El 'gen rojo' y el problema real de España
Un pueblo vacío. Un grupo de jóvenes migrantes recién llegados. Una regente de bar que sonríe en la foto. El tuit que desencadena todo esto —celebrando la repoblación de una localidad con migrantes— sirve de detonante para una discusión que, en cuestión de horas, pasa de la anécdota local a una tesis que se repite en el hilo: que el problema de España no es la inmigración, sino algo que, según quienes sostienen esa tesis, ni se puede expatriar ni se puede convencer.
La conversación arranca con una afirmación que se repite en distintos formatos a lo largo de todo el intercambio: aunque todos los migrantes fueran repatriados mañana, seguiría existiendo un núcleo de población que, según esta tesis, vive para destruir cualquier atisbo de prosperidad. A ese núcleo se le llama, en el material,
gen rojo. Y la conclusión que se extrae es que ese gen no se cambia con diálogo ni con batalla cultural, sino solo con dos vías: autoritarismo o secesión.
Qué se debate cuando se habla de repoblación
El punto de partida es una noticia sobre un pueblo que recibe a jóvenes migrantes para frenar la despoblación. La reacción inmediata en el material es doble. Por un lado, hay quien celebra la iniciativa como una oportunidad para localidades condenadas a desaparecer. Por otro, aparece la desconfianza: ¿a qué se van a dedicar esos jóvenes cuando se acabe la pensión completa? ¿Qué pasa si no quieren trabajar? ¿Qué ocurre cuando las hormonas y la falta de perspectivas se cruzan con una comunidad pequeña?
Ese segundo bloque de preguntas no es menor. En el material se plantea que si la gente joven abandona el pueblo es por falta de oportunidades, y que traer migrantes sin un plan de empleo real es trasladar el problema, no resolverlo. Hay quien sospecha que el único plan real es el cobro de la ONG de turno por gestionar la manutención durante los meses obligados.
El argumento económico: robots frente a mano de obra
Aquí el debate da un giro interesante. Frente a la idea de que los migrantes vienen a cubrir trabajos que los locales no quieren, surge el contraargumento tecnológico: según un cálculo que circula en el hilo, un robot recolector de fresas cuesta unos 50.000 dólares, el equivalente al salario bruto de dos personas durante un año trabajando ocho horas al día. El robot puede operar dieciséis horas si hace falta, con lo que el primer año ya estaría amortizado.
El cálculo se completa con el argumento de que los costes laborales suben por la seguridad social, el MEI creciente y las regulaciones de reducción de jornada. La conclusión que se extrae es que cada vez es más rentable automatizar que contratar. Y si eso es así, la pregunta que queda flotando es por qué se sigue importando mano de obra para tareas que la tecnología puede cubrir.
La grieta política: dictadura, secesión o nada
El material recoge una escalada retórica que va del análisis a la provocación. Se afirma que la única forma de acabar con el
gen rojo es una dictadura autoritaria o la división del país, y que mientras no se acepte ninguna de las dos, se seguirá igual. La respuesta desde el otro lado es directa: que quien dice eso no tiene intención real de participar en ninguna de las dos vías, y que todo se queda en bilis vertida en internet.
La discusión deriva hacia la cuestión de si el socialismo es la ideología de la envidia y si la envidia es el deporte nacional español. Se argumenta que España es uno de los países donde ese
gen rojo está más extendido. Y se añade un matiz histórico: que la situación previa a la Guerra Civil ya mostraba un nivel de conflictividad que, según esta interpretación, hacía inevitable un desenlace violento.
El precedente que se cita: lo que pasó y lo que no se quiere repetir
En el material se menciona un caso concreto de cambio de régimen que funcionó mientras se aplicó, aunque luego fracasó a la hora de mantenerse. La conclusión que se extrae es que el fallo estuvo en no haber dejado una alternativa para quienes perciben sensibilidades sociales frente a quienes se guían por la lógica económica y la razón internacional. La propuesta que se lanza es una frontera: que cada cual viva en el lado que prefiera, con la advertencia de que los de un lado acabarán salpicando de descalificaciones a los del otro.
El cierre: el dato que descoloca
El material termina con una reflexión sobre la corrupción que emana desde la base del Estado. Se cuenta el caso de un policía nacional que, en su tiempo libre, hacía reformas sin declarar y contrataba a personas sin papeles por cincuenta euros al día, a las que recogía en una plaza madrileña. Un cliente que paga en negro a un obrero que cobra en negro porque contrata a indocumentados en negro, y el intermediario es un agente de la ley. Si la base es así, la conclusión que queda es que el problema no es solo de arriba.
Datos clave del debate
- Un robot recolector de fresas cuesta 50.000 dólares, equivalente al salario bruto anual de dos personas a ocho horas diarias.
- El robot puede trabajar dieciséis horas al día, con amortización en el primer año.
- El coste laboral sube por seguridad social, MEI y reducción de jornada de 40 a 37,5 horas.
- Un policía nacional contrataba a personas sin papeles por 50 euros al día para reformas sin declarar.