Monasterio dimite como diputada y abandona la política tras su cese en Vox
¿Qué pasa cuando el partido que prometía limpiar el sistema se pasa los últimos meses limpiándose a sí mismo? Rocío Monasterio ha entregado su acta de diputada y deja la política después de que la dirección de Vox decidiera retirarle la presidencia del partido en Madrid e imponer una nueva dirección. La hasta ahora líder madrileña no se ha ido en silencio: según las informaciones difundidas, atribuye el relevo a una imposición «a dedo». El movimiento cierra una etapa en la formación de Abascal y abre otra pregunta incómoda: cuánto queda del proyecto original y cuánto es ya una estructura de cargos.
Qué ha pasado con Rocío Monasterio y Vox Madrid
El detonante es organizativo, no ideológico. La dirección nacional de Vox decidió cambiar la cúpula madrileña y colocar al frente a
José Antonio Fúster, que venía desempeñando labores en la estructura regional. Monasterio, que llevaba años como referencia del partido en la Comunidad de Madrid, entregó su escaño y anunció su salida de la política. Lo hizo con acusaciones de dedocracia interna, según los medios que recogieron sus declaraciones.
La lectura oficial desde el entorno del partido es que la renovación era necesaria y que la hasta ahora diputada
deseaba dejar el cargo desde diciembre. Es decir: no la echan, se va. Dos relatos incompatibles para un mismo hecho, y el votante decide cuál le cuadra.
El balance de Vox en Madrid: qué queda de la promesa
Aquí el análisis se vuelve incómodo para propios y ajenos. Una parte del electorado que apoyó a Vox lo hizo harto del bipartidismo y de la corrupción, y ahora sostiene que el partido se ha convertido en
Ciudadanos 2.0: una estructura donde lo importante es el carguito y no el programa. El balance que se le achaca es el de «las verdades del barquero» —diagnóstico certero, ejecución escasa— con alguna medida autonómica de recorrido limitado y el eje del régimen del 78 intacto.
En el otro lado, hay quien defiende que la salida de Monasterio era necesaria porque su perfil restaba más de lo que sumaba en Madrid, y que el objetivo real es disputarle la mayoría absoluta a Ayuso con una cara nueva. La sustitución, señalan, la asumió alguien que sí había estado en el terreno.
La purga que no cesa: ¿limpieza o decapitación?
El paralelismo que más se repite es con Alternativa para Alemania, que hizo limpieza de fundadores para hacerse presentable al electorado. La diferencia que se subraya es el para qué: unos se desprendieron de lastre para crecer; Vox, según esta lectura, se está desprendiendo de cuadros sin que nadie explique el destino del proyecto. Y el sector liberal, el que representaban Monasterio y su entorno, queda prácticamente purgado.
La consecuencia práctica es que el partido camina hacia un perfil más populista y patriótico, con menos moderación y más épica. Si eso basta para madurar como fuerza de gobierno es exactamente lo que está en discusión.
El hueco que deja: Alvise, Espinosa y el voto huérfano
Cuando un partido se descapitaliza por arriba, el votante busca dónde aparcar el cabreo. Suenan dos nombres. El primero, el de
Iván Espinosa de los Monteros, al que muchos consideran el activo perdido más caro de la operación. El segundo, Alvise Pérez, que recoge el voto antisistema con un discurso de exención fiscal para los primeros 100.000 euros. Que la esperanza del votante desencantado sea un eurodiputado sin estructura es, como poco, un síntoma.
Al final, la pregunta no es quién se va de Vox, sino cuántos quedan y por qué. Con este ritmo de bajas, la próxima purga la tendrá que hacer el que quede para limpiar el despacho.