Tio Pepe
Madmaxista
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Después de un año sin abrir nuevos hilos, hoy me he animado para discutir un tema que, aunque mencionado en algunos medios, no ha recibido la atención que merece: la llamativa situación de la deuda estadounidense. Este factor no solo influye activamente en la economía, sino que será clave en las decisiones que deberá tomar el gobierno de EEUU en los próximos meses.
En los últimos años, EEUU ha mantenido un gasto fiscal significativo en todos los niveles. Durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, los estímulos económicos podían ser una medida necesaria para mitigar la crisis del ELbichito. Sin embargo, incluso cuando la economía mostraba signos de recuperación y la inflación empezaba a preocupar, el gasto público no se moderó. Un ejemplo claro fue la aprobación en noviembre de 2021 del Plan de Infraestructuras, valorado en 1,2 billones de dólares, de los cuales 550.000 millones se destinaron a nuevas inversiones en los siguientes cinco años. Para ese momento, la economía ya estaba en fase de recuperación: el desempleo había disminuido, el PIB crecía sostenidamente en el tercer trimestre de 2021, y la inflación (IPC) alcanzaba el 6,8%. Aun así, se optó por mantener políticas de estímulo agresivas.
Desde inicios de 2022, la Reserva Federal (FED) inició un ciclo de subidas de tipos y reducción de su balance. Aunque aún no ha alcanzado los niveles previos a la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, la FED ha dejado de ser un comprador inagotable de deuda, lo que ha supuesto un desafío para el gobierno, que sigue necesitando financiación.
Además, los antiguos grandes tenedores de deuda estadounidense han reducido su exposición de forma alarmante:
En el último año, el Tesoro estadounidense ha tenido dificultades para encontrar compradores de deuda a largo plazo (Miscelánea...). Varias subastas quedaron desiertas, lo que obligó al gobierno a recurrir a deuda de corto plazo, aprovechando la liquidez en los repos inversos. Sin embargo, esta fuente de financiación se agotó rápidamente. Mientras tanto, los inversores han migrado en masa hacia fondos monetarios, atraídos por rentabilidades atractivas y bajo riesgo.
Todo esto ha generado una tormenta perfecta:
El resultado es claro: con los tipos actuales, el gasto fiscal se enfrenta a una presión cada vez mayor.
Es crucial observar cómo evolucionará esta situación y cuáles serán sus implicaciones en la economía global. El nivel de endeudamiento, el menor interés de inversores extranjeros y el creciente costo de financiación pueden desencadenar consecuencias significativas en los próximos meses.
Por supuesto, Trump no es ajeno a este escenario. No tengo dudas de que parte de su estrategia está influida por esta realidad.
Y aquí surgen dos preguntas clave: ¿Es posible que su plan pase por una desaceleración económica intencional, que obligue a la FED a recortar tipos rápidamente y facilite que el Tesoro vuelva a financiarse a tasas bajas? ¿Podría esta misma desaceleración provocar un drenaje en los fondos monetarios, reavivando el interés por los bonos de mayor duración?
Veremos...
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En los últimos años, EEUU ha mantenido un gasto fiscal significativo en todos los niveles. Durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, los estímulos económicos podían ser una medida necesaria para mitigar la crisis del ELbichito. Sin embargo, incluso cuando la economía mostraba signos de recuperación y la inflación empezaba a preocupar, el gasto público no se moderó. Un ejemplo claro fue la aprobación en noviembre de 2021 del Plan de Infraestructuras, valorado en 1,2 billones de dólares, de los cuales 550.000 millones se destinaron a nuevas inversiones en los siguientes cinco años. Para ese momento, la economía ya estaba en fase de recuperación: el desempleo había disminuido, el PIB crecía sostenidamente en el tercer trimestre de 2021, y la inflación (IPC) alcanzaba el 6,8%. Aun así, se optó por mantener políticas de estímulo agresivas.
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Desde inicios de 2022, la Reserva Federal (FED) inició un ciclo de subidas de tipos y reducción de su balance. Aunque aún no ha alcanzado los niveles previos a la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, la FED ha dejado de ser un comprador inagotable de deuda, lo que ha supuesto un desafío para el gobierno, que sigue necesitando financiación.
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Además, los antiguos grandes tenedores de deuda estadounidense han reducido su exposición de forma alarmante:
- Japón enfrenta problemas con su moneda, una inflación más elevada y el carry trade lo que ha llevado a una reducción de sus tenencias.
- China, que hace una década era el mayor tenedor extranjero con 1,3 billones de dólares en bonos del Tesoro, ha reducido su posición hasta los 759.000 millones, en gran parte por razones geopolíticas: en un contexto de creciente rivalidad con EEUU, financiar a su principal adversario estratégico es cada vez menos lógico.
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En el último año, el Tesoro estadounidense ha tenido dificultades para encontrar compradores de deuda a largo plazo (Miscelánea...). Varias subastas quedaron desiertas, lo que obligó al gobierno a recurrir a deuda de corto plazo, aprovechando la liquidez en los repos inversos. Sin embargo, esta fuente de financiación se agotó rápidamente. Mientras tanto, los inversores han migrado en masa hacia fondos monetarios, atraídos por rentabilidades atractivas y bajo riesgo.
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Todo esto ha generado una tormenta perfecta:
- Durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, EE.UU. emitió grandes cantidades de deuda a tasas cercanas a 0%.
- Optó principalmente por bonos de corta duración, que ahora están venciendo y deben ser renovados.
- Las emisiones masivas de deuda a corto plazo del último año están elevando el costo promedio de financiación.
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El resultado es claro: con los tipos actuales, el gasto fiscal se enfrenta a una presión cada vez mayor.
Es crucial observar cómo evolucionará esta situación y cuáles serán sus implicaciones en la economía global. El nivel de endeudamiento, el menor interés de inversores extranjeros y el creciente costo de financiación pueden desencadenar consecuencias significativas en los próximos meses.
Por supuesto, Trump no es ajeno a este escenario. No tengo dudas de que parte de su estrategia está influida por esta realidad.
Y aquí surgen dos preguntas clave: ¿Es posible que su plan pase por una desaceleración económica intencional, que obligue a la FED a recortar tipos rápidamente y facilite que el Tesoro vuelva a financiarse a tasas bajas? ¿Podría esta misma desaceleración provocar un drenaje en los fondos monetarios, reavivando el interés por los bonos de mayor duración?
Veremos...
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