El mayor bowlingzo inmobiliario en la historia de España: cuando el duque de Lerma se llevó la capital a Valladolid

El mayor bowlingzo inmobiliario en la historia de España: cuando el duque de Lerma se llevó la capital a Valladolid
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El duque de Lerma, consejero de Felipe III, compró propiedades en Valladolid antes de que el rey anunciara el traslado de la corte desde Madrid en 1601. Después las revendió, incluido un palacio al propio monarca por el doble de lo que había pagado, y repitió la operación cuando la corte regresó a Madrid en 1606.

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El duque de Lerma, consejero de Felipe III, compró propiedades en Valladolid antes de que el rey anunciara el traslado de la corte desde Madrid en 1601. Después las revendió, incluido un palacio al propio monarca por el doble de lo que había pagado, y repitió la operación cuando la corte regresó a Madrid en 1606.

Cuando el dinero se mueve siguiendo a un rey, hay quien se adelanta al movimiento. Eso es, en esencia, lo que hizo Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, entre 1599 y 1606. Compró casas, terrenos y palacios en Valladolid mientras convencía a Felipe III de que la corte debía abandonar Madrid. Cuando el anuncio se hizo público, el valor de todo lo que había acumulado se disparó. Y cuando la corte volvió a Madrid cinco años después, volvió a comprar barato y vender caro. La operación, según diversos historiadores, transformó una inversión de 80.000 maravedíes en más de 55 millones, equivalentes a unos 10.000 millones de euros actuales.

Madrid deja de ser una capital itinerante

Felipe II fijó la corte en Madrid en 1561. No era una capital en el sentido jurídico moderno, pero tener al rey residiendo de forma permanente en una ciudad suponía un impulso económico enorme. Solo el aparato cortesano reunía a unas 3.000 personas, que podían llegar a 20.000 contando familiares y criados. En una Madrid que por entonces tenía unos 20.000 habitantes. El efecto fue tan potente que en cuarenta años la ciudad pasó de esos 20.000 habitantes a casi 100.000.

Antes de esa decisión, la capitalidad era itinerante. El monarca gobernaba unas veces desde Valladolid, otras desde Toledo, Córdoba o El Escorial. Carlos V había seguido esa tradición. Pero el imperio español se había vuelto demasiado grande y complejo para gestionarlo moviéndose de un sitio a otro. Felipe II eligió Madrid por varias razones: estaba casi en el centro de la península, tenía recursos naturales, agua subterránea, bosques para cazar y un clima más saludable. Ya contaba con el Real Alcázar, una fortaleza defensiva que podía albergar el palacio real.

Pero había algo más. Madrid ofrecía independencia. No tenía el poder eclesiástico de Toledo ni una burguesía tan influyente como la de Valladolid. Era prácticamente una página en blanco donde establecer una corte a medida. El dinero dejó de moverse por el territorio siguiendo al rey y se concentró en una sola ciudad. Toda la actividad política, administrativa y económica se congregó allí.

El ascenso de un noble sin fortuna

Francisco de Sandoval y Rojas nació a mediados del siglo XVI en una familia de nobles sin riqueza. Con el apoyo de su tío abuelo, el arzobispo de Sevilla, entró en la corte de Felipe II. Su amabilidad y su buena conversación llamaron la atención del príncipe heredero. Se hicieron inseparables. Cuando Felipe III se convirtió en rey en 1598, con tan solo 20 años, lo nombró consejero de confianza y le concedió el título de duque de Lerma.

No era solo el poder que le había dado el rey. Rápidamente colocó a gente de su confianza en los puestos de responsabilidad de la corte. Felipe III era, según su propio padre, terriblemente vago, inmaduro y desinteresado por los asuntos de gobierno. El duque aprovechó esa circunstancia para actuar casi como el auténtico rey. Su firma tenía el mismo valor que la del monarca. Ha habido pocos políticos en la historia de España con tanto poder. Y pocos con tanto interés por el dinero.

No había negocio en la corte que no pasara por sus manos o por las de su entramado de gente de confianza. Si por el camino se podía coger alguna comisión, se cogía. El soborno se convirtió en moneda de curso legal en palacio. Madrid se transformó en una auténtica red clientelar.

