Biden indulta a Hunter y lo blinda once años hacia atrás
El perdón presidencial que Joe Biden firmó a favor de su hijo Hunter no se limita a las condenas ya dictadas. El documento cubre cualquier delito federal que pudiera haber cometido entre el 1 de enero de 2014 y el 1 de diciembre de 2024. Once años de inmunidad retroactiva para quien ya se había declarado culpable de mentir en un formulario de compra de armas y de nueve cargos fiscales federales. La firma llegó a pocas semanas de entregar el despacho oval y después de que la portavoz de la Casa Blanca negara el indulto en repetidas comparecencias ante la prensa.
Qué cubre exactamente el perdón a Hunter Biden
La sección 2 del artículo 2 de la Constitución faculta al presidente para conceder indultos por delitos contra Estados Unidos, salvo en casos de responsabilidad oficial. La figura no es nueva: ya la ejercían los monarcas ingleses y la estrenó George Washington en 1795 con dos condenados. Lo que ha cambiado es el uso. El perdón clásico excusaba a alguien ya condenado por un delito concreto, normalmente por razones humanitarias o de equidad. El de Biden amplía el paraguas a todo lo que pueda aparecer en una década entera.
Ahí está el núcleo del asunto. Hunter Biden fue condenado en junio por marcar en 2018 una casilla que negaba el consumo de drogas ilegales en un formulario de compra de armas, y mantuvo el arma en su poder de forma ilegal durante once días. En septiembre se declaró culpable de nueve cargos fiscales federales justo antes de que arrancara la selección del jurado en California. Con el perdón firmado, ni esas condenas ni cualquier investigación futura sobre ese periodo pueden tocarle.
Hay quien sostiene que el alcance temporal responde a la imposibilidad de saber qué delitos pueden salir a la luz en los próximos años, y que blindar el pasado evita una persecución selectiva. En contra pesa un argumento más simple: si el perdón cubre lo que aún no se ha investigado, el mensaje que llega es que la justicia tiene puertas laterales para quien tiene el apellido correcto.
El precedente de Clinton y el consuegro de Trump
No es la primera vez que un presidente indulta a un familiar. Bill Clinton indultó a su hermano el día que dejó el cargo. La diferencia que subrayan varios análisis es de grado: un indulto puntual sobre un delito conocido y juzgado no es lo mismo que una amnistía encubierta sobre una década sin cerrar. El precedente republicano también existe: el padre de Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump, fue condenado a dos años de cárcel por evasión fiscal y luego indultado por Trump al final de su primer mandato. La simetría es incómoda para ambos bandos.
La reacción demócrata ha sido defensiva. Buena parte del argumento público se ha centrado en que Trump haría lo mismo o peor, y en que el sistema judicial estadounidense ya está politizado de facto. Es la misma gimnasia que se critica cuando la hace el rival. El resultado es un país donde cada vez menos gente cree que la ley se aplica igual al hijo del presidente que al vecino que rellena mal un formulario.
El fiscal ucraniano y el millón de dólares
El episodio que más recorrido tiene en el debate es anterior. Biden contó en público, siendo vicepresidente, cómo condicionó un crédito de 1.000 millones de dólares a Ucrania al despido del fiscal jefe del Estado en un plazo inferior a seis horas, las que tardaba en irse del país. El fiscal investigaba comisiones abusivas en una empresa de gas ucraniana. La anécdota se ha convertido en el argumento central de quienes sostienen que el blindaje judicial del hijo protege también al padre de cualquier investigación derivada.
El cálculo más optimista para la Casa Blanca es que el perdón cierra el capítulo y desactiva el ruido mediático. El escenario pesimista es que deja abierta la pregunta de qué había en esos once años que no se podía dejar al criterio de un tribunal.
El patrón que se repite a los dos lados del Atlántico
El eco en España es inmediato. La comparación con los indultos y las amnistías que se han aprobado aquí en los últimos años aparece en casi cualquier conversación sobre el caso. La frase que resume el malestar no es nueva: las leyes son como las telas de araña, por las que pasan libres las moscas grandes y quedan atrapadas las pequeñas, como escribió Balzac. La cita se ha repetido tanto que ya funciona como diagnóstico.
El problema de fondo no es Biden ni Trump. Es un sistema bipartidista donde cada bloque utiliza el aparato del Estado para proteger a los suyos y desgastar al contrario, y donde el votante asume que la imparcialidad judicial es una ficción de manual. El indulto de Hunter Biden no rompe nada. Confirma una tendencia que llevaba años cocinándose.
Con estos mimbres, la pregunta que queda sin respuesta es qué impide que el próximo presidente haga lo mismo con su propio círculo. Nada, en la práctica.