El sketch de TVE que coincidió con el crimen de Pamplona
Un asesinato en Pamplona y un sketch en Televisión Española emitidos el mismo día. Con eso basta para que la conversación pública se parta en dos y acabe, cómo no, hablando de dinero público. Según los datos que circularon, una joven fue asesinada a cuchilladas en la ciudad y el hombre señalado como presunto autor es de origen magrebí. La víctima era una mujer trans, según el mensaje que difundió la escritora Lucía Etxebarria, que reprochó a las asociaciones LGTBI no haber puesto el mismo empeño que en otras causas. Y esa jornada, en horario de máxima audiencia de La 1, David Broncano emitió un monólogo satírico que buena parte del público leyó como una burla a las víctimas.
Qué pasó en Pamplona y por qué se relacionó con Broncano
Los dos hechos que se cruzaron son simples de enunciar. El primero: el asesinato a cuchilladas de una joven, un suceso sobre el que las informaciones disponibles en ese momento apuntaban a un hombre de origen magrebí como presunto autor, sin que conste condena ni juicio celebrado. El segundo: un sketch de humor grabado con antelación que, por su temática, se solapó con la noticia en el calendario. La coincidencia bastó para que una parte del público hablara de
blanqueo, de frivolidad y de falta de tacto. Otra parte, en cambio, advirtió de que la relación entre ambos hechos la construía quien la quería ver.
Ahí empieza el enredo, porque el reproche no es solo moral: es económico. El presentador cobra de una televisión que financian los presupuestos, y eso convierte cualquier polémica de audiencia en una discusión fiscal.
¿Se rió el programa del crimen? Lo que dice el corte completo
Esa fue la primera pregunta que se hizo quien quiso salir de la consigna. La respuesta, según el propio ejercicio de verificación que recoge la discusión, es incómoda para las dos trincheras:
el fragmento completo del sketch no contiene ninguna referencia al crimen. Ni a la víctima, ni a Pamplona, ni al suceso concreto.
Lo que sí hay es un chiste sobre un país ficticio y unos cuantos tics de la izquierda y de la derecha, del tipo que se emite cualquier otra semana sin que nadie levante la ceja. El material apunta incluso a que el monólogo estaba ensayado desde días antes. O sea: el problema no fue el guion, fue el calendario. Y esa conclusión, lejos de calmar los ánimos, los calienta más, porque deja a cada bando con su propia versión del ridículo y con la sensación de haber perdido el tiempo discutiendo.
El sueldo, RTVE y la factura que pagan los contribuyentes
El segundo frente, y probablemente el que más recorrido tenga, es el de la financiación. La
televisión pública se sostiene con dinero de los Presupuestos Generales del Estado, lo que convierte cada emisión polémica en un asunto de gasto. El argumento que se repite es que
un programa con millones de espectadores se paga con los impuestos de quien no lo ve, y que el presentador percibe por ello una retribución elevada. No hay cifra oficial en el material, así que cualquier número que circule conviene tomarlo con pinzas.
Merece la pena recordar, aunque estropee el relato, que la crítica al coste de la radiotelevisión pública es
tan vieja como la propia corporación y ha servido históricamente para todo: para pedir su cierre, para pedir su reforma y para exigir que emita exactamente lo que a cada cual le gusta.
El padre, la nacionalidad y la versión que no encaja
Hay un detalle del caso que descoloca a más de uno: las declaraciones del padre de la víctima, que según lo recogido habría atribuido el crimen a un móvil de homofobia y habría expresado incluso ganas de abrazar a una persona musulmana. Un relato que no encaja con el guion que algunos esperaban y que, por eso mismo, ha alimentado toda clase de sospechas sin prueba alguna que las sostenga.
En paralelo se resucita otro suceso, el de Mocejón, para sostener que la nacionalidad del agresor se oculta cuando no interesa. Es una acusación que se lanza sin aportar ninguna evidencia y que la propia discusión no llega a resolver en ningún momento.
La coincidencia con el debate de la ley de extranjería
Que el sketch coincidiera con la jornada en que se debatía la ley de extranjería fue, para muchos, la prueba de que no existen las casualidades. Basta con mirar el calendario para encontrar, en efecto, una coincidencia casi semanal entre los chistes sobre migración y alguna noticia de sucesos. Ese es, de hecho, el argumento más sólido del bando contrario: no pasa una semana sin que el monólogo roce el mismo asunto.
El resultado es una discusión que ya no va del programa ni del crimen, sino de quién tiene derecho a contar qué y con qué palabras. Y ahí, exactamente ahí, se atasca todo: nadie ha logrado cerrar la distancia entre una coincidencia de fechas y una intención de guion que no aparece por ninguna parte.