El traslado de la corte a Valladolid y el doble pelotazo

La ambición de Sandoval no tenía límites. En 1599 empezó a urdir su plan. Por un lado, convencía al rey de que Madrid era incómoda, demasiado grande, sucia, que el palacio estaba anticuado, que las enfermedades acechaban y que ya conocía todas las zonas de caza. Al mismo tiempo, le contaba las bondades de Valladolid: menos habitantes, más alejada de las enfermedades, con palacios recién reformados y cotos de caza maravillosos. Mientras sembraba estas ideas en la cabeza del rey, junto con su socio y subordinado Pere Franquesa, fue haciéndose con propiedades en Valladolid. Casas, terrenos, palacios. En poco tiempo acumularon un auténtico imperio inmobiliario en la capital del Pisuerga.

Una de las últimas adquisiciones, quizá la más destacada, fue el Palacio de Francisco de los Cobos, comprado a finales de 1600 por un precio ajustadísimo. Cuando unos meses después el rey anunció el traslado de la corte a Valladolid, el valor de las posesiones del duque se disparó. Las miles de personas que se trasladaban, incluyendo nobles, comerciantes y financieros, necesitaban un lugar donde vivir. Ahí estaba el duque dispuesto a ofrecerles alguna de sus viviendas. La mejor operación fue la del Palacio de Francisco de los Cobos, que le vendió al propio Felipe III por el doble de lo que había pagado meses antes. Lo convirtió en el Palacio Real durante su estancia en Valladolid. Uno de los que se trasladó siguiendo la corte fue Miguel de Cervantes, y allí terminó de preparar El Quijote.

¿Y qué hizo Sandoval con el dinero? Comprar posesiones en Madrid, donde los precios se habían desmoronado por el traslado de la corte. Los historiadores cuentan que se hizo con numerosos inmuebles entre Atocha y Neptuno. Estas operaciones ganaron relevancia cinco años después, cuando Madrid incrementó sus presiones para recuperar la capitalidad. Tanto, que juntaron 250.000 maravedíes para convencer a la corona. Mucho de ese dinero acabó, curiosamente, en los bolsillos del duque. Finalmente, en 1606, solo cinco años después, la corte anunció que volvía a Madrid.

Y el mismo proceso otra vez. Comerciantes, nobles y financieros regresaron a Madrid. Francisco de Sandoval contaba con numerosas viviendas para ofrecerles. A algunos incluso les vendió sus mismos pisos, pero por más dinero. Volvió a disparar sus beneficios. Según diversos historiadores, con este doble pelotazo urbanístico invirtió 80.000 maravedíes y los convirtió en más de 55 millones, equivalentes a unos 10.000 millones de euros de hoy en día.

Enemigos, refugio eclesiástico y una fortuna que aún se recuerda

Esta forma de operar le hizo tremendamente rico, pero también le ganó numerosos enemigos. La polémica le acompañó hasta el final de sus días. En 1618, apartado del poder, tuvo que refugiarse en el mundo eclesiástico para protegerse ante posibles procesos judiciales. Falleció en 1625, dejando tras de sí una fortuna extraordinaria y una trayectoria marcada por las sospechas de corrupción y el uso del poder en beneficio propio.

Su nombre sigue asociado hoy a uno de los episodios más llamativos de la historia económica española. Una operación inmobiliaria en la que política, información privilegiada y patrimonio se entrelazaron hasta hacer difícil distinguir dónde terminaba el servicio al rey y dónde empezaba el interés personal. Una historia que ha pasado a la memoria colectiva como el primer gran pelotazo inmobiliario de la historia de España.

Datos clave
  • En 1600 el duque de Lerma compró el Palacio de Francisco de los Cobos en Valladolid por un precio ajustadísimo y meses después lo vendió a Felipe III por el doble.
  • La corte se trasladó de Madrid a Valladolid en 1601 y regresó a Madrid en 1606, cinco años después.
  • Madrid pasó de 20.000 habitantes en 1561 a casi 100.000 en cuarenta años tras fijarse allí la corte.
  • Según diversos historiadores, el duque invirtió 80.000 maravedíes y los convirtió en más de 55 millones, unos 10.000 millones de euros actuales.
  • Madrid reunió 250.000 maravedíes para presionar por la recuperación de la capitalidad, y parte de ese dinero acabó en manos del duque.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

david53

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En el año 1600, el duque de Lerma compró un palacio en Valladolid. Una operación que en aquel momento podía tener poca importancia, pero que ganó relevancia unos meses después, cuando el rey Felipe III anunciaba que trasladaba la capital del país de Madrid a la ciudad vallisoletana. El problema es que el duque no era un ciudadano más, era el principal consejero del monarca, y con su decisión había hecho un extraordinario negocio. Se convirtió en el primer gran bowling urbanístico en la historia de la nación.

