Huelga indefinida contra Ayuso al arrancar el curso
El Sindicato de Estudiantes ha anunciado una huelga indefinida contra las políticas educativas de la Comunidad de Madrid que preside Isabel Díaz Ayuso. La convocatoria se difundió justo al inicio del curso académico y con un mensaje que ha circulado con rapidez: «Los estudiantes iremos a una huelga indefinida y NO estudiaremos». La organización coloca así el conflicto en el terreno de la presión sostenida, no en el de una jornada puntual de paro.
Qué es el Sindicato de Estudiantes y qué defiende
La propia organización se define como revolucionaria, marxista, antifascista, obrera, internacionalista y anticapitalista. En su repertorio ideológico figuran el comunismo, el leninismo, el feminismo y el obrerismo, y su ubicación en el espectro se sitúa en la extrema izquierda. No es una coordinadora de delegados ni una asociación de padres: es un actor político con vocación de confrontación y con un lenguaje que no busca la foto institucional.
Ese perfil explica el tono de la convocatoria. Plantear una huelga indefinida en septiembre, cuando el calendario apenas arranca, es una decisión de alto coste y difícil gestión: exige mantener la tensión semanas, no horas, y obliga a la organización a sostener piquetes, asambleas y desgaste interno sin garantía de resultado.
El escepticismo sobre la eficacia de no estudiar
La réplica más repetida no discute los motivos, discute el método. Hay quien sostiene que una huelga estudiantil es una huelga de pacientes: si el servicio es la propia asistencia, abandonarlo no presiona a nadie, solo confirma la ausencia. El argumento del informe PISA aparece como guiño recurrente, y otro sector propone la fórmula inversa —una huelga a la japonesa, estudiando más— para dar la vuelta al gesto.
Más incómoda es la objeción sobre el derecho ajeno: la queja de que una minoría movilizada impida a los demás asistir a clase convierte la protesta en un conflicto entre estudiantes, no solo entre estudiantes y administración. Ahí el relato de la organización se agrieta, porque el apoyo que necesita dentro del aula es justo el que la huelga pone a prueba.
El fondo del asunto, en cambio, sigue sin resolverse. Una huelga indefinida se gana o se diluye en función de cuánta gente aguante el pulso, y de eso no hay proyección posible a día de hoy. La convocatoria está sobre la mesa. El desgaste, por ver.