Récord de tráfico aéreo frente al relato del turismo que pincha
Abrir Booking, buscar tres noches en Barcelona para las fechas fuertes de Semana Santa y bajar hasta el último resultado de la lista:
182 euros por una cama en una habitación compartida de diez. Ese es el precio más barato disponible. Mientras tanto, se extiende el diagnóstico de que el número de viajeros cae de forma notable en los últimos meses y de que cada vez hay menos dinero para gastar en viajes. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y ahí empieza lo interesante.
Qué sostiene el diagnóstico de que el turismo empieza a pinchar
La tesis parte de una observación simple: menos viajeros, menos gasto. Sobre esa base se añade la pieza energética, la que más se repite:
Rusia prohíbe las exportaciones de petróleo durante seis meses a partir del 1 de marzo, la noticia ya ha movido el precio del crudo, y el problema de un posible pico del petróleo no es tanto que el precio suba como que los países exportadores dejen de exportar. Detrás no hay una predicción de colapso, sino de escasez: si los productores priorizan su consumo interno y venden más caro lo que sacan fuera, mover personas y mercancías se encarece para todos. De ahí se baja a lo cotidiano: carburantes, el diésel con el que se hacen las cosechas, los alimentos —se habla de una subida del
30%— y, por tanto, menos margen para pagar un vuelo y un hotel.
El gráfico de EEUU que se usó para hablar del turismo español
La prueba gráfica que se esgrimió tiene truco. La serie mide
personas que pasan controles de seguridad en aeropuertos de Estados Unidos, no llegadas de turistas a España, y mide variación interanual, no volumen. Leída así, la tasa de febrero se queda en un
6% respecto al mismo mes del año anterior, con toda la serie en terreno positivo y la media móvil de cincuenta días subiendo desde hace dos años. La interpretación menos dramática es que la cifra se ha normalizado porque ya se han recuperado los niveles previos a la pandemia; el frenazo no es caída, es llegada a la meseta. Quien lee esa gráfica como un desplome de la demanda se equivoca de país y de métrica.
¿Cuánto cuesta dormir en Barcelona, Madrid y Benidorm en Semana Santa?
Los precios son la mejor prueba de que la demanda no se ha ido a ninguna parte. En Barcelona, el hotel más barato para tres noches, sin estrellas,
supera los 400 euros; una habitación decente no baja de 200, y la referencia diaria de la ciudad se coloca en
136 euros. En Madrid, la misma medida sube a
200 euros por día. En el otro extremo, en destinos de ocio como Benidorm, aparecen hoteles de cuatro estrellas por debajo de los 100 euros por noche. Esa brecha —gran ciudad frente a destino de playa— es el dato más incómodo para quien sostiene que sobra oferta y falta demanda.
Turistas récord y la tesis del visitante que gasta menos
España superó en 2023 el récord de turistas y de gasto de 2019, con
más de 84 millones de visitantes, y el sector hotelero cerró un ejercicio mejor que 2022. En julio, los aeropuertos españoles aumentaron su tráfico
más de un 10%, con Madrid Barajas liderando y la mayoría de destinos creciendo a doble dígito sobre 2019. La objeción no es el volumen, sino la calidad: se argumenta que llegan más visitantes con menos poder de gasto y que este año podrían faltar varios millones de alemanes, franceses y británicos por la recesión de sus economías. Es una previsión, no un dato cerrado. En el otro lado, la percepción es opuesta: hay quien sostiene que el avión está tirado de precio y quien replica que los viajes baratos terminaron en 2019.
Alquiler turístico, pisos vacíos y la letra pequeña del negocio
El segundo frente es el alojamiento. En zonas como Malasaña, los comercios notan menos estudiantes extranjeros, y en edificios reconvertidos a alquiler por habitaciones —
900 euros por una habitación pequeña, doce por planta— empiezan a verse huecos donde antes había lista de espera. Sobre esa debilidad se ha construido la expectativa de una reconversión: pisos turísticos que vuelven al alquiler tradicional y propietarios que, sin la gallina de los huevos de oro, tendrán que conformarse con inquilinos de aquí.
Con más de 84 millones de visitantes en 2023 y un julio con un 10% más de tráfico aéreo, sostener que el turismo se hunde exige explicar por qué los contadores siguen subiendo. La brecha de precios entre Barcelona, Madrid y Benidorm apunta a otro diagnóstico: el viajero no ha desaparecido, solo se ha vuelto más exigente con cada euro.