Fue Felipe II el que decidió establecer la corte de forma permanente en Madrid, en 1561. No se puede hablar propiamente capital, en el sentido jurídico moderno, pero fijar una residencia para el rey suponía un enorme impulso económico para la región. En aquel momento, solo el aparato cortesano suponía unas 3.000 personas, que pueden elevarse hasta 20.000 si tenemos en cuenta a familiares y criados. En una ciudad, aquella Madrid, que por entonces tenía unos 20.000 habitantes. Una auténtica revolución social, pero también económica.


Es muy complicado definir con precisión cuánto dinero podía moverse con ese cambio de sede monárquica, pero afectaba a los propietarios de viviendas, a los trabajadores, a los comerciantes, a los funcionarios, a los artesanos, a los financieros… El impulso fue tal que en tan solo 40 años pasó de 20.000 habitantes a casi 100.00

La elección de Madrid por parte del padre de Felipe III fue una decisión consensuada y tomada tras muchísimas presiones. Hasta entonces, el monarca ejercía una capitalidad itinerante, residiendo y gobernando unas veces desde Valladolid, otras desde Córdoba, El Guanol, donde después fallecería, o Toledo, siguiendo la tradición de su progenitor, Carlos V. Pero el imperio español se había convertido en demasiado grande y complejo como para gestionarlo de forma itinerante.


Madrid contaba con muchas ventajas respecto al resto de ciudades. Por un lado, geográficamente, estaba casi en el centro de la península, facilitando las conexiones y comunicaciones con todo el territorio. Contaba con gran cantidad de recursos naturales, además de abundante agua subterránea, enormes bosques para ir de caza y un clima más saludable. Ya contaba con una gran fortaleza defensiva, el Real Alcázar, que podía albergar el palacio real. Pero, sobre todo, Madrid ofrecía independencia: ni estaba el poder eclesiástico, como pasaba en Toledo; ni tenía una burguesía tan influyente como la de Valladolid. Madrid era prácticamente una página en blanco en la que establecer una corte a su medida.


El efecto económico de la decisión es inmediato. El dinero pasó de moverse por el territorio siguiendo al rey, a concentrarse en una sola ciudad. Gran parte de la actividad política, administrativa y económica se congregó en Madrid.

El duque de Lerma​


Este es el escenario en el que medra Francisco de Sandoval y Rojas, más conocido como el Duque de Lerma. Nació a mediados del siglo XVI en el seno de una familia de nobles pero sin riqueza. Aún así, y con el apoyo de su tío abuelo, el arzobispo de Sevilla, se introduce en la compleja corte de Felipe II. Con su amabilidad y su buena conversación, llama la atención de un joven de la corte: el príncipe heredero. Se hicieron inseparables, tanto que cuando Felipe III se convierte en rey, en 1598, con tan solo 20 años, lo convierte en su consejero de confianza, y le nombra duque de Lerma, cargo con el que pasaría a la posteridad.

(imagen visible para usuarios registrados)Retrato ecuestre del duque de Lerma.

No era solo el poder que le había dado el rey, sino también el que acumuló a su alrededor rápidamente poniendo a gente de su confianza en los puestos de responsabilidad de la Corte. Se aprovechó además de que el joven rey era terriblemente vago, dicho por su propio padre, inmaduro y absolutamente desinteresado por los asuntos del Gobierno. Una circunstancia que aprovechó el Duque de Lerma para actuar casi como el auténtico rey, o al menos tomando decisiones como si lo fuese. Su firma tenía el mismo valor que la del monarca. Ha habido pocos políticos en la historia de España, quizá ninguno, con tanto poder. Y ha habido pocos políticos con tanto interés por el dinero.


