Si hay algo intencional, anti-casual y hecho a propósito es el perdón.
Y en contra de todo lo que rodea nuestra cultura actual, cuando hay perdón uno no fluye, ni se deja llevar, no ocurren las cosas sin más, y por supuesto no ocurre por el azar.
No hay nada automático, ni fácil, ni siquiera reutilizable en el perdón. Es como una prueba que se afronta siempre desde cero y las ocasiones anteriores no juegan sino en contra.
Todo razonamiento que surge tiende a dificultarlo y persistiendo en la lógica sólo se plantea descartar el perdón bajo amenaza de mostrarnos como débiles o mermados intelectualmente.
Toda experiencia personal de sufrimiento asociado al perdón lo dibuja como una posibilidad impensable, como si fuera un muro infranqueable ante una persona que no pudiera siquiera caminar.
Y sin embargo, es evidente que tras abrazar y recorrer el perdón, el mundo es un lugar mejor y nosotros estamos más cerca de de Dios.
Tras haber perdonado intuimos que el mundo está más próximo a como debería ser; se ha reparado algo de este mundo que está tan roto, en todos los aspectos tocantes a las relaciones humanas.
De todo esto se deduce que el reino de Dios sólo crecerá entre nosotros con nuestra participación activa y deliberada, sometiendo nuestros razonamientos al propósito marcado y acallando todo sentimiento relativo al dolor, no hay otro camino y sabemos que Dios nos aguarda al final del recorrido.
Y en contra de todo lo que rodea nuestra cultura actual, cuando hay perdón uno no fluye, ni se deja llevar, no ocurren las cosas sin más, y por supuesto no ocurre por el azar.
No hay nada automático, ni fácil, ni siquiera reutilizable en el perdón. Es como una prueba que se afronta siempre desde cero y las ocasiones anteriores no juegan sino en contra.
Todo razonamiento que surge tiende a dificultarlo y persistiendo en la lógica sólo se plantea descartar el perdón bajo amenaza de mostrarnos como débiles o mermados intelectualmente.
Toda experiencia personal de sufrimiento asociado al perdón lo dibuja como una posibilidad impensable, como si fuera un muro infranqueable ante una persona que no pudiera siquiera caminar.
Y sin embargo, es evidente que tras abrazar y recorrer el perdón, el mundo es un lugar mejor y nosotros estamos más cerca de de Dios.
Tras haber perdonado intuimos que el mundo está más próximo a como debería ser; se ha reparado algo de este mundo que está tan roto, en todos los aspectos tocantes a las relaciones humanas.
De todo esto se deduce que el reino de Dios sólo crecerá entre nosotros con nuestra participación activa y deliberada, sometiendo nuestros razonamientos al propósito marcado y acallando todo sentimiento relativo al dolor, no hay otro camino y sabemos que Dios nos aguarda al final del recorrido.