El hilo salta de la UIP a los 500 metros de Vito Quiles
El tramo arranca discutiendo una palabra. Un participante corrige a otro: en el texto no pone «grandes personalidades», pone ALTAS. Dos mensajes después ya nadie habla de eso. El hilo se ha ido a la orden que aparta a Vito Quiles
500 metros del domicilio de Sarah Santaolalla, y de ahí al 1-O de 2017 y a los drones de guerra. La UIP, que era el eje, se queda sin hilo.
Qué se ha sabido
El dato duro entra con una resolución. Un participante la pega: la orden prohíbe a Vito Quiles acercarse a menos de
500 metros del domicilio de Sarah Santaolalla. Otro matiza el alcance —la prohibición es sobre la casa, no sobre cualquier sitio donde coincidan— y añade que el afectado ha recurrido. Su pronóstico: «tiene pinta de que se va a quedar como esta». Y avisa de que, si se salta la distancia, «se seguira enfangando mas y mas». Su conclusión, repetida dos veces: «hay que leer las resoluciones».
En el mismo paquete entra un tuit de Óscar Puente sobre quién financia al acosador, y otro con una vecina encarándose con quienes fueron a montar el numerito a la puerta de la casa.
El segundo material del tramo es un enlace:
la entrevista de VilaWeb a Marta Torrecillas. Un participante lo suelta para recordar que Torrecillas sostuvo que los antidisturbios le rompieron los dedos uno a uno durante el 1-O de 2017, y pone en duda la mecánica: «Como si no tuviesen nada mejor que hacer de romperle los dedos uno a uno con guantes gruesos». Otro, desde Cataluña, cambia de tercio y suelta que allí «tenemos récord de deshaucios de abuelas».
Y un tercero aporta lo suyo al capítulo de a quién se le pide cuentas: si el candidato pide eliminar a la policía, que se lo diga a Marlaska, que es su jefe; y si han desahuciado a alguien, a Bolaños, que es el jefe de la justicia.
Dónde está la bronca
La exigencia de pruebas vuelve, pero ya no por el llanto. Un participante acepta el marco —«Si Pablo ha sido apaleado»— y añade la condición: «que lo muestre mediante el oportuno parte de lesiones e interponga la denuncia correspondiente en el Juzgado de guardia». Cuenta que él lo hizo cuando un agente le golpeó sin causa. Y arremete contra el sindicato policial, al que acusa de defender los excesos. Su postura no es disolver el cuerpo: sostiene que
a algunos agentes hay que sacarlos de ahí.
El bloque de la táctica se lo queda otro forero. Viene de la estructura de mando que se discutía antes y saca la conclusión contraria: si la fuerza que ataca liquida al jefe, el grupo se deshace. Dice que por eso los persas reparten el mando en mosaico. Y explica por qué no va a manifestaciones: «las manifas carecen de carácter militar, no son milicias». De ahí salta a la guerra actual: un dron con carga, unas gafas y una consola. «Ahora, cualquier grupo insurgente, se calza las gafas, agarra la consola y por ellos».
Frente a eso, la defensa de la unidad se apoya en el perfil. Un participante zanja que no se les puede exigir mucho: «Son policías, no ingenieros». Le responden que en la Policía hay agentes con cualquier titulación y en todas las escalas, y que esos perfiles acaban en los TEDAX.
La orden de los 500 metros también admite dos lecturas. Para unos es un zasca en toda regla. Para otros, el texto dice menos de lo que se le atribuye. Y en medio, quien sostiene que la policía y quien protesta son enemigos y que a una manifestación hay que ir con casco y visera, igual que ellos. Un participante, en paralelo, dibuja un escenario de eliminación mutua de los dos bandos. Nadie lo discute.
Qué cambia respecto a antes
El organigrama de la UIP desaparece del hilo. Nadie vuelve a discutir quién manda en un grupo de
50 agentes ni si el agente puede desobedecer. Lo que entra es la orden judicial sobre Vito Quiles, el enlace de VilaWeb y el 1-O de 2017 como espejo del caso de Madrid. El desahucio pasa a ser la excusa: ahora se habla de Cataluña, de Marlaska, de Bolaños y de drones. La corrección «ALTAS, no grandes» es la única rectificación del tramo, y sirve para dejar claro quién lee el texto y quién lo repite de oídas.
Lo que se comenta del candidato
Sobre el kiosquero quedan pocas frases nuevas. Una resume el conjunto con ironía: «Convertirse en candidato rojo a elecciones en Madrid tendrá que ser declarada profesión de riesgo». Otra sentencia que el candidato no quiere volver a lo que hacía antes. Y una tercera se queda en la gestión del disgusto: al agente que aparece en el vídeo, dice, le costó aguantarse la risa. Nadie aporta encuesta ni parte médico. Son impresiones, y así se quedan.