No había negocio en la corte que no pasase por las manos del Duque o su entramado de gente de confianza. Y si por el camino se podía coger alguna comisión… se cogía. El soborno se convirtió en moneda de curso legal en palacio. Y Madrid se convirtió en una auténtica red clientelar.


Cambio de capital​


Pero la ambición de Francisco de Sandoval no tenía límites. Necesitaba pensar más a lo grande para incrementar su riqueza. Y tan pronto como en 1599 empieza a urdir su gran plan, con dos vertientes. Por un lado, empieza a tratar de convencer al rey de que debería dejar Madrid. Que era incómoda, que era demasiado grande, que estaba sucia, que el palacio estaba anticuado, que las enfermedades… y, sobre todo, que ya conocía todas las zonas de caza y eso era aburrido. Al mismo tiempo, le contaba las bondades de Valladolid, con menos habitantes, más alejada de las enfermedades, con palacios recién reformados y cotos de caza maravillosos.


Y mientras iba sembrando estas ideas en la cabeza del rey, que estaban escandalizando a toda la ciudad, junto con su socio y subordinado Pere Franquesa, fue haciéndose con propiedades en Valladolid. Casas, terrenos, palacios… en poco tiempo se hicieron con un auténtico imperio inmobiliario en la capital del Pisuerga. Una de las últimas adquisiciones, pero quizá la más destacada, fue el Palacio de Francisco de los Cobos, adquirido a finales del 1600, por un precio ajustadísimo.


Cuando tan solo unos meses después el rey anunció el traslado de la Corte a Valladolid, el valor de las posesiones del Duque de Lerma se disparó. Las miles de personas que se trasladaban, incluyendo a pudientes como los nobles, los comerciantes o los financieros, necesitaban un lugar en el que vivir, y ahí estaba el Duque dispuesto a ofrecerles alguna de las viviendas que tenía en su catálogo. Aunque la mejor operación fue la del Palacio de Francisco de los Cobos, que le vendió al propio Felipe III por el doble de lo que había pagado por él meses antes. Lo convirtió en el Palacio Real durante su estancia en Valladolid.


(imagen visible para usuarios registrados)Uno de los que se trasladó a Valladolid siguiendo la corte real fue Miguel de Cervantes, y allí terminó de preparar El Quijote.

¿Y qué hizo Sandoval con el dinero logrado? Comprar posesiones en Madrid, donde los precios se habían segarro por el traslado de la Corte real. Cuentan los historiadores que se hizo con numerosos inmuebles entre Atocha y Neptuno. Estas operaciones ganaron especial relevancia tan solo 5 años después, cuando Madrid incrementó sus presiones para recuperar la capitalidad. Tanto, que juntaron 250.000 maravedíes para convencer a la corona. Mucho de ese dinero acabó, curiosamente, en los bolsillos del Duque de Lerma. Finalmente, en 1606, tan solo 5 años después, la Corte anunciaba que volvía a Madrid.


Y el mismo proceso. Comerciantes, nobles y financieros regresan a Madrid, y Francisco de Sandoval contaba con numerosas viviendas para ofrecerles. A algunos incluso les vendió sus mismos pisos… pero por más dinero. Volvió a disparar sus beneficios. Según diversos historiadores, con este doble bowling urbanístico invirtió 80.000 maravedíes y los convirtió en más de 55 millones, equivalentes a unos 10.000 millones de euros de hoy en día.


Sombras de corrupción​


Esta forma de operar, aunque le hizo tremendamente rico, le hizo ganar al Duque de Lerma numerosos enemigos. La polémica le acompañó hasta el final de sus día. Y en 1618, apartado del poder, tuvo que refugiarse en el mundo eclesiástico para protegerse ante posibles procesos judiciales. Falleció en 1625, dejando tras de sí una fortuna extraordinaria y una trayectoria marcada por las sospechas de corrupción y el uso del poder en beneficio propio.


Su nombre sigue asociado hoy a uno de los episodios más llamativos de la historia económica española: una operación inmobiliaria en el que política, información privilegiada y patrimonio se entrelazaron, hasta hacer difícil distinguir dónde terminaba el servicio al rey y dónde empezaba el interés personal. Una historia que ha pasado a la memoria colectiva como el primer gran bowling inmobiliario de la historia de España.
 
