De Flandes a Marruecos: el eje que nadie cuantifica
¿Qué tienen en común las campañas de Flandes del siglo XVII y el actual entendimiento entre Israel y Marruecos? A primera vista, nada. Pero ambas historias comparten un rasgo incómodo: el dinero y la geopolítica avanzan de la mano, y quien los analiza por separado pierde de vista el tablero real. La retórica sobre el dominio global del sionismo llena titulares; el análisis económico serio, escasea.
El acuerdo que normalizó las relaciones entre Rabat y Tel Aviv se vendió como un intercambio de intereses concretos: tecnología agrícola, gestión del agua, ciberseguridad y flujos de inversión. Sin embargo, el ruido ideológico —la causa palestina, los equilibrios en el Magreb, el papel de Washington— ahoga la lectura de balance. Hay quien sostiene que Marruecos busca en Israel una palanca para modernizar su economía y reforzar su posición frente a Argelia; en contra, pesa el argumento de que el pacto debilita la causa saharaui y deja un peaje político que no aparece en la contabilidad.
La referencia histórica a Flandes no es ociosa: también allí, una alianza militar y financiera se sostuvo sobre intereses que cambiaron de bando según soplara el dinero. Resta una tarea pendiente: cuantificar el peso real del factor económico en esta alianza. Sin datos desglosados de comercio bilateral o inversión directa, el relato se queda en la anécdota y la suspicacia. ¿Fue la normalización un negocio estratégico o un gesto simbólico? Flandes enseña que los intereses escriben la historia con cifras. El expediente sigue abierto.