El Institut Ostrom sostiene que la rebaja fiscal prometida por VOX costaría unos 118.000 M€ al año y que financiarla recortando subvenciones no cuadra. El grueso, unos 85.000 M€, vendría del IRPF.
La promesa fiscal de VOX tiene un precio. El Institut Ostrom, un think tank liberal, ha publicado sus cuentas sobre lo que costaría llevar a la práctica la rebaja de impuestos que el partido defiende y el resultado es una cifra difícil de digerir: unos 118.000 M€ al año. La advertencia no viene de un adversario ideológico, sino de una casa que en principio simpatiza con bajar impuestos. De ahí el ruido.
Qué incluye la rebaja y de dónde sale el dinero
El desglose que maneja Ostrom es concreto. El IRPF se llevaría la mayor parte: unos 85.000 M€ anuales, calculados con datos de la AEAT. La propuesta consiste en dejar exento el impuesto hasta los 22.000 € de renta y aplicar después dos tramos, uno del 15 % y otro del 25 %. Es decir, no una rebaja marginal, sino un rediseño completo del impuesto sobre la renta.
A eso se suma la bajada del IVA y del Impuesto de Sociedades, que completan el paquete. La cifra total, 118.000 M€, equivale a una parte muy relevante de los ingresos públicos anuales. Para que el lector se haga una idea: no es un ajuste, es un cambio de modelo de financiación del Estado.
El problema de pagarlo recortando subvenciones
VOX sostiene que la rebaja se financiaría recortando subvenciones y lo que el partido llama ayudas públicas. Ostrom no lo ve. La razón es aritmética: el volumen de subvenciones que se podría eliminar sin tocar pensiones, sanidad, educación o dependencia no se acerca a los 118.000 M€. Recortar esa cantidad exigiría entrar en el núcleo del gasto social, algo que el partido no plantea.
La conclusión del think tank es dura para quien promete la medida: las cuentas no salen. No se trata de si bajar impuestos es bueno o malo, sino de si el dinero que se dice ahorrar existe. Y según este cálculo, no.
Por qué importa que lo diga un think tank liberal
La advertencia gana peso por quién la firma. Un instituto que defiende la rebaja fiscal como principio no tiene incentivo para inflar el coste de una propuesta ajena. Cuando el aviso llega desde dentro de esa familia ideológica, la discusión se desplaza: ya no es izquierda contra derecha, sino si la promesa es sostenible con los números en la mano.
Eso no zanja el debate. Los cálculos dependen de supuestos sobre crecimiento, elasticidad y comportamiento de los contribuyentes que siempre se pueden discutir. Pero pone sobre la mesa un dato que cualquier votante debería poder comprobar antes de comprar el paquete completo.