En el año 1600, el duque de Lerma compró un palacio en Valladolid. Una operación que en aquel momento podía tener poca importancia, pero que ganó relevancia unos meses después, cuando el rey Felipe III anunciaba que trasladaba la capital del país de Madrid a la ciudad vallisoletana. El problema es que el duque no era un ciudadano más, era el principal consejero del monarca, y con su decisión había hecho un extraordinario negocio. Se convirtió en el primer gran bowling urbanístico en la historia de la nación.

Fue Felipe II el que decidió establecer la corte de forma permanente en Madrid, en 1561. No se puede hablar propiamente capital, en el sentido jurídico moderno, pero fijar una residencia para el rey suponía un enorme impulso económico para la región. En aquel momento, solo el aparato cortesano suponía unas 3.000 personas, que pueden elevarse hasta 20.000 si tenemos en cuenta a familiares y criados. En una ciudad, aquella Madrid, que por entonces tenía unos 20.000 habitantes. Una auténtica revolución social, pero también económica.


Es muy complicado definir con precisión cuánto dinero podía moverse con ese cambio de sede monárquica, pero afectaba a los propietarios de viviendas, a los trabajadores, a los comerciantes, a los funcionarios, a los artesanos, a los financieros… El impulso fue tal que en tan solo 40 años pasó de 20.000 habitantes a casi 100.00

La elección de Madrid por parte del padre de Felipe III fue una decisión consensuada y tomada tras muchísimas presiones. Hasta entonces, el monarca ejercía una capitalidad itinerante, residiendo y gobernando unas veces desde Valladolid, otras desde Córdoba, El Guanol, donde después fallecería, o Toledo, siguiendo la tradición de su progenitor, Carlos V. Pero el imperio español se había convertido en demasiado grande y complejo como para gestionarlo de forma itinerante.


Madrid contaba con muchas ventajas respecto al resto de ciudades. Por un lado, geográficamente, estaba casi en el centro de la península, facilitando las conexiones y comunicaciones con todo el territorio. Contaba con gran cantidad de recursos naturales, además de abundante agua subterránea, enormes bosques para ir de caza y un clima más saludable. Ya contaba con una gran fortaleza defensiva, el Real Alcázar, que podía albergar el palacio real. Pero, sobre todo, Madrid ofrecía independencia: ni estaba el poder eclesiástico, como pasaba en Toledo; ni tenía una burguesía tan influyente como la de Valladolid. Madrid era prácticamente una página en blanco en la que establecer una corte a su medida.


El efecto económico de la decisión es inmediato. El dinero pasó de moverse por el territorio siguiendo al rey, a concentrarse en una sola ciudad. Gran parte de la actividad política, administrativa y económica se congregó en Madrid.

El duque de Lerma​


Este es el escenario en el que medra Francisco de Sandoval y Rojas, más conocido como el Duque de Lerma. Nació a mediados del siglo XVI en el seno de una familia de nobles pero sin riqueza. Aún así, y con el apoyo de su tío abuelo, el arzobispo de Sevilla, se introduce en la compleja corte de Felipe II. Con su amabilidad y su buena conversación, llama la atención de un joven de la corte: el príncipe heredero. Se hicieron inseparables, tanto que cuando Felipe III se convierte en rey, en 1598, con tan solo 20 años, lo convierte en su consejero de confianza, y le nombra duque de Lerma, cargo con el que pasaría a la posteridad.

(imagen visible para usuarios registrados)Retrato ecuestre del duque de Lerma.

No era solo el poder que le había dado el rey, sino también el que acumuló a su alrededor rápidamente poniendo a gente de su confianza en los puestos de responsabilidad de la Corte. Se aprovechó además de que el joven rey era terriblemente vago, dicho por su propio padre, inmaduro y absolutamente desinteresado por los asuntos del Gobierno. Una circunstancia que aprovechó el Duque de Lerma para actuar casi como el auténtico rey, o al menos tomando decisiones como si lo fuese. Su firma tenía el mismo valor que la del monarca. Ha habido pocos políticos en la historia de España, quizá ninguno, con tanto poder. Y ha habido pocos políticos con tanto interés por el dinero.


No había negocio en la corte que no pasase por las manos del Duque o su entramado de gente de confianza. Y si por el camino se podía coger alguna comisión… se cogía. El soborno se convirtió en moneda de curso legal en palacio. Y Madrid se convirtió en una auténtica red clientelar.


Cambio de capital​


Pero la ambición de Francisco de Sandoval no tenía límites. Necesitaba pensar más a lo grande para incrementar su riqueza. Y tan pronto como en 1599 empieza a urdir su gran plan, con dos vertientes. Por un lado, empieza a tratar de convencer al rey de que debería dejar Madrid. Que era incómoda, que era demasiado grande, que estaba sucia, que el palacio estaba anticuado, que las enfermedades… y, sobre todo, que ya conocía todas las zonas de caza y eso era aburrido. Al mismo tiempo, le contaba las bondades de Valladolid, con menos habitantes, más alejada de las enfermedades, con palacios recién reformados y cotos de caza maravillosos.


Y mientras iba sembrando estas ideas en la cabeza del rey, que estaban escandalizando a toda la ciudad, junto con su socio y subordinado Pere Franquesa, fue haciéndose con propiedades en Valladolid. Casas, terrenos, palacios… en poco tiempo se hicieron con un auténtico imperio inmobiliario en la capital del Pisuerga. Una de las últimas adquisiciones, pero quizá la más destacada, fue el Palacio de Francisco de los Cobos, adquirido a finales del 1600, por un precio ajustadísimo.


Cuando tan solo unos meses después el rey anunció el traslado de la Corte a Valladolid, el valor de las posesiones del Duque de Lerma se disparó. Las miles de personas que se trasladaban, incluyendo a pudientes como los nobles, los comerciantes o los financieros, necesitaban un lugar en el que vivir, y ahí estaba el Duque dispuesto a ofrecerles alguna de las viviendas que tenía en su catálogo. Aunque la mejor operación fue la del Palacio de Francisco de los Cobos, que le vendió al propio Felipe III por el doble de lo que había pagado por él meses antes. Lo convirtió en el Palacio Real durante su estancia en Valladolid.


(imagen visible para usuarios registrados)Uno de los que se trasladó a Valladolid siguiendo la corte real fue Miguel de Cervantes, y allí terminó de preparar El Quijote.

¿Y qué hizo Sandoval con el dinero logrado? Comprar posesiones en Madrid, donde los precios se habían segarro por el traslado de la Corte real. Cuentan los historiadores que se hizo con numerosos inmuebles entre Atocha y Neptuno. Estas operaciones ganaron especial relevancia tan solo 5 años después, cuando Madrid incrementó sus presiones para recuperar la capitalidad. Tanto, que juntaron 250.000 maravedíes para convencer a la corona. Mucho de ese dinero acabó, curiosamente, en los bolsillos del Duque de Lerma. Finalmente, en 1606, tan solo 5 años después, la Corte anunciaba que volvía a Madrid.


Y el mismo proceso. Comerciantes, nobles y financieros regresan a Madrid, y Francisco de Sandoval contaba con numerosas viviendas para ofrecerles. A algunos incluso les vendió sus mismos pisos… pero por más dinero. Volvió a disparar sus beneficios. Según diversos historiadores, con este doble bowling urbanístico invirtió 80.000 maravedíes y los convirtió en más de 55 millones, equivalentes a unos 10.000 millones de euros de hoy en día.


Sombras de corrupción​


Esta forma de operar, aunque le hizo tremendamente rico, le hizo ganar al Duque de Lerma numerosos enemigos. La polémica le acompañó hasta el final de sus día. Y en 1618, apartado del poder, tuvo que refugiarse en el mundo eclesiástico para protegerse ante posibles procesos judiciales. Falleció en 1625, dejando tras de sí una fortuna extraordinaria y una trayectoria marcada por las sospechas de corrupción y el uso del poder en beneficio propio.


Su nombre sigue asociado hoy a uno de los episodios más llamativos de la historia económica española: una operación inmobiliaria en el que política, información privilegiada y patrimonio se entrelazaron, hasta hacer difícil distinguir dónde terminaba el servicio al rey y dónde empezaba el interés personal. Una historia que ha pasado a la memoria colectiva como el primer gran bowling inmobiliario de la historia de España.

Siglos después el prototipo de españolisto no ha cambiado, a intentar vivir a costa del otro con el mínimo esfuerzo.
 

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