El primer gran pelotazo: el duque de Lerma y la corte de Valladolid
El 10 de enero de 1601, la Corte de Felipe III se trasladó de Madrid a Valladolid por consejo del duque de Lerma. Lo que se vendió como una decisión estratégica resultó ser el mayor pelotazo inmobiliario del Siglo de Oro: Lerma había comprado terrenos en Valladolid antes del anuncio, amasando una fortuna que, ajustada a hoy, rondaría los 5,5 millones de euros. La operación le permitió vivir 30 años en la cúspide, hasta que la presión social lo obligó a retirarse a un monasterio. La pregunta incómoda: ¿cómo un país que no perdió una batalla en 150 años y amasó riquezas indias terminó en la miseria?
La génesis de la corrupción sistémica
El episodio no es una anécdota, sino un patrón. La administración caótica y la corrupción generalizada ya eran endémicas en el siglo XVII. La venta de cargos, la oligarquización de las instituciones y la especulación inmobiliaria formaban parte del paisaje. Un análisis recurrente señala que la jerarquía invertida (los más corruptos en la cúpula) bloqueaba el ascenso del talento, condenando al imperio a la decadencia. Mientras los anglosajones acumulaban capital con cierta meritocracia, España dilapidaba sus recursos en redes clientelares.
Del duque de Lerma al 3%: ¿algo ha cambiado?
La comparación con el presente es inevitable. El caso del 3% en Cataluña o los escándalos recientes del PP y PSOE muestran que, aunque las formas cambian, la esencia permanece. Sin embargo, no todo es igual: hoy la ley alcanza a más rincones, pero la impunidad sigue siendo alta. El duque de Lerma al menos tuvo que exiliarse y su lugarteniente fue ahorcado; ahora, tras 30 años de corruptelas, los implicados suelen eludir la cárcel. La evolución no es precisamente hacia la virtud.
El eterno debate: ¿país sin remedio?
Hay dos corrientes. Una sostiene que la corrupción es inherente al carácter español, un lastre cultural imposible de extirpar. La otra señala que es un fenómeno universal, y que el problema no es la corrupción en sí, sino la falta de mecanismos de control y rendición de cuentas. Los datos históricos muestran que, desde Roma hasta hoy, la especulación y el abuso de poder han estado presentes en todas las sociedades. La diferencia está en cómo se castigan.
Las cifras no mienten: 55 millones de maravedís (unos 5,5 millones de euros actuales) fue el beneficio estimado de Lerma. Tres décadas de poder antes de caer en desgracia. Mientras tanto, Valencia perdió un tercio de su población por la expulsión de los moriscos, otra decisión del mismo valido. La pregunta sigue abierta: ¿qué hace que una sociedad tolere que sus élites se enriquezcan a costa de la ruina colectiva? Quizá la respuesta no esté en el ADN, sino en las reglas del juego.
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