásica: fondos de bonos vinculados a la inflación, pensados para mantener el poder adquisitivo más que para ganar. A partir de ahí, las tesis se bifurcan. Un bloque apuesta por la renta variable indexada —S&P 500 y MSCI World en formato fondo o ETF— con aportaciones periódicas, la conocida como estrategia DCA. Otro prefiere acciones concretas: utilities, farmacéuticas, defensa y consumo básico. Y un tercer grupo, minoritario pero ruidoso, se lanza a apuestas especulativas como el metaverso o las criptomonedas.
Qué se compra para no perder poder adquisitivo
La lista de valores que aparecen en la conversación es un catálogo de la España inversora de clase media. En dólares: General Mills, Intel, Kimberly-Clark, Lockheed-Martin, 3M, Merck, Southern Company, Duke Energy y Consolidated Edison. En euros: Allianz, RWE, Sanofi, Siemens y Smurfit Kappa. La lógica es siempre la misma: empresas que venden productos o servicios que el consumidor no puede dejar de pagar, desde la electricidad hasta el papel de embalaje.
Hay quien añade un matiz sectorial. Las eléctricas funcionan, en palabras de un participante, como «lo más parecido a tener acciones de la mafia»: ingresos regulados, demanda inelástica y capacidad de trasladar costes al recibo. Los bancos, en cambio, generan división. Unos sostienen que la subida de tipos disparará sus beneficios; otros recuerdan que llevan años «palmando» y que el mercado no termina de creérselo.
El agua aparece como apuesta temática. Un ETF domiciliado en Irlanda que invierte en empresas de gestión de agua y saneamiento muestra, según quien lo defiende, una línea ascendente casi perfecta durante años. La tesis: las cuotas de saneamiento se actualizan con la inflación y la demanda es estructural.
El oro, Bitcoin y la cartera permanente
Frente a la renta variable, una corriente más defensiva apuesta por el oro abovedado y Bitcoin como cobertura «fiat». El planteamiento no busca rentabilidad: busca caer menos que los demás cuando llegue «el guano purificador» y tener liquidez para comprar oportunidades. Es una tesis de resiliencia, no de beneficio.
La cartera permanente de Harry Browne y la All Weather de Ray Dalio aparecen como marcos teóricos para quien no quiere elegir. Ambas están diseñadas para funcionar en crecimiento, inflación, deflación y crisis, con rentabilidades medias en torno al 7% anual y caídas máximas históricas del 12% con recuperación en un año, según los defensores de estas carteras. El problema, señalan los más escépticos, es que esos datos vienen de un periodo de tipos de interés en descenso que difícilmente se repetirá.
El metaverso y otras apuestas que no cubren nada
No todo lo que se compra tiene relación con la inflación. Un participante reconoce haber comprado acciones de empresas ligadas al metaverso como apuesta especulativa, asumiendo volatilidad y rendimiento nulo a corto plazo. La compra de Activision por parte de Microsoft, con la consiguiente caída de Sony, se lee como confirmación de que el sector se mueve.
El problema es que estas apuestas pueden ir justo en dirección contraria. Un repaso a las rentabilidades de una selección de valores recomendados a principios de año muestra el golpe: MoneyMe cae un 88,92%, MetaMaterials un 56,18%, ZIM un 70,60% y Microsoft un 27,70%. La media de una cartera equiponderada con esos valores sería del -21,95%, por debajo de los índices, según el cálculo de un forero. La conclusión que extrae quien hace el cálculo: quien vende cursos prometiendo batir al mercado, rara vez lo hace.
El clásico que aguantó: Berkshire Hathaway
Un año después del arranque de la discusión, un dato descoloca: lo único que se ha mantenido a la par con la inflación son las acciones de Berkshire Hathaway, según un participante. Quien invirtió en 1995 en el conglomerado de Warren Buffett habría obtenido un retorno del 1.466%, con la acción pasando de 20 a 320 dólares y sobreviviendo a la burbuja de las puntocom y a la crisis de 2008, según el mismo cálculo.
La ironía es que Berkshire no es una cobertura contra la inflación en sentido estricto. Es una máquina de generar caja que compra negocios con poder de fijación de precios. La lección que dejan casi cinco años de conversación es que las estrategias simples —índices, aportaciones periódicas, paciencia— siguen ganando a las complicadas. Y que el 7% de inflación no se cubre con una sola idea, sino con una cartera que aguante el tipo cuando el escenario cambie.