Sarna y chinches: el regreso de las plagas que dábamos por extinguidas
Enfermedades que los manuales de epidemiología daban por casi desaparecidas han vuelto a las portadas. La sarna, las chinches y otras dolencias asociadas al hacinamiento protagonizan brotes en colegios, hoteles y hasta en la Terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, donde más de 30 trabajadores han sufrido picaduras en el último mes. No es un fenómeno menor: señala un problema sanitario, pero también de control de infraestructuras.
Un aeropuerto como foco infeccioso
Los partes que llegan de Barajas no hablan de retrasos, sino de parásitos. Según la información difundida, chinches, pulgas, garrapatas y cucarachas han convertido la Terminal 4 en un foco que afecta directamente al personal. Una trabajadora relata que tras permanecer sentada 15 minutos, acumuló entre 30 y 40 picaduras. Las personas sin hogar que duermen en el aeropuerto se han multiplicado por diez, según denuncias de los propios empleados. Las medidas adoptadas, por ahora, no han controlado la situación.
A quién culpar: el debate sobre el origen
Ante estos brotes, emerge una corriente que atribuye la reaparición a la llegada de personas migrantes. Esa narrativa, sin embargo, choca con los datos de la propia sanidad pública: la sarna y las chinches campan en ciudades sin grandes flujos migratorios y se transmiten en guarderías, geriátricos y sistemas de transporte saturados. Hay quien sostiene que la clave está en las condiciones estructurales: hacinamiento, infradotación de los servicios de saneamiento y recortes en salud pública. La evidencia apunta a que los parásitos no entienden de pasaportes, pero sí de falta de higiene y de control.
Si algo enseña el brote de Barajas es que la medicina moderna puede tratar el picor, pero no sustituye a la prevención. Los brotes seguirán apareciendo mientras se ignore el vínculo entre salud pública y condiciones materiales. La próxima vez que una noticia hable de sarna, quizás no haya que mirar quién llega, sino quién